- Si esto pega, yo me retiro - le decían estos personajes atrincherados detrás de un escritorio.
No eran buenos tiempos para tocar rock and roll. Quizás, nunca lo fueron, en una escena musical siempre más inclinada hacia la "escuela beatle".
"Cuando nosotros empezamos" recordaría el protagonista de la historia, "si querías tocar rock and roll, te rompían el culo..."
Fuera así,
o no tan así como le indigna al susodicho, los Paranoicos tuvieron
que remontar una corriente adversa para encuadrarse en el "movimiento de
música contemporánea". Hasta que tanta insistencia tuvo su
premio en la grabación de su primer vinilo, con el nombre del grupo,
en 1986. Umbral, que también contaba entre sus artistas con
otras propuestas alternativas al rock "oficial", como los Violadores
y V8, le puso el sello.
Gustavo Gauvry,
desde ahí su ingeniero de sonido, sus cualidades de productor, condición
compartida con los miembros de la banda. Los estudios Del Cielito
fueron la "cueva" del parto...
Si bien no escapa a los defectos que suelen malograr algunos intentos, puede catalogarse a "Los Ratones Paranoicos" como un buen "primer disco", que incluye aquellos hits, "Bailando conmigo" y "Sucia estrella". Pese a la escasa difusión brindada por los medios, y la atención limitada de su propio sello - que apostaba fuerte a los Violadores - el disco reivindicó para el rock and roll, el espacio que le pertenecía por derecho. Hoy, cuando existe una revalorización de las raíces, los Paranoicos pueden decir que lo hicieron antes, y como lo demostrarían en seguida, mejor.
Un acontecimiento semejante merecía una presentación acorde. La coqueta sala del Teatro Santa María del Buen Ayre sirvió de marco a la ceremonia, donde no faltó el oblicado tributo a los Rolling, en una esmerada, respetuosa y caliente versión de "Satisfaction", el tema que a un cuarto de sigli de compuesto, todavía permanece en el repertorio de sus creadores.
Después de la edición del primer disco y su consecuente presentación "en sociedad", los Paranoicos se largaron a una verdadera maratón de shows donde el vocalista sorprendía con la "costumbre" de arrojarse al público. La versión, corrida de boca en boca, fue incrementando el número de seguidores, que entraba por la oportunidad de escuchar en vivo a los émulos de los Rolling y terminaba descubriendo que ese "grupo que lo imita" tenía sua propia identidad y una influencia asumida. Y como si la música fuera poco motivo, estaba ese "regalito extra" que el "tío igualito a Jagger" les hacía en lo mejor de la noche.
La vinculación con Umbral no pasó del primer disco. Los Paranoicos no se bancaban ser el "segundo grupo" del sello independiente, y parafraseando a Jagger-Richards, puede decirse que "el tiempo estuvo de su lado". Por eso, se mudaron a Del Cielito, que no sólo se hizo cargo de sus siguientes trabajos, sino que relanzó su producto début.
"Los chicos quieren rock", "Furtivos", "Tómalo o déjalo"... Por no hablar de "Fieras lunáticas", que es una historia aparte, desmentiriían, cada cual a su tiempo, las sentencias del productor de turno, que créase o no, sigue en su puesto...