Para el grupo fue un "momento especial", sólo
comparable a la producción conjunto con Andrew Oldham, cuatro años más tarde.
Con ese aval de vinilo, a los Ratones les faltaba una presentación masiva que
los descubriera al gran público y terminara por instalarlos en la primera línea
del rock nacional. La oportunidad llegó con el festejo de los "1000 días de
democracia", un mega-concierto organizado en la avenida 9 de Julio, que contó
con las actuaciones consagradas - Charly García, Fito Páez - y
hasta invitados internacionales - los brazucas de Paralamas do Sucesso -. En ese
contexto, Juanse y Cía., no desentonaron para nada. Su presencia en ese
gigantesco escenario era el certificado de madurez para la propuesta
rockanrrollera que representaban y a la vez, la bienvenida, aún a regañadientes,
a una nueva camada de grupos intérpretes desprejuiciados en deschavar las más
remotas y visibles influencias (Los Auténticos Decadentes, Attaque 77). Los
Ratones Paranoicos eran los primeros en "llegar", sin renunciar a su premisa
básica: tocar rock and roll.
Las encuestas en revistas especializadas y suplementos juveniles acusaron el impacto. Los Paranoicos ya estaban en el candelero, llamando la atención de músicos grossos que no vacilaron en calificarlos como "la revelación del año".