Para el rocker, crecido escuchando los discos de los Stones producidos por ese señor que había puesto su puño y letra en las hojas pentagramamdas, fue una revelación. Cuando, por fin pudo reaccionar, acibilló a preguntas a Breuer sobre su relación con la celebridad. Cachorro López (ex Abuelos de la Nada) y él, lo habían conocido en un viaje a Bogotá, su hogar de residencia desde hacía varios años. Juanse le hizo prometer "solemnemente" que le acercaría material de la banda en cuanto tuviera oportunidad. Andrew Oldham, nada menos. Se le ponía la piel de gallina de solo pensarlo.
- En serio, Mario. ¿Te vas a acordar?
Mario no se acordó o no viajó nuevamente a Colombia. Pero ahí estaba Cachorro López, la otra llave de la misma puerta, a quien volvió a encontrar, en un restaurante.
- No me muevo de acá hasta que no llamés a Oldham - amenazó el paranoico en aquella ocasión. Y como la cosa iba en serio, López se dió por vencido. Hizo los contactos pertinentes y poco tiempo más tarde, el grupo envió casetes e info a su domicilio tropical. El quía pidió más, sobre todo material de prensa. Estaba convencido que se podía hacer algo bueno con la banda que idolatraba a los mismos músicos con los que él había trabajado quince años atrás. Sin contar a los Beatles - muy brevemente - Rod Stewart, Eric Clapton, John Mayall, Fleetwood Mac, Humble Pie, Small Faces...
Bajado a Baires con toda intención
de producir las nuevas canciones de los Ratones, Andrew se recluyó
con ellos en los estudios Del Cielito y puso manos a la obra.
Una escuchada directa del material le
permitió clarificar ideas y justificar el interés inicial.
"Esto va a ser un hit. Va a vender muchos discos." Apuntó acerca de uno de los estrenos. Juanse apenas lo podía creer. Los demás, ni eso.
Durante todo el mes de Agosto, trabajaron
en Del Cielito. Después, Juanse y el "tío" volaron a Nueva
York a mezclar y cortar. De esos y aquellos días, hay anéctodas
impagables.