Ciudad de cristal.

Paul Auster

 

Quinn es un escritor destrozado tras la muerte de su mujer y su hijo en un accidente de coche. Desesperado por tan brutal pérdida, Quinn se abandona a la bebida y a la desidia en un apartamento alquilado de los barrios bajos de N.Y. Allí subsiste, no sólo económicamente, gracias a relatos policiacos que escribe y en los que despliega una gran imaginación, sumergiéndose en un mundo irreal que pone tierra de por medio al sufrimiento de su situación real; así se gana el alquiler y el alcohol a la vez que sortea el dolor ocasionado por la muerte de su familia. En esta situación autodestructiva y decadente se encuentra el protagonista hasta que una noche recibe una llamada por error. Esa llamada equívoca trastoca profundamente la vida de Quinn, ya que decide asumir la identidad del verdadero destinatario de la llamada: Paul Auster. Así Quinn/Auster se mete en la piel de un detective privado tomando como base sus propios relatos baratos. Poco a poco se irá tejiendo en torno a él una trama entre lo policíaco y lo fantástico que le absorberá por completo.

 

 

 
Biblioteca de Booky

 

 

Francisco Javier Rodriguez Checa

Muy bueno
Puedes contactar con Francisco Javier Rodriguez Checa escribiendo a: miguelch@arrakis.es

cuestiones como cuál fue el lenguaje primigenio antes de la caída de la Torre de Babel, o cómo deben designarse los objetos que ya no cumplen la función para la que fueron creados -por ejemplo, un paraguas que ha perdido la tela ya no para el agua, ergo debe designarse de otra manera- se entrelazan en una complicada maraña que aúna lo real y lo irreal conformando un thriller inquietante rebosante de originalidad. Ciudad de cristal toma elementos característicos de la novela negra como son el personaje del detective privado escéptico y autodestructivo -el detective Quinn-, la misteriosa mujer fatal que acude a él -Virginia Stillman en la obra- o una trama enrevesada enmarcada en un inframundo al margen de la ley -los barrios bajos de N.Y.-, pero también recurre a la imaginación y a los conocimientos intelectuales del autor. Véase en este sentido cómo Quinn vigila durante días a un anciano que no hace más que pasear por las calles recogiendo basura cada día sin sentido aparente, hasta que Quinn descubre que cada recorrido de sus paseos conforma una letra de la frase Babel´s Tower. Destellos como éste reflejan la imaginación tremendamente original de Paul Auster. En el sentido intelectual, Auster plantea ciertas cuestiones: ¿cuál era el lenguaje de la Humanidad antes de su disgregación? y ¿cómo podemos llegar a conocerlo? En la obra Quinn apunta a la posibilidad de averiguar cual era el idioma primigenio encerrando a un niño en una habitación durante años sin permitirle ningún contacto con el exterior, dejando así que la Naturaleza siga su curso sin condicionamientos externos -en la última parte de la trilogía, La habitación cerrada, el propio Quinn es sometido a esta experiencia-. La forma de expresión que desarrollara el sujeto en cuestión sería, por lógica, el lenguaje con que Dios dotó al hombre en un primer momento. Esta cuestión puramente intelectual y teórica es la base de la Trilogía de Nueva York y, de hecho, continuará en los dos libros siguientes a Ciudad de cristal. Para desarrollarla, Auster acude a menudo a referencias literarias reales, tanto es así que en esta obra nos encontramos con referentes tan importantes como Locke, Rousseau, Tomás Moro, Jerónimo de Mendieta, muy especialmente John Milton, la Biblia, e incluso un pequeño ensayo acerca de la veracidad de El Quijote de Cervantes -Auster defiende que los hechos narrados en El Quijote pudieron bien ser verdad, ya que hubo tres testigos de las andanzas del insigne hidalgo: Sancho Panza, el barbero y el cura, sosteniendo además que entre los tres recopilaron las aventuras del Caballero de la Triste Figura y se las transmitieron a Simón Carrasco, bachiller de Salamanca, el cual escribió el relato en árabe que, finalmente, llegó a Don Miguel de Cervantes Saavedra-. Por tanto, encontramos que esta obra posee el formato de una novela negra, la imaginación de un cuento fantástico y el fondo de un ensayo intelectualista. Respecto a la narrativa de Auster hay que señalar que tiende a situar a sus personajes en situaciones críticas, tanto anímica como físicamente. Así sucede con Quinn en Ciudad de cristal, con el personaje principal de El palacio de la Luna, con Anna Blume en El país de las últimas cosas, etc. Igualmente esta obra coincide con otra característica de Auster: se desarrolla en el opresivo ambiente de una gran ciudad, ambiente descrito con gran precisión gracias a pequeños y continuos esbozos, véase un ejemplo de estas descripciones urbanitas: «Nueva York era un espacio inagotable, un laberinto de interminables pasos, y por muy lejos que fuera, por muy bien que llegase a conocer sus barrios y calles, siempre le dejaba la sensación de estar perdido. Perdido no sólo en la ciudad, sino también dentro de sí mismo». En definitiva, podemos aseverar que Auster se desmarca de cualquier clasificación convencional y supone una importante novedad en el estancado panorama literario de los noventa. Su propuesta narrativa compatibiliza el entretenimiento de la novela de aventuras con los reflexivos razonamientos del ensayo de forma absolutamente novedosa; Ciudad de cristal es un perfecto exponente de todo ello. Y es que asomarse al mundo de Paul Auster es utilizar el mundo tangible para adentrarnos en lo fantástico e irreal de su prosa.  

Antonio

Muy bueno
Puedes contactar con Antonio escribiendo a: tetoteles@hotmail.com
3 Nov 1999

Lo leí atraido por los guiones de Smoke y Lulu on the bridge, películas que me encantaron por su calidad y, sobre todo, por la originalidad de las historias. Ciudad de cristal me resultó un libro tremendamente interesante y entretenido. Su trama engancha y la calidad narrativa e intelectual de la obra es magnífica. Una de las cosas que más me llaman la atención de Auster es la forma en la que juega con el azar, con las casualidades y las coincidencias, con los nombres propios y sobre todo, con la forma en que trata el comportamiento de los personajes ante las situaciones de desesperación y de prolongada ignorancia. Es una obra magnífica y que gana bastante en compañía de las otras dos obras que conforman la trilogía de Nueva York: Fantasmas y La habitación cerrada.

Alan Meller

Muy bueno
Santiago de chilePuedes contactar con Alan Meller escribiendo a: alanskov@yahoo.com
29 Nov 1999

Dentro de estas novelas se configura un nuevo tipo de personaje en la literatura, un personaje que responde a los principios postmodernos. La literatura de Paul Auster se centra mayoritariamente en las últimas décadas del siglo, en un país como Estados Unidos en el que ya se visualiza una nueva era en la historia capitalista de occidente. Los personajes de Auster ya no justifican sus vidas de acuerdo a grandes ideales, los colectivos utópicos desaparecen pero se mantiene en ellos la búsqueda de un sentido para la vida. Se pierde la creencia de que existe una salida para la vida en sociedad, se pierde la fe en los grandes simulacros históricos que sostienen occidente y se buscan nuevas creencias. El individuo ya no se puede explicar globalmente, no existe una normalidad ni algo que una a grandes masas. El hombre se siente individualizado, y sólo le queda la búsqueda interna por la individuación. Sus personajes buscan identificarse, pero no con teorías externas sino ! ! con una realidad interna. Sin embargo son conscientes de la fragilidad que posee la realidad misma. Deben buscar su propia realidad, deben encontrar un yo, pero el yo se ha fragmentado, desdoblado y por último (en sus personajes) se vuelve simulacro. Los personajes de Auster, por lo tanto, abandonan su propio yo y asumen uno ajeno, y a través de él pretenden configurar el sentido de la vida para luego intentar justificar su propio sentido. Los personajes pierden la capacidad de identificarse consigo mismo, pero adoptan una meta que los describe y justifica sus vidas. La ciudad misma en las novelas de Paul Auster se muestra como un espacio que invita a perderse en las orillas. Los centros de confluencia se disipan y sólo queda una órbita interna por donde los personajes deambulan. En la calle los personajes escriben sus propias vidas, sin leer las de los demás. La calle se transforma en una suma de vidas, y el total de esa suma no configura una unidad, sino la dispersión (la suma de sus partes no es mayor que el todo, pues el todo ya no existe). La ciudad (y Nueva York en específico) deja de ser el espacio real habitado por los personajes y se vuelve una manifestación interna de la conciencia de ellos, elaborado a través de la infinidad de estímulos que la habitan. Estos estímulos son los textos que el personaje (de)codifica de acuerdo a su propia manera o de acuerdo a la transposición que hace el personaje de su propio ser por el otro, por el personaje que observa. Hay que tomar en cuenta que la mayoría de los personajes (algunas, veces l! ! os narradores) asumen labores detectivescas aun sin ser detectives. Lo que termina transformando sus vidas en una copia de la vida del otro. Se vive la vida del otro porque la propia está vacía. El personaje que habita la ciudad (si aún se puede sostener que las ciudades son habitables) extravierte toda su subjetividad metonimizada en el otro, e introyecta la objetividad que lo rodea, asumiéndola como su propia subjetividad. En el mismo relato detectivesco se establece una crítica interna al género. Se lo observa con manifiesta duda. El detective (en La ciudad de cristal, por ejemplo) que en realidad era un escritor que asumía el rol de detective por una azarosa confusión, haciéndose pasar por el detective Paul Auster (escritor de la obra), no logra concluir nada con sus observaciones empíricas porque el objeto de estudio se le muestra inabordable finalmente, y lo que en un comienzo se plantea como una novela de detectives, donde el detective resuelve una problemática externa ! ! a él, se transforma en una crisis del individuo frente a la observación del lenguaje mismo. El mismo autor pierde el equilibrio y el control de la obra , utilizando la autorreferencialidad y el acto de escritura misma, proponiendo por último una total incertidumbre frente al mundo objetivo y una fracasada visión de la búsqueda interna del personaje. Otro aspecto que no puede marginarse al momento de hablar sobre estas novelas es el lenguaje. El lenguaje como un intento de significar una realidad vacía y el intento de reelaboración de una nueva forma de expresar, ya no la realidad, sino la apariencia que la envuelve y cubre ocultando su significado.

Ricardo Member

Muy bueno
La Plata-Buenos Aires- ArgentinaPuedes contactar con Ricardo Member escribiendo a: 43 Numero 397
6 Ene 2000

Un policial excelente, mezclado con fascinantes conclusiones acerca del lenguaje, la vida y la muerte. Auster introduce al lector en un mundo difícil de salir y lo acompaña a cada paso dando sorpresas en el momento justo. Una joya contemporánea.

Carlos Lucio Castro

Muy bueno
La Plata-Buenos Aires-ArgentinaPuedes contactar con Carlos Lucio Castro escribiendo a: Calle 44 número 512  1/2 Dto. B La Plata
11 Feb 2000

Quizá, cuando un ávido lector finaliza de leer la "La trilogía de Nueva York" tiene la impresión de que no ha leído tres historias sino una, cuando porque no muchas historias. "Ciudad de Cristal", "Fantasmas" y "La habitación cerrada",se pueden leer como una unidad. En todas ellas se perciben las mismas cuestiones y obseciones del autor: la figura del padre, los dobles, las referencias literarias, los personajes vagabundo. Si cerramos los ojos por momentos estamos nos encontraremos leyendo a clásicos como Whitman, Poe y hasta Cervantes. Paul Auster novela como los grandes, plasmando estas tres historias inquietantes sobre la imponente metrópolis americana.

 

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