Del Movimiento De Furiosos Ciclistas al Gallardo Chile
Corría 1851. Unos segundos antes de expirar, con los ojos en blanco y una perfecta pronunciación del español, el Barón Karl von Drais (Q.E.P.D.) dijo: "Viva el Movimiento de Furiosos Ciclistas!". En seguida, paró las chalas.
Silvicultor e ingeniero alemán, el noble invirtió su fortuna en hacer un aporte fundamental al desarrollo de la bicicleta. Dotó al celerífero del sistema de dirección, adminículo que libra a la bici de la perpetua línea recta y refuerza su faceta "anárquico-legal" (sic). Además, patentó el engendro.
Inspirados en las últimas palabras del Barón, así como en una abundante tradición oral, un grupo de habitantes del gallardo Chile decidió revivir el MFC, cuya primera y única máxima es existir disuelto. Por ende, la militancia activa y consecuente se logra pedaleando.
CICLISTA O BICICLETUDO?
Von Drais distinguió al ciclista del bicicletudo. Observó que el primero combina pedaleo con la participación en el Imperio Motorizado Sin Freno (IMOSFRE), secta popularísima, proclive al hedonismo pasivo y contaminante. Esta clase de individuo olvida que la cleta es un medio de transporte susceptible de utilizarse cotidianamente. De tal forma, a lo más cicletea los fines de semana. No entiende que, si prueba, puede irse pedaleando al trabajo, al lugar de estudios o adónde sea, incluso a la punta del cerro. Con ello obtendría sustanciales beneficios psicosomáticos, a excepción, tal vez, de una perjudicial sinusitis. También, el barón atribuyó al ciclista una tendencia a no reconocer sus errores, cuestión que, en opinión del noble, es consecuencia de una formación en extremo institucional o académica.
Bicicletudo,
en cambio, es quien "da bola a la bici". Según este especímen,
la cleta debe incluirse en la solución a los problemas de transporte
urbano. De ahí que la ocupa a diario en sus desplazamientos por la ciudad,
ya sea en términos exclusivos o complementándola con otros medios
de locomoción.
Por último, tiene plena conciencia de que puede meter la pata. es más,
la mete, la saca y, acto seguido, lo reconoce.
Entonces, se preguntarán por qué Von Drais creó el Movimiento de Furiosos Ciclistas. Simple: la causa bicicletuda internacional, sostenía el barón, no está equivocada. En segundo lugar, el hecho de llamarnos furiosos ciclistas, en vez de furiosos bicicletudos, implica un alto grado de tolerancia, sin que dejemos de llamarle al pan, pan, y al vino, vino.
MUNDO PERIACLETO Y TOPIA BICICLETUDA
Habitamos contextos periacletos. Y no hablamos sólo de Santiago. Obsérvense los crecientes problemas urbanos en Temuco, Concepción, Valparaíso, La Serena, entre otras. Son todas ciudades periacletas. Este adjetivo surge del verbo periclitar, de la partícula inseparable a -indicativo de negación-, y de las últimas dos sílabas del sustantivo bicicleta. Como es obvio, refiere aquella circunstancia que, por falta de bicis, está periclitando; o, volantín chupete, de a poco se va cortada.
Mírese la extensión del Imperio Motorizado Sin Freno. Deteriora áreas verdes, genera contaminación atmosférica, de aguas y suelos. En cuanto bien de consumo emblemático -y en exceso codiciado- quien lo favorece asigna mal los recursos económicos, pues el Imosfre vomita crecientes externalidades negativas. Frente a ello ¿qué hacer u omitir?
Von Drais recomendó levantar la topía bicicletuda. es decir, un contexto en que la bicicleta se integra al tejido urbano, y las endomorfinas inundan el cuerpo social. Para tal efecto, el barón propone no cercenar áreas verdes ni echar al suelo el patrimonio arquitectónico -al contrario de lo que sucede con el Imosfre-. Llama a reconquistar calles -bienes nacionales de uso público-, a montar en bici ya, exponiéndose directamente a la intemperie. Sin esa exposición cotidiana y pueril-imprescindible, se pierde apego a un medioambiente limpio y sustentable. No se dimensiona el impacto de los usos y costumbres, ni el infinito de causas y efectos a que cooperan nuestros actos. Total, la porquería está ahí fuera, tras la concha del auto, el encierro del bus o las paredes de la casa.
EL DESEMPEÑO BICICLETUDO
Muchas personas temen lanzarse a la calle en sus cletas. Aluden a peligros evidentes, como la presencia de nuestro archiadversario: el Imperio Motorizado Sin freno. Ese temor tiene justificación.
Sin embargo, ciertas tretas permiten a Pirico(a) de los Palotes atenuar los inconvenientes del bicicleteo en un mundo que privilegia al Imosfre. Son los requisitos mínimos para el ejercicio bicicletudo.
Por ejemplo, si pedalea con seguridad y maneja consciente del derecho a bicicletear. Si se da tiempo para conocer las mañas del tránsito citadino, y atiende al instinto de supervivencia... Si, en definitiva, es un verdadero bicicletudo(a), logrará un curioso efecto sobre los conductores de automóviles, buses, taxis, colectivos y camiones. Al percibirlo, dirán: "Vaya, un furioso ciclista! Es menester cuidarlo!"
Los casos de bicicletudos heridos o muertos por el Imperio Motorizado sin Freno obedecen, casi siempre, a la imprudencia de alguna de las partes involucradas. Y cuando hay imprudencia del que pedalea no estamos frente a un bicicletudo, sino ante un ciclista. Un ciclista que si, paradójicamente, es un buen bicicletudo, volverá a montar su bici tan pronto sea posible.
Ahondando en el asunto, es recomendable el uso de un caso para proteger el habitáculo neuronal, y un bombín que, de ser necesario, sirva como arma defensiva. Durante la noche, dado el incremento de choferes bebidos y/o cansados, ciclistas y bicicletudos corren mayores riesgos. De ahí que toda cleta deba llevar una luz roja en su parte trasera, y una blanca o amarilla en su parte delantera. también, son indispensables reflectantes en la parte anterior y posterior de los pedales.
Con la misma rigurosidad, es imprescindible chequear periódicamente -a lo menos cada quince días- el estado mecánico de la bici. Aquí destacan: condición del marco -¿está trizado o a punto de quebrarse?-; apriete de las tuercas, en especial las de ambas ruedas -en caso de los sistemas de bloqueo, también revísese-; piolas y pastillas de freno y situación de la horquilla, principalmente.
Son millones y millones los bicicletudos (y ciclistas) que no cumplen con estos requisitos mínimos de conducción, adminículos y mantenimiento. Ojalá reconsideren su actitud, disminuyendo las probabilidades de caer víctimas de su propia negligencia o del Imosfre, en su versión catalítica o tradicional.
BICICLETA Y AUTORIDAD
Lo que hemos insinuado:hacer de Chile y el mundo contextos bicicletudos implica pedalear aquí y ahora. Esperar a que se nos den condiciones especiales -ciclovías y afines- significa agarrar el toro por la cola -la necesidad hace al órgano-. De ese modo pensaba el Barón Karl von Drais (Q.E.P.D.). Por ende, así opina el Movimiento de Furiosos Ciclistas.
Sin embargo, las autoridades de todos los colores políticos deben comprender la importancia de la bicicleta en cuanto eficaz mecanismo para ir de aquí a acullá, y viceversa. Sea cual transporte único, o complementándola con otros medios -ojalá de baja incidencia medioambiental-, hay que potenciar el uso de la cleta tanto en sectores modestos de la población, como en estratos de mayores ingresos. Y, por constituir grupos de referencia, enfatizar en éstos.
Ahora bien, muchas zonas del gallardo Chile -sobre todo rurales y semirurales- a diario son pedaleadas por millares de compatriotas, pese a que, en general, no cuentan con una infraestructura adecuada. A guisa de ejemplo, un conjunto de servicios públicos y privados carecen de aparcaderos para bicicletas. Tal situación obliga a que la autoridad -en especial el poder local- formalice lo que se ha dado en llamar "costumbre bicicletuda". Quienes pedalean por la República merecen que se haga ley positiva lo que hasta el momento se rige por un pacto tácito de no agresión entre las huestes birruédicas a pedal y las hordas motorizadas. Con este objetivo, deben segregarse aquellas vías que son ocupadas por especímenes bicicletudos. Además, tendría que ser obligatorio (y hacerlo efectivo por supuesto) la instalación de estacionamientos para bicis que den seguridad a quienes los usen.
En el mismo sentido, por qué no dar curso a un plan sistemático de complementación entre la bicicleta y el tren metropolitano, cosa que sucede en varias ciudades del mundo? Hay bastante gente joven que todos los días llega hasta una estación de Metro en microbús. A lo mejor, estaría dispuesta a dejar su cleta en un aparcadero, para continuar su viaje en Metro. Ello, con la seguridad de que su bici no será tomada cual cosa de nadie.
Quien a esto último oponga la experiencia realizada al poniente de la capital puede estar equivocado. Y es que quizá se afirme que los aparcaderos de bicicletas que se instalaron en las estaciones Universidad de Santiago, Las Rejas y Pila del Ganso fueron un fracaso.
Claro que fueron un fracaso, pues en esa zona de Santiago poniente no existe interés por complementar la bicicleta con otro medio de transporte. Las personas de más bajos ingresos pedalean, fundamentalmente, para ahorrar dinero. Luego, dejar la cleta estacionada y tomar el Metro es una conducta infrecuente en los bicicletudos por necesidad económica.
De implementarse un aparcadero para cletas en la estación Tobalaba o escuela militar -por señalar sólo dos casos- el resultado puede ser completamente diverso. Y son las autoridades respectivas las que tienen atribuciones para ayudar en experiencias de esa índole -intendentes, alcaldes, gerentes del Metro y ministros-.
EPÍLOGO
Ha pasado un año desde que revivimos el MFC. Este breve lapso nos permite decir que, al menos en términos de idea-país, el gallardo Chile se resiste al uso voluntario de la cleta con fines de transporte diario. Quienes pedalean cotidiana e intensivamente casi siempre lo hacen por falta de medios económicos. En otros términos, si pudieran comprar y mantener un automóvil, lo harían.
Este cuadro, lejos de disminuir nuestro compromiso con la causa bicicletuda, lo acrecienta. Por eso, a punto de morir, decimos con fuerza: Viva Chile, los bicicletudos del mundo y el Barón Karl von Drais (Q.E.P.D.)!"
Santiago de Chile, agosto de 1996