1.- La adaptación de normativas del tránsito extranjeras al contexto chileno.
2.- Un programa para fomentar la complementación entre el tren metropolitano y la bicicleta en el sector oriente de la capital. Como etapa inicial se sugiere las estaciones Tobalaba y Escuela Militar (sobre todo ésta). En el sector sur, quizás las estaciones Lo Ovalle y La Florida. Se trata de aparcaderos y mejoramiento de accesos por medio de señales que hagan patente la susceptibilidad de desplazamientos en bicicleta.
3.- Generación de espacios destinados a los peatones y transportes no motorizados (bicicletas, patines, patinetas) durante los fines de semana. Se sugiere la Avenida Andrés Bello, entre la Estación Mapocho y la Portada de Vitacura. También, la vía poniente-oriente de la Avenida Irarrázaval en las inmediaciones de la Plaza Ñuñoa.
4.- La creación de una oficina de transportes no motorizados destinada a coordinar medidas de incentivo a esos medios de locomoción. Algo similar a lo que existe, por ejemplo, en la Municipalidad de Lima, Perú.
5.- Petición formal a las universidades sitas en Santiago para que refuercen los aparcaderos de bicicletas, así como los accesos y señalizaciones.
6.-Iniciar una campaña de revalorización de la bicicleta. Un reciente estudio de la Universidad Católica de Chile concluye que una de las variables que explica el bajo uso de la bicicleta como medio de transporte es su ridiculización en ciertas estrategias publicitarias
7.- Identificar y dar promoción a rutas apropiadas para el uso de la bicicleta (red vial secundaria; por ejemplo, calle Holanda) y detección y eliminación de obstáculos, sobre todo rejillas de alcantarillado.