ESTUDIAN DEMANDA DE RED DE CICLOVIAS EN SANTIAGO
El
Departamento de Ingeniería de Transporte de la Universidad Católica
publicó en octubre pasado un estudio para estimar la posible respuesta
de los santiaguinos ante la implementación de una red de ciclovías
en la capital. El estudio se hizo sobre la base de proyectos existentes a nivel
gubernamental para implementar dicha red, confrontándolos básicamente
con una encuesta a hogares capitalinos, más algunas entrevistas a grupos
focales y revisión de experiencias a nivel nacional e internacional.
El estudio parte de la base de una valoración de la cleta como medio alternativo de transporte, en el contexto del contaminado y congestionado Gran Santiago: "Como es bien sabido, el transporte en bicicleta presenta claras ventajas desde el punto de vista de contaminación y congestión. Se trata de un medio no motorizado, de carácter individual, con bajos costos de accesos y muy eficiente en términos de utilización del espacio, y al que tradicionalmente se le asocian beneficios para la salud, medio ambiente, calidad de vida y otros. A pesar de esto, este medio de locomoción se ha mantenido por años en un plano muy minoritario dentro de los viajes en la ciudad de Santiago (Bicicleta 1,6%, Autos 17,6%, Transporte Público 56,3%, Caminata 18,2% y Otros 6,3%).
Renglón seguido, los bienintencionados autores afirman que con este estudio " se pretende replantear el tema del uso de la bicicleta como medio de transporte alternativo, pero ahora sustentándola en un plan global para la ciudad con una red densa de ciclovías (3,2 km. de ciclopistas / km2), que la segregue del tráfico motorizado y guarderías en las estaciones de metro y tren, que otorguen seguridad para dejar el vehículo". Según los analistas, "el presente estudio debe considerarse como el primer esfuerzo serio orientado a estimar su demanda, intentando explorar los motivos que llevan a elegir o rechazar el uso de la bicicleta para los diferentes viajes y viajeros".
Como punto de partida, los autores afirman que desde hace unos 15 años se han hecho variados intentos por implementar ciclovías y favorecer el uso de la bicicleta en Santiago (pocazo se ha sabido de tan nobles intenciones), y atribuyen el que no hayan sido satisfactorios a tres razones fundamentales:
1) La inseguridad del ciclista frente a los medios motorizados. Se cita un caso de una ciclobanda (pintura en el pavimento) hecha en la Comuna de Estación Central que fracasó al poco tiempo, debido a que los automovilistas y micreros no la respetaban.2) Carencia de un lugar para guardar la bicicleta. También se citan dos casos (Estación Mapocho y Estación Central), de proyectos que fracasaron, atribuyéndoselo a la falta de seguridad que ofrecían.
3) Problemática cultural e idiosincrasia. Se menciona la ridiculización de la bici en la teve a través de propagandas que incentivan a los pericos a cambiarla por un auto. A pesar de tan desalentadores indicios, al parecer hay quienes se han dado cuenta que una pura ciclobanda o un par de guarderías fracasadas no son indicio necesario de la imposibilidad de formar una cultura bicicletuda en el sucio Chago. Por el contrario, parece que al menos algunos se han percatado de que la cosa tiene que ser en serio si lo que se quiere es crear condiciones para animar a más conciudadanos a montar la nunca bien ponderada bici.
Y entonces dijeron: "y si hacemos una tremenda red de ciclovías, con circulación separada de la calle, con guarderías en las estaciones de metro y tren, con un metro más extendido en la ciudad, etc. etc. etc., irán efectivamente estos pericos a subirse a las cletas, ah?" Por eso hicieron una encuesta para preguntarle a la gente si lo haría o no, y cuándo lo haría y cuándo no.
Para la encuesta, hicieron un muestreo aleatrorio por clases, para seleccionar mil hogares representativos de la población de la ciudad. En los hogares seleccionados, se entrevistó a los mayores de 14 años (habría alguna pregunta peluda en la encuesta?), y se les preguntó por los tipos de viajes que hacen habitualmente y si de haber ciclovías, los harían en bici o no. Adicionalmente, les graficaron lo completa que sería la red, les mostraron fotos de una ciclovía segregada de la calle (por si la imaginación era muy estrecha o muy exacerbada y pudiera llevar a confusiones) y los pusieron en el escenario de un metro con mayor cobertura que la actual, cosa de hacer más atractiva la alternativa bicimetro.
Pese a lo importante de la oferta, la encuesta arrojó un 86,64% de flojonazos que descartan la bicicleta a priori como posibilidad de viaje. En la contraparte, la presencia de la red de ciclovías se traduciría en un incremento de más del triple de los viajes que se hacen hoy en bici en la ciudad: de un 1,61% a un 5,81%. Esta proporción sube hasta más de un 10% en comunas donde hay condiciones favorables al uso de la cleta (La Pintana, Puente Alto, San Bernardo, principalmente).
Otras conclusiones que se desprenden del estudio, indican que en el caso de los principales modos de transporte motorizado, que representan el 57,9% del total de viajes, los usuarios consideran el uso de la bicicleta en el 11,3% de los casos, dependiendo del tiempo de viaje, costos, clima, etc. Los viajes cortos serían el mercado más importante para los viajes en cleta, pero el bicimetro aparece como una buena alternativa para los viajes de distancias medianas y largas. Esta opción contribuiría además a ampliar el uso de la bici a sectores con mayor nivel de ingreso y potenciales usuarios de auto.
Además, se observan sectores de la ciudad que claramente presentan ventajas para la implementación de proyectos de ciclovías (Núcleos San Bernardo-Puente Alto-La Pintana-El Bosque y Pudahuel-Cerro Navia), por lo que aparecería aconsejable trabajar más en detalle esas áreas e implementar redes en esos sectores, afirman los autores.
Pero si bien las comunas periféricas y de más bajo nivel socioeconómico son los principales candidatos a usar bicicleta, la longitud del viaje (normalmente al centro de la ciudad) es un mal candidato para el uso de nuestro queridísimo vehículo. Este argumento -bien concluyen los estudiosos- refuerza la necesidad de desarrollar otros polos de atracción en la ciudad, que contribuyan a disminuir las longitudes de viaje. Esas son las principales conclusiones. Ahora bien, según los propios autores, existen algunos elementos que escapan al alcance del estudio y que podrían producir variaciones en esos resultados, tales como los factores climáticos, la contaminación (debido a la cual hay días de invierno en que la autoridad recomienda no hacer ejercicio por motivos de salud) y la seguridad ciudadana. Además, hay un margen de error en los resultados obtenidos, asociado a la diferencia entre declarar la elección de un modo de viaje y efectivamente elegirlo (del dicho al hecho...). Lo otro son las diferencias entre planificación e implementación (o sea, que la fantástica red propuesta lo más probable es que no sea tal, sino que se construyan ciclovías sólo donde se perciba una demanda importante). Y por último, el factor cultural, por lo cual habría que hacer una campaña masiva de revalorización de la bicicleta. El hecho de que se haya hecho este estudio es un buen signo de la incipiente preocupación por fomentar el uso de transportes no motorizados en la capital. Revela, de partida, que ya existe a nivel gubernamental, un proyecto de red de ciclovías. Ahora bien, como todo estudio, tiene sus peros. Uno, es que se descarte a priori la utilidad de las ciclobandas (pintura en el pavimento), a partir de una sola experiencia que se calificó como fracasada. Si bien la ciclovía segregada del tráfico motorizado parece ser lo óptimo en términos de seguridad para el usuario, la opción intermedia de la ciclobanda no es nada despreciable. Un ejemplo claro lo ofrece la recientemente creada pista para motos en la calle Santa Isabel, que fácticamente se ha presentado de gran utilidad para los pedaleros. En tal sentido, creemos que el cambio hacia una cultura más proclive a la bici debe ser progresivo, y por tanto todo elemento que ayude a los actuales usuarios será beneficioso e irá incentivando a más gente al uso de la bici.Otro aspecto es que no se pone suficiente hincapié en el necesario fomento al uso de la cleta en los sectores que precisamente hacen mayor uso del transporte motorizado, vale decir las capas de mayores ingresos. Aparece como más productivo para los autores, invertir en los sectores que de por sí hoy hacen un mayor uso de los pedales. El que se invierta en estas áreas de la ciudad nos parece absolutamente necesario, pero si lo que se quiere es atacar el grave problema de la congestión y la contaminación, hay que agarrar el toro por las astas y propiciar el uso de vehículos no motorizados precisamente en quienes más se suman al IMOSFRE (Imperio Motorizado Sin Freno). Además, porque en términos de viabilidad de estos proyectos, son comunas que cuentan con más recursos. Por tanto, se trata principalmente de voluntad política. Algo que sin duda, escapa a los objetivos de este estudio, pero que debiera ser considerado a la hora de interpretar las frías cifras y procurar dar algún giro a la aparentemente inexorable realidad imosfrina que nos circunda.