había uno donde te
tapaban los ojos y tenías que atrapar a todos los niños
por unas cuerdas alrededor, y si tocabas las cuerdas perdías. Y
entonces me subí a todos, todos menos a uno que no me gustaba,
el primero, porque sentí mucho miedo: estabas desde un poste
hasta abajo y se veía bien feo, unos iban llorando y yo no quise
subirme; bueno por lo menos me subí, pero no me quise bajar por
la cuerda. Luego cuando fui al columpio me sentí mejor, y cuando
jugué el último juego, que era el de “cuidado con las
cuerdas”, me sentí mucho mejor y pude estar bien, porque
ése fue el más divertido, aunque el columpio
también se incluyó, pero yo estaba esperando la noche
porque te escondían dulces en el patio y apagaban las luces, y
con una lámpara tenías que salir a buscarlos. Así
era cada campamento de ahí. Entonces cuando llegó la
noche busqué y busqué, hasta que me encontré
muchísimos cerca de un puentecito, y entonces ahí
habían escondido millones de dulces. Agarré sólo
tres para completar 100; cuando tuve cien dije “Quisiera quedarme con
toda esa bolsa”, pero dije “No, debe de ser de un niño”. Y
devolví los tres dulces y me quedé con 97 y no pude
completar los cien que quería.