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EL ESTADISTA
Disciplinado autodidacta y dotado de gran capacidad intelectual, don Aquileo Parra dio muestra de su habilidad para el manejo de las finanzas públicas desde que ejerció como Secretario de Hacienda del Estado de Santander. Designado durante el segundo mandato del presidente Manuel Murillo Toro como Ministro de Hacienda, contribuyó a que durante ese gobierno se resolviera el problema de la deuda externa contraída para financiar la guerra de la independencia y se sanearan las finanzas nacionales. En reconocimiento a esta meritoria labor fue reconfirmado en dicho cargo por el gobierno inmediatamente posterior, presidido por don Santiago Pérez.
En el año de 1875, el señor Parra es designado por el ala radical del partido liberal como candidato presidencial para enfrentar las candidaturas del también liberal Rafael Núñez y del conservador Bartolomé Calvo. La campaña electoral que se llevó a cabo terminó polarizada en torno a Parra y Núñez y fue una de las más reñidas que recuerda la historia. Laureano García Ortiz, uno de los estudiosos de los sucesos de esa época, resumía así la contraposición de las personalidades de los dos candidatos: "Era preciso enfrentar a su prestigio intelectual [el de Núñez] un prestigio moral [el de Parra]; a un filósofo poeta, un experto hacendista; a la inquieta agilidad de un deleite maravilloso, la solidez piramidal del buen sentido; a una sibila enigmática, un administrador claro y puntual; a una poderosa ambición personal, una abnegación al servicio del público; al escéptico autor del Que sais je, el iniciador vidente del ferrocarril del norte; al don Juan irresistible, robador de mujeres, el jefe austero de un hogar cristiano".
PALADÍN DE LA PAZ
Don Aquileo Parra fue el último radical que ocupó la Presidencia de los Estados Unidos de Colombia. Durante su mandato tuvo que enfrentar la guerra que los conservadores, coaligados con el clero y algunos nuñistas, le declararon en 1876. Sin embargo, al final de la misma, el Presidente Parra pudo haber dicho que sofocó una revolución en sólo diez meses, sin apelar a la dictadura, sin fusilar un sólo hombre y sin haber puesto un sólo par de grillos.
Durante el siguiente gobierno la obra administrativa y pacificadora de Parra se vino a menos y nuevamente fueron ganando terreno la corrupción y el sectarismo. Instaurado el régimen de la Regeneración el liberalismo fue marginado definitivamente de la dirección del Estado y las salidas belicistas se impusieron inútilmente en 1885 y 1895. Durante todo este amargo periodo, fue Don Aquileo Parra uno de los jefes liberales que más se esforzó en apaciguar los ánimos de los opositores y en convencer a los gobernantes de la necesidad de adoptar soluciones políticas para los conflictos partidistas. Durante el año de 1898, como director del Partido Liberal, tuvo que asumir la ingrata tarea de tratar de evitar la más generalizada, larga y despiadada confrontación partidista: la Guerra de los Mil Días. Aunque obligado por las beligerantes mayorías del liberalismo a renunciar a la dirección del Partido, de ninguna manera renunció a su convicción pacifista y continuó propiciando la búsqueda de un entendimiento entre las artes enfrentadas.
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