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                                                ANARQUISMO Y ANARQUÍA 

 

                El anarquismo es un conjunto de ideas y prácticas que tiene como fin implantar la anarquía, es decir, la sociedad sin Estado. Si bien su principal objetivo es terminar con toda forma de autoridad («a-narquía» significa «sin gobierno»), con Bakunin tomó su forma política moderna: para destruir al Estado es necesario también terminar con la clase que lo sustenta. La clase social que empieza a tener el poder en Europa a mediados del siglo XIX (cuando vive y actúa Bakunin) es la burguesía; así, el anarquismo se convierte en una corriente socialista, revolucionaria y libertaria.

El anarquismo es socialista: bajo un sistema anarquista la gente se haría cargo del manejo de sus vidas, tanto a nivel individual como colectivo. Esto implica, entre otras cosas, el manejo de las fábricas por los trabajadores, el control del campo por los campesinos que lo trabajan, la distribución de los bienes llevada a cabo por quienes vivan en una determinada zona y consuman esos productos (asambleas barriales, etc.). De esta forma desaparecería la propiedad privada de los bienes de producción, fundamentalmente, fábricas y campos.  

 El anarquismo es revolucionario: ya se ha visto, a través de la historia, que los grandes cambios y las grandes reformas sociales y económicas no se hacen nunca desde el Estado. Los partidos políticos socialistas, por mejores intenciones que tengan, una vez que llegan al poder siguen manteniendo las mismas relaciones de explotación y dominación que habían, o inventan otras nuevas. Entonces, la única manera de cambiar el actual estado de cosas es por medio de la revolución social, llevada a cabo por trabajadores, desocupados, marginales y todos los perjudicados por el capitalismo. 

 El anarquismo es libertario: la revolución nunca se llevó a cabo desde el Estado. La «dictadura del proletariado» jamás fue beneficiosa para los trabajadores. En los países donde se implementó (Unión Soviética, Polonia, Rumania, etc.), las clases populares seguían siendo explotadas y dominadas, no ya por la burguesía, sino por una nueva clase o estrato formado por los burócratas del Partido Comunista que, al tiempo que no trabajaban, hacían sus negocios con las burguesías de los países capitalistas. La única revolución posible se hará desde abajo; la harán los distintos sectores que sufren las políticas de los mercados y los gobiernos.  

La utopía como única posibilidad  

Frente al discurso de todos los poderosos que dicen que la anarquía es buena en las ideas pero imposible en la práctica, nosotros sostenemos que no sólo es posible, sino la única alternativa para terminar con el actual sistema de explotación y dominación. Está claro que los que rechazan nuestras ideas y prácticas lo hacen por el miedo que sienten al ver la posibilidad de que los pobres se organicen para cambiar la historia. Y para ello recurren a todo: desde la burla a la prohibición, desde el control callejero hasta la represión; todo le sirve a los poderosos para tratar de frustrar cualquier intento de organización de los sectores populares. 

            Pero a pesar de ello, históricamente los trabajadores se han organizado para luchar por sus derechos y enfrentar al poder, y lo han hecho contra todos los obstáculos que se les presentaban: iglesia, policía, ejército, organizaciones fascistas, leyes, etc. 

            La revolución socialista y libertaria es posible. Pero para ello hay que organizarse, discutir y empezar a actuar. Cualquier actividad revolucionaria implica, desde sus comienzos, muchos inconvenientes y obstáculos, pero éstos se superarán a medida que se vayan profundizando las prácticas libertarias. Sin organización ni acción ningún cambio es posible. 

 

                                                     ACCIÓN ANARQUISTA 

                                                    

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