Primer Museo Virtual de la Arquería en la Argentina

© 1977/2004 - Prof. Dr. Guillermo E. Bahamonde - Todos los Derechos Reservados

La Arquería en la Literatura Universal

 

Rafael Ballester Escalas - Cleopatra - Ediciones Toray - Barcelona - 1964

 

Batalla de Thapso - Página 64
El ejército de Escipión tenía elefantes, entre otros efectivos bélicos. No se produjo la sorpresa que Labieno temía. Escipión tuvo una batalla en toda regla. Un choque frontal. Los mismos soldados veían tan claramente la acción que César no podía contener ya su impaciencia por pelear, y así dio la orden de comenzar el avance. Por el ala derecha, los honderos y flecheros acometieron a los elefantes de Escipión cubriéndoles de dados. Lograron con esto provocar el pánico entre los elefantes, que, retrocediendo, aplastaban a los soldados mismos a quienes hubieran debido proteger. La desbandada de los elefantes puso también en fuga a la caballería de los moros o mauritanos. ...
Cleopatra en Roma - Página 77
-Mira eso, César!- dice Servilia a su antiguo amante - Cómo enloquece a esos infelices el apego a la vida! No saben que, si vencen a los gladiadores, les tocará morir igualmente, asaeteados por la guardia desde las orillas. Has visto algo semejante?

Cesar observa con atención, pero no a los reos que se defienden, sino a la plebe. Julio tiene una especie de "radar" psicológico, que le informa de los sentimiento de la masa. Y adivina que, en aquel momento, las simpatías del bajo pueblo están con los condenados a muerte.

Transcurren unos instantes de ansiedad creciente. Los gladiadores, aunque mejor armados, van cayendo. Por fin queda un solo gladiador frente a un puñado de forajidos armados con garfios y palos. El gladiador tira las armas y se arroja al agua. Entonces estalla una formidable ovación dedicada a los reos de muerte, que han salvado de momento sus miserable pellejos.  Ahora vendrá el espectáculo más odioso. Los ejecutarán a flechazos, como a las fieras supervivientes del circo.

César observa atentamente, y oye algunos silbidos. Algunos espectadores amenazan con el puño a los soldados de la guardia, que preparan sus dardos.

Y entonces el dictador se pone en pie. Levanta su bastón de marfil. Suenan trompetas, y se hace un silencio de muerte entre la multitud inmensa.

Julio César, el formidable demagogo, uno de los mayores comediantes políticos que han existido, pronuncia, gritando, unas palabras en "stacatto":

-Perdono por su valor a los reos supervivientes. Toda esperanza de salvación debe ser puesta en el valor! Clemencia! Clemencia! 

Una entrevista sin "Flechazo" - Página 104 y sgs.
... Antonio pronuncia estas palabras en el momento en que pasa frente al portal de la calle otro piquete de caballería. Vuelven a resonar los aullidos y los gritos desgarradores. Se oye un grito: "Viva Bruto!" Pasan más caballos al galope. Una flecha se clava en el techo, después de penetrar por el ventanal del impluvio. Cleopatra lanza un grito.

-No temas, reina

- Oh, Antonio! Sálvame" tengo a mi hijo, solo en manos de cuatro esclavos, en mi villa! Y si la incendiasen?

-No temas. El Transtiber está más protegido que las casas del Foro, donde tú te encuentras ahora. Estabas más segura allí que aquí ... Mira!

Antonio entreabre su túnica y le muestra la coraza que lleva debajo

-Duermo armado. Debajo de mi almohada tengo mi espada de las Galias. No te han registrado los criados, antes de que entrases?

- No! Todos me conocen. Además, soy una mujer. No se atrevieron a ponerme las manos encima. Como iba la viuda de César a poner en peligro a Marco Antonio?

- Hicieron bien, por Hércules! pero insisto en que te marches ... Eh! Cuidado!

Otras tres flechas, se clavan en la pared, procedentes de la ventana, a un palmo de distancia de la cabeza de Cleopatra. Esta está a punto de desmayarse. Antonio dice, en tono extraño: 
- Buena puntería! ...

... Cleopatra oscila entre el temor a los fantasmas y el temor a los vivos. No tarda en resonar de nuevo en la calle el galope de los caballos. Ya no se oyen vivas a Bruto, pero sí tremendos cuchilladas, alaridos, golpes. Un caballo cae y relincha espantosamente, sin duda herido. Antonio de frota las manos. Está curtido en esa música. Cleopatra, en cambio, está a punto de tener un ataque de nervios.

-Cuando vendrán tus hombres a sacarme de aquí?

-Dentro de una hora.

- Oh, dioses! He de pasar todavía una hora en esa trinchera de Alesia? Recibiendo flechazos?

-Te parecen mejor los de Cupido? ...

...En realidad, Antonio al saber que la reina de Egipto iba a visitarle, vestida de luto, organizó aquellas farsas en las que era maestro. Asalarió a dos ganapanes para que golpeasen la puerta de la calle. Los galopes de caballería y los ayes, en la calle eran auténticos, y lo era también el exterminio del foco de pompeyanos, que duró toda la noche. Pero Antonio deseaba, además, que Cleopatra tuviese muchos deseos de salir de su casa, donde le había interrumpido la operación "quirúrgica" que estaba haciendo con el testamento de César. Así, mandó a un soldado que, apostado en el patio, tirase flechas al techo de la pieza donde estaban Cleopatra y él. Y, después de mucho hablar de muerte y de aparecidos, los dos mozos de cuerda de la calle golpearon la puerta y subieron la escalera a paso de carga ...

El Segundo Triunvirato -  Página 138 y sgs.
Cleopatra salió a su encuentro en medio del esplendor de toda su corte; ella y el triunviro, que oficialmente estaba encargado de una misión de guerra contra los persas (los patos), se encontraron a orillas del río Cidno, que corre por el sur de Asia Menor, en la región de Cilicia. En este rió es fama que morirá ahogado, en tiempo de las Cruzadas, el emperador alemán Federico Barbarroja.

Antonio, antes de emprender la guerra contra los partos se proponía tomarse una vacaciones en Egipto, y en el Cidno recibe el primer flechazo de Cleopatra.

Esta se presentó ante él con un atuendo estudiado, y comenzó entonces aquella célebre y legandaria labor de seducción, que tanto han glosado después los "producers" del cine, primero en el "arte mudo", y después en el sonoro.

Antonio fracasa ante los Persas - Página 147 y sgs
Los partos, jinetes ágiles de los desiertos, que combatían huyendo y disparando flechas a increíbles distancias, eran un mal enemigo. Conocían su terreno palmo a palmo, como los celtíberos de Viriato, y estaban especializados en guerras de sorpresas y emboscadas. Pero además, les faltaba la nobleza, la buena fe de los celtíberos, a quienes Craso sujetó con sólo saber guardar un juramento de honor. ...

... Pero Antonio estaba enamorado de Cleopatra, y, aunque a primera vista, una cosa parezca no tener que ver con la otra, la tuvo.

En primer lugar, ocasionó la muerte a muchos hombres; pero, cada vez que llegaban a las manos en un encuentro serio, los romanos vencían. Estos, incluso llegaron a discutir una estratagema para burlar las lluvias de flechas de los partos: hincando una rodilla en tierra y formando una especie de parapeto oblicuo con los escudos, las flechas resbalaban por encima del metal bruñido, en vez de chocar perpendicularmente, y erraban el tiro.