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... Antonio pronuncia estas palabras en el momento en que pasa frente al
portal de la calle otro piquete de caballería. Vuelven a resonar los aullidos
y los gritos desgarradores. Se oye un grito: "Viva Bruto!" Pasan
más caballos al galope. Una flecha se clava en el techo, después de
penetrar por el ventanal del impluvio. Cleopatra lanza un grito.
-No temas, reina
- Oh, Antonio! Sálvame" tengo a mi hijo, solo en manos de cuatro
esclavos, en mi villa! Y si la incendiasen?
-No temas. El Transtiber está más protegido que las casas del Foro,
donde tú te encuentras ahora. Estabas más segura allí que aquí ... Mira!
Antonio entreabre su túnica y le muestra la coraza que lleva debajo
-Duermo armado. Debajo de mi almohada tengo mi espada de las Galias. No
te han registrado los criados, antes de que entrases?
- No! Todos me conocen. Además, soy una mujer. No se atrevieron a
ponerme las manos encima. Como iba la viuda de César a poner en peligro a
Marco Antonio?
- Hicieron bien, por Hércules! pero insisto en que te marches ... Eh!
Cuidado!
Otras tres flechas, se clavan en la pared, procedentes de la ventana,
a un palmo de distancia de la cabeza de Cleopatra. Esta está a punto de
desmayarse. Antonio dice, en tono extraño:
- Buena puntería! ...
... Cleopatra oscila entre el temor a los fantasmas y el temor a
los vivos. No tarda en resonar de nuevo en la calle el galope de los caballos.
Ya no se oyen vivas a Bruto, pero sí tremendos cuchilladas, alaridos, golpes.
Un caballo cae y relincha espantosamente, sin duda herido. Antonio de frota
las manos. Está curtido en esa música. Cleopatra, en cambio, está a punto
de tener un ataque de nervios.
-Cuando vendrán tus hombres a sacarme de aquí?
-Dentro de una hora.
- Oh, dioses! He de pasar todavía una hora en esa trinchera de
Alesia? Recibiendo flechazos?
-Te parecen mejor los de Cupido? ...
...En realidad, Antonio al saber que la reina de Egipto iba a visitarle,
vestida de luto, organizó aquellas farsas en las que era maestro. Asalarió a
dos ganapanes para que golpeasen la puerta de la calle. Los galopes de
caballería y los ayes, en la calle eran auténticos, y lo era también el
exterminio del foco de pompeyanos, que duró toda la noche. Pero Antonio
deseaba, además, que Cleopatra tuviese muchos deseos de salir de su casa,
donde le había interrumpido la operación "quirúrgica" que estaba
haciendo con el testamento de César. Así, mandó a un soldado que,
apostado en el patio, tirase flechas al techo de la pieza donde estaban
Cleopatra y él. Y, después de mucho hablar de muerte y de aparecidos,
los dos mozos de cuerda de la calle golpearon la puerta y subieron la escalera
a paso de carga ... |