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Gente bella, extraña y peligrosa, esas voces Caribe provocaron pánico
entre los pueblos indígenas del continente y de las otras islas. En sus
grandes canoas salían a practicar el deporte de la guerra para la cual eran
auténticos atletas: eficientes, implacables, casi juguetones con sus lindas
armas: Astiles de madera finamente labrada, de punta endurecida al fuego y
a menudo impregnadas de veneno, mientras que al otro extremos las flechas
ostentaban timones de plumas preciosas.
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Cuando el poeta dice sin decir
...Debe haber sido aterrador el espectáculo de uno solo de aquellos
gigantes batiéndose contra una treintena o medio centenar de hoplitas armados
de arcos y de lanzas afiladas de bronce nativo, arsenical, forjado a martillo.
Los hoplitas buscan herir al gigante en las ingles para seccionarle la
arteria femoral; le ciegan lanzándole incesantes flechas y jabalinas a la
cara, mientras otros intentan hundirle lanzas por detrás de las rótulas para
lisiarle las piernas, o el tendón de Aquiles y los tobillos. Pero el
gigante es devastador; a cada golpe que acierta su hacha un griego cae
aniquilado. No hay escudo ni yelmo que pueda atajar el poder demoledor del
arma. ...
El Libro de Pigafetta
"Este hombre tenía también una especie de calzado hecho de la
misma piel. Llevaba en la mano izquierda un arco corto y macizo, cuya
cuerda, un poco más gruesa que la de un laúd, había sido fabricada con
tripa del mismo animal; y en la otra mano, flechas de cañas, cortas, en uno
de cuyos extremos tenían plumas, como las que nosotros usamos, y en el otro,
en lugar de hierro, la punta de una piedra de chispa, matizada de blanco y
negro. De la misma especie de pedernal fabrican utensilios cortantes
para trabajar la madera" ...
... En tercer lugar, la descripción del material con que el gigante
había confeccionado sus puntas de flecha, un pedernal jaspeado, y de que era
el mismo material tallado que utilizaban para confeccionar los
chuchillos-sierra (como los encontrados en el taller neolítico del Agadir)
...
... " ... emprendieron todos la fuga, hombres, mujeres y
niños ... abandonándonos su cabaña y todo lo que contenía. Sin embargo
... uno de los hombres ... hirió en un muslo con una flecha envenenada a uno
de los nuestros, que murió poco después. Aunque los nuestros hicieron
fuego sobre los fugitivos, no lograron atraparlos, porque ... marchaban tan
ligero como un caballo a escape. ...
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