La Arquería en la Literatura Universal
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Johann Wolfang von Goethe - Las penas del joven Werther
Editorial Planeta De Agostini - Barcelona - 2002
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Segunda Parte - Página 457
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... ¡Sal, oh luna, de entre tus nubes! ¡Mostraos, estrella de la
noche! Que un rayo cualquiera me guíe hasta el lugar en l que mi amor
descansa de las fatigas de la caza. Su arco, destensado junto a él.
Sus perros, husmeando en torno a él. Pero aquí he de quedarme sola, sobre la
roca en medio del exuberante torrente ...
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Página 466
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... Mis lágrimas, Ryno, son para los muertos. Mi voz, para los que habitan
la tumba. Te ves esbelto sobre la colina. Hermoso, entre los hijos de la
campiña. Pero caerás como Morar, y sobre tu tumba se sentará el doliente.
Las colinas te olvidarán. Tu arco quedará destensado en la antesala.
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Página 474
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... ¡Daura, hija mía, eras tan hermosa! Hermosa como la luna sobre las
colinas de Fura. Blanca como la nieve recién caída. Dulce como el aire que
respira Arindal, tu arco era fuerte. Tu lanza, rápida en el campo de
batalla. Tu mirada, como la niebla sobre una ola. Tu escudo, una nube de fuego
en la tormenta ...
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Página 476
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... Su voz cruzó como el mar. Arindal, mi hijo, bajó de la colina, brutal
ante el botín de la caza. Sus flechas silbaban a su lado. Llevaba el arco
en la mano. Cinco dogos de color gris oscuro le rodeaban. Vio al
intrépido. Erath en la orilla, le agarró y lo ató a una encina. Fuertemente
ciño su cintura. El cautivo llenó los vientos con sus quejidos.
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Página 477
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Arindal surcó las olas en su nave para traer de vuelta a Daura. Armar
acudió enfurecido, disparó la flecha de grises plumas, que silbó y se
hundió en su corazón, oh Arindal, hijo mío. En lugar de Erath, el
traidor caíste tú. La nave alcanzó la roca y el se hundió con ella y
murió. ...
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Johann Wolfang von Goethe - Fausto
Editorial Planeta De Agostini - Barcelona - 2003
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Primera Parte - La cocina de la Bruja - Página 164
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Mefistófeles: Ven pronto y déjate guiar, la transpiración es
indispensable para que la fuerza te penetre interior y exteriormente. Luego te
haré gustar las delicias de una digna ociosidad, y pronto sabrás en la
embriaguez de todo tu ser cuales son los placeres de Cupido.
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Segunda Parte - Acto Primero - Página 300
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Ariel: ... Procurad calmar el ardor de su alma inquieta, desviad de su
corazón el dardo cruel del remordimiento, apartad de su espíritu los
terrores de la existencia humana. ...
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Segunda Parte - Acto Segundo - La Noche Clásica de Walpurgis - Página 443
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La Esfinge: Apenas les alcanzan las flechas de Alcides, semejantes a
huracanes de invierno, son las veloces estinfalidas. Su aparación es un buen
designio. Con el pico de buitre y las patas de ganso, quieren, sin duda,
mostrársenos semejantes y entrar en nuestro círculo.
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Página 449
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Quirón: Dejemos eso ahora. Ni la misma Palas consiguió tales honores
bajo las flechas de Mentor. Los discípulos acaban por hacer lo que
quieren, como si nada se les hubiera enseñado.
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En el Alto Peneyos - Página 464
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El Generalísimo: ¡Salid pronto al campo, con el arco y la flecha,
matadme las garzas que a millares anidas en este estanque, rebosantes de
orgullo! que todos parezcamos un solo guerrero, con penacho y casco.
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Página 477
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Tales: ... Esta lluvia terrible de ahora, lluvia de flechas homicidas,
engendra la expiación de una sangrienta venganza, provocando en los aliados
de su raza la sed de sangre sacrílega de los pigmeos. ...
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Acto Tercero - Frente al palacio de Melenao en Esparta - Página 549
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Fausto: ¡Oh reina! Me asombra ver reunidos al vencedor y al vencido, veo
el arco que arrojó la flecha y que hirió al hombre: el dardo me
alcanza y le oigo silbar en torno mío en derredor del castillo. ...
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Página 563
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El Coro: ... Desde su advenimiento al mundo demuestra ya con su soltura que
no ha de haber ladrón que no le tribute culto. Roba con astucia el
tridente a Neptuno, a Marte la espada, a Febo el arco y la flecha, a Vulcano
las tenazas, y hasta robará a Júpiter el rayo, a no espantarle el fuego;
lucha con el Amor y le derriba, y a Ciprea, a cambio de sus caricias le roba
su cinto. ...
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Acto Quinto - Barrancos, bosques, peñascos y soledad - Página 667
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Padre Estático: ... Agudas flechas y lanzas traspasadme; encimas
seculares desplomaos sobre mí, terribles rayos, pulverizadme, a fin de que
desaparezca en mí el elemento perecedero y futuro y no quede de mi ser más
que la centella ardiente y pura que deriva del amor eterno.
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