Primer Museo Virtual de la Arquería en la Argentina

© 1977/2004 - Prof. Dr. Guillermo E. Bahamonde - Todos los Derechos Reservados

La Arquería en la Literatura Universal


Johann Wolfang von Goethe - Las penas del joven Werther 
Editorial Planeta De Agostini - Barcelona - 2002

Segunda Parte - Página 457
... ¡Sal, oh luna, de entre tus nubes! ¡Mostraos, estrella de la noche! Que un rayo cualquiera me guíe hasta el lugar en l que mi amor descansa de las fatigas de la caza. Su arco, destensado junto a él. Sus perros, husmeando en torno a él. Pero aquí he de quedarme sola, sobre la roca en medio del exuberante torrente  ...
Página 466
... Mis lágrimas, Ryno, son para los muertos. Mi voz, para los que habitan la tumba. Te ves esbelto sobre la colina. Hermoso, entre los hijos de la campiña. Pero caerás como Morar, y sobre tu tumba se sentará el doliente. Las colinas te olvidarán. Tu arco quedará destensado en la antesala. ...
Página 474
... ¡Daura, hija mía, eras tan hermosa! Hermosa como la luna sobre las colinas de Fura. Blanca como la nieve recién caída. Dulce como el aire que respira Arindal, tu arco era fuerte. Tu lanza, rápida en el campo de batalla. Tu mirada, como la niebla sobre una ola. Tu escudo, una nube de fuego en la tormenta ...
Página 476
... Su voz cruzó como el mar. Arindal, mi hijo, bajó de la colina, brutal ante el botín de la caza. Sus flechas silbaban a su lado. Llevaba el arco en la mano. Cinco dogos de color gris oscuro le rodeaban. Vio al intrépido. Erath en la orilla, le agarró y lo ató a una encina. Fuertemente ciño su cintura. El cautivo llenó los vientos con sus quejidos.
Página 477
Arindal surcó las olas en su nave para traer de vuelta a Daura. Armar acudió enfurecido, disparó la flecha de grises plumas, que silbó y se hundió en su corazón, oh Arindal, hijo mío. En lugar de Erath, el traidor caíste tú. La nave alcanzó la roca y el se hundió con ella y murió. ...


Johann Wolfang von Goethe - Fausto 
Editorial Planeta De Agostini - Barcelona - 2003

Primera Parte - La cocina de la Bruja - Página 164
Mefistófeles: Ven pronto y déjate guiar, la transpiración es indispensable para que la fuerza te penetre interior y exteriormente. Luego te haré gustar las delicias de una digna ociosidad, y pronto sabrás en la embriaguez de todo tu ser cuales son los placeres de Cupido.
Segunda Parte - Acto Primero - Página 300
Ariel: ... Procurad calmar el ardor de su alma inquieta, desviad de su corazón el dardo cruel del remordimiento, apartad de su espíritu los terrores de la existencia humana. ...
Segunda Parte - Acto Segundo - La Noche Clásica de Walpurgis - Página 443
La Esfinge: Apenas les alcanzan las flechas de Alcides, semejantes a huracanes de invierno, son las veloces estinfalidas. Su aparación es un buen designio. Con el pico de buitre y las patas de ganso, quieren, sin duda, mostrársenos semejantes y entrar en nuestro círculo.
Página 449
Quirón: Dejemos eso ahora. Ni la misma Palas consiguió tales honores bajo las flechas de Mentor. Los discípulos acaban por hacer lo que quieren, como si nada se les hubiera enseñado.
En el Alto Peneyos - Página 464
El Generalísimo: ¡Salid pronto al campo, con el arco y la flecha, matadme las garzas que a millares anidas en este estanque, rebosantes de orgullo! que todos parezcamos un solo guerrero, con penacho y casco.
Página 477
Tales: ... Esta lluvia terrible de ahora, lluvia de flechas homicidas, engendra la expiación de una sangrienta venganza, provocando en los aliados de su raza la sed de sangre sacrílega de los pigmeos. ...
Acto Tercero - Frente al palacio de Melenao en Esparta - Página 549
Fausto: ¡Oh reina! Me asombra ver reunidos al vencedor y al vencido, veo el arco que arrojó la flecha y que hirió al hombre: el dardo me alcanza y le oigo silbar en torno mío en derredor del castillo. ...
Página 563
El Coro: ... Desde su advenimiento al mundo demuestra ya con su soltura que no ha de haber ladrón que no le tribute culto. Roba con astucia el tridente a Neptuno, a Marte la espada, a Febo el arco y la flecha, a Vulcano las tenazas, y hasta robará a Júpiter el rayo, a no espantarle el fuego; lucha con el Amor y le derriba, y a Ciprea, a cambio de sus caricias le roba su cinto. ...
Acto Quinto - Barrancos, bosques, peñascos y soledad - Página 667
Padre Estático: ... Agudas flechas y lanzas traspasadme; encimas seculares desplomaos sobre mí, terribles rayos, pulverizadme, a fin de que desaparezca en mí el elemento perecedero y futuro y no quede de mi ser más que la centella ardiente y pura que deriva del amor eterno.