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... Me di cuenta que Haller era un genio del sufrimiento, que - en el
sentido de algunas expresiones de Nietzche - había desarrollado en su
interior una capacidad genial, ilimitada, terrible, para sufrir. Al mismo
tiempo noté que la base para su pesimismo no era el desprecio por el mundo,
sino el desprecio hacia sí mismo. Porque por mías despiadado y destructor
que fuera a la hora de hablar de las instituciones o las personas, jamás se
excluía, siempre dirigía sus flechas, primero contra su propia persona:
él mismo era el primero al que odiaba y rechazaba. ... |