Primer Museo Virtual de la Arquería en la Argentina

© 1977/2004 - Prof. Dr. Guillermo E. Bahamonde - Todos los Derechos Reservados

La Arquería en la Literatura Universal


Rudyard Kipling (Premio Nobel de Literatura 1907)
 
Ediciones Orbis S.A. - Buenos Aires - 1984

KIM

Capítulo I  - Página 18
... Cuando nuestro bondadoso Señor todavía joven, buscó compañera, los cortesanos de su padre dijeron que era demasiado frágil para el matrimonio.
¿Conoces la historia?
El conservador asintió con la cabeza, preguntándose qué vendría a continuación.
- De manera que hicieron una triple prueba de fortaleza para todos los que quisieron participar. Y en la prueba del arco, nuestro Señor, después de romper el que le dieron, pidió otro que nadie fuese capaz de armar. ¿Sabes la historia?
- Está escrita. La he leído.
- Y, superando todos los otros blancos, la flecha siguió por el aire, alejándose más y más, hasta perderse de vista, Pero por fin cayó y, al tocar la tierra, surgió de ella un arroyo que en seguida se convirtió en río, cuya naturaleza, por la bondad de nuestro Señor y los méritos que adquirió antes de liberarse, es tal que quien se baña en él lava cualquier mancha y resto de pecado.
- Así está escrito - dijo el conservador con tristeza.
El lama respiró muy Hondo.
- ¿Dónde está ese río= Fuente de sabiduría, ¿dónde cayó la flecha?
- Desgraciadamente lo ignoro, hermano mío - respondió el conservador.
- Ah ... Si prefieres olvidar la única cosa que no me has contado ... Porque sin duda tienes que saberlo. ¡Compréndeme, soy un anciano! Te lo pregunto con la cabeza entre tus pies, oh, fuente de sabiduría. ¡Sabemos que la flecha cayó! ¡Sabemos que brotó el arroyo! ¿Donde, entonces, está ese río? En el sueño se me dijo que lo encontrara. Por eso he venido. Y aquí estoy. Pero, ¿donde se halla el río?
- Si lo supiera,  ¿crees que no lo diría a voz en grito?
- Con él se alcanza la libertad de la rueda de las cosas - siguió el lama, sin escucharle - ¡El río de la flecha! ¡Piensa otra vez! Algún pequeño arroyo, tal vez, ¿sin agua en la estación calurosa? Pero el Sublime nunca engañaría así a un anciano. ...
Capítulo 4 - Página 97
... - ¿Nosotros, los sacerdotes! todavía no tienes edad ni para ... - La anciana evitó concluir el chiste con otra carcajada. - Créeme, de vez en cuando, nosotras las mujeres, oh, sacerdote, pensamos también en otras cosas. Además, mi hija ya ha dado a luz un varón.
-Dos flechas en el carcaj valen más que una; y aún es mejor tener tres. - Kim citó el refrán con una tos reflexiva, mirando discretamente al suelo. ...

Página 100
... - ten un poco de paciencia. A eso he respondido que mi búsqueda está por encima de todo. Esa buena mujer ha oído muchas leyendas sin sentido, pero nunca la gran verdad de mi río. ¡Así son los sacerdotes de las faldas de las montañas! conoce al abad de Lun Cho, pero no sabe nada de mi rió ..., ni de la historia de la flecha. ...

Capítulo 5 - Página 122
- Hay un río en este país que mi maestro anhela encontrar, y que fue producido por una flecha que ... - Kim taconeó con impaciencia mientras traducía mentalmente del vernáculo al torpe inglés-. Si, lo hizo nuestro señor Dios Buda, y quien se lava en él queda limpio de todos los pecados y tan blanco como algodón en rama. - Kim había oído hablar a veces a los misioneros-. Yo soy su discípulo, y tenemos que encontrar ese río. Es de un valor enorme para nosotros. ...

Página 130
- Cuando conozcas tu propio regimiento un poco mejor, Kim, no confundirás unas maniobras con el orden de batalla. Esperamos ir a la guerra en algún momento. 
-Todo eso lo sé perfectamente - Kim tensó de nuevo su arco al azar. Aunque no fuesen a la guerra, ignoraban al menos lo que el sabía de la conversación en el despacho de Ambala - Sé que ahora no están luchando; pero les digo que tan pronto como lleguen a Ambala les mandarán a la guerra ..., a la nueva: una guerra de ocho mil hombres, cañones aparte. ...

Capítulo 6, Página 139
... - Sí, pulton (regimiento) - murmuró el joven kayeth, todo oídos- Entré en el campamento y me cogieron, y gracias al amuleto que llevaba al cuello, que tú conoces, se supo que era hijo de un cierto miembro del regimiento: de acuerdo con la profecía del toro rojo, de la que, como sabes, todo el mundo está al corriente en el mercado - Kim esperó a que aquella flecha se clavara en el corazón del escribiente, se aclaró la voz y prosiguió .: Un sacerdote me vistió y me dió un nombre nuevo. Un segundo sacerdote, sin embargo, era estúpido. la ropa es muy pesada, pero soy sahib y el corazón también me pesa. Me mandan a un colegio y me pegan. No me gustan ni el aire ni el agua de aquí. Ven y ayúdame, Mahbub Alí, o mándame algo de dinero, porque no tengo ni con que pagar al escribiente que copia esto. ...
Capítulo 9. Página 219
... Sí, el lama había seguido las huellas de los Pies Benditos por toda la India. (El conservador del museo de Lahore aún tiene en su poder un maravilloso relato de sus vagabundeos y meditaciones) Ya no le quedaba nada en la vida excepto encontrar el rió de la flecha. ...
Capítulo 12 - Página 285
... - El hijo del sacerdote sabe el nombre de su nodriza y de tres dioses. Y dice: "Escúchame, o te maldeciré en el nombre de tres millones de Omnipotentes" - Decididamente el invisible personaje tenía una flecha o dos en su carcaj. El hakim continuó - : No soy más que maestro del alfabeto. He aprendido toda la sabiduría de los sahibs. ...

Página 300
... - ¿Para qué? Te he explicado muchas veces que no somos más que dos almas que buscan su liberación. El hakim dijo, y en eso tiene razón, que el rió de la flecha aparecerá tal como lo he soñado ..., a mis pies, si fuese preciso. ¿Te das cuenta? Una vez que halle la senda que me liberará de la rueda, ¿qué necesidad tengo de preocuparme por encontrar un camino entre los campos de la tierra, que no son sino ilusión? Eso sería una insensatez. Noche tras noche repito los mismos sueños; tengo el játaka; y te tengo a ti, Amigo del todo el Mundo. Estaba escrito en tu horóscopo que un toro rojo sobre un campo verde, no lo he olvidado, te proporcionaría honores. ¿Quién, si no yo, vio cumplirse la profecía? Más aún, yo mismo fui el instrumento. Tú me encontrarás el rió de la flecha, siendo, a tu vez mi instrumento. ¡La búsqueda no puede fallar!

Capítulo 14 - Página 343
- Antes de que nuestro Señor lograra la iluminación - el lama enrolló el dibujo con gesto reverente-, fue tentado. También yo he sido tentado, pero ya ha terminado todo. La flecha cayó en el llano ..., no en las montañas. Por lo tanto, ¿qué hacemos aquí?
-¿No deberíamos al menos esperar al hakim?
- Sé cuanto tiempo voy a vivir en este cuerpo. ¿Que podría hacer un hakim?
-Pero estás muy enfermo y agitado. No pueden andar.
-¿Como voy a estar enfermo si veo la libertad? - Se puso en pie tembloroso.
-Entonces tengo que conseguir comida en el pueblo. ¡Ah, el cansancio de la carretera! - Kim sintió que también necesitaba descansar
- Eso es justo. Comamos y después nos iremos. La flecha cayó en el llano. ..., no en las montañas. Prepara las cosas, chela.
Capítulo 15 - Página 355
- El lama alza una mano hacia la muralla de los Himalayas.
- ¡No cayó en medio de vosotras, oh, benditas entre las montañas, la flecha de nuestro Señor! ¡Y jamás volveré a respirar vuestro aire!
- Pero, ¡si ya eres un hombre diez veces más fuerte con este clima tan saludable! - dice Kim, porque para su alma fatigada son un consuelo las amables llanuras, bien cultivadas - Aquí o muy cerca de aquí, cayó la flecha, sí. Viajaremos con mucha calma, quizá un koss al día, porque la búsqueda no puede fallar. Pero la bolsa pesa mucho.
- Sí; nuestra búsqueda no puede fallar. He superado una gran tentación.

Página 378
... Luego mi alma quedó completamente sola y no vi nada, porque era todas las cosas al haber alcanzado la gran alma. Y medité un millar de miles de años, libre de pasiones, plenamente consciente de las causas de todas las cosas. Luego una voz gritó: "¿Qué sucederá con el muchacho si tú mueres?" y me sentí lleno de compasión por tí y me dije: "Volveré con mi chela, no sea que pierda la senda" con lo que mi alma, que es el alma del lama Teshu, se separó de la gran alma con indecibles esfuerzos y anhelos y náuseas y sufrimientos. Como el huevo del pez, como el pez del agua, como el agua de la nube, como la nube del aire denso, así salió, así saltó, así se alejó, así se desprendió el alma del lama Teshu de la gran alma. Luego una voz gritó: "¡El río!" y dirigí la mirada hacia el mundo, que seguía como lo había contemplado antes, uno en el tiempo y en el espacio, y vi claramente a mis pies el río de la flecha. En aquella hora mi alma encontró el obstáculo de algún mal o algo parecido del que no estaba completamente limpia y que descansaba sobre mis brazos y se enroscaba en torno a mi cintura; pero conseguí rechazarlo y volé con la velocidad del águila al lugar mismo del río. Aparté por ti un mundo tras otro. Vi debajo de mí el río, el río de la flecha, y al descender, sus aguas me rodearon; y he aquí que me hallé de nuevo en el cuerpo del lama Teshu, pero libre de pecado, y el hakim de Dacca me sostenía la cabeza sobre las aguas del río. ¡Está aquí! ¿Detrás del bosquecillo de mangos ..., sí, aquí mismo!

 

Rudyard Kipling (Premio Nobel de Literatura 1907) 
Ediciones Orbis S.A. - Buenos Aires - 1984

PUCK
 

Canción de un Árbol - Página 25
... el Espino del cerro contempló a Nueva Troya 
(y la ciudad de Londres nació de ella);
por eso la remota antigüedad, testigo
fue del Roble, del Fresno, y del Espino

El tejo, que en el rústico cementerio envejece,
padre ha sido de un arco poderoso;
el sabio elige para sus zuecos el aliso
y para su escudilla escoge el haya.    ...

Los muchachos de la casa solariega - Página 36
... "Dejé entonces a nuestros tres pícaros y corrimos hacia abajo, mis gentes de armas con los sajones provistos de hachas y arcos, que habían escondido entre la paja de sus cabañas, y Hugh, que los conducía.  ...

página 39 ...  -  "¿Cual será mi tributo? -  pregunté, y recuerdo que me sentía orgulloso por encima de toda ponderación.
- "El tributo del caballero, muchacho, el tributo del caballero
- dijo, saltando sobre un pie en torno a su caballo. ¿He dicho ya que era de baja estatura y no podía soportar que se le ayudara a subir sobre la silla - .  Seis jinetes o doce arqueros; me los enviarás cada vez que los pida.  ...

página 41 ... "-Sí - dijo De Aquila. Y carece de espada - y señaló la cintura de Hugh, porque éste había prescindido de su espada (¿no os lo he dicho?) al día siguiente de aquél en que se le había escapado de la mano de Santlache. No llevaba sino un puñal corto y el arco - ...

página 42 ... Ella se paseaba por fuera todos los días, en los límites de la hacienda, y tenía la costumbre de hacerme saber dónde se encontraba, para que yo colocara un arquero o dos delante y detrás de ella, con objeto de guardarla. Con frecuencia me apostaba yo mismo en el bosque y la contemplaba.   ...

Los caballeros de la alegre aventura. página 49
... El mismo día, Guillermo el Rojo, nuestro rey, hijo de el Conquistador, fue muerto por una misteriosa flecha cuando cazaba en un bosque.  ...

página 59 ... Cuando aumentó el calor, Witta desplegó una tela sobre palos curvados, por encima de las cabezas de los remeros, porque el viento soplaba sobre la montaña y la costa de África, que está más al Este. Dicha costa es arenosa, y nosotros la recorrimos en una extensión de tres tiros de flecha.  ...

página 62/63 ... Ellos corrieron hacia la orilla (nos hallábamos aún en la nave), y señalaron nuestras espadas y nuestros arcos, porque nos armábamos siempre que estábamos cerca de tierra.   ...

... -¿Un diablo?- pregunto Dan, sobrecogido por un delicioso horror.
Si. Mayor que un hombre, cubierto de pelo rojizo, Después de haber contemplado detenidamente nuestra nave, se golpeó el pecho con los puños hasta hacerlo resonar como el redoble de un tambor, y se acercó a la orilla contorneando su cuerpo entre sus largos brazos y rechinando los dientes. Hugh le lanzó una flecha, que le atravesó la garganta. Cayó rugiendo, y otros tres diablos surgieron del bosque y lo arrastraron lasta la copa de un arbol, fuera de nuestra vista. Poco después tiraron al suelo la flecha ensangrentada y se lamentaron juntos entre las hojas. Witta veía el oro sobre la orilla, y le enojaba tener que abandonarlo. ...

... Witta era valiente como un lobo, astuto como un zorro. Colocó a cuatro arqueros en el puente de proba para disparar sobre los diablos si se alejaban del árbol en que se encontraban y que no estaba muy lejos del ribazo. ...

página 64 ... Yo oí a Hug gritar:" ¡Desenvainad, desenvainad!, como si hubiese estado todavía en Santlache; vi el casco de acero de Thorkild saltar sobre su cabeza de un golpe dado por una gran mano peluda, y oí silbar a mi oído una flecha lanzada desde el buque. Se me dijo que hasta que Witta no amenazó a los remeros con su espada no logró acercar su nave a la orilla; y cada uno de los cuatro arqueros dijo luego que él sólo había atravesado al diablo que me atacaba. ...

... Me había apresado por la cintura, estrechándome entre sus brazos, cuando una flecha enviada desde la nave le traspasó el hombro hacíendole dejar su presa.  ...

... Jamás combate semejante fué librado por cristiano alguno -dijo Sir Richard - Una flecha procedente del barco me había desembarazado de mi enemigo, y Thorkild de Borkum se había batido en retirada ante el suyo, hasta que los arqueros de la nave pudieron acribillarle a flechazos a escasa distancia. Pero el diablo que combatía con Hugh era astuto; se había ocultado tras los árboles, donde no podía llegarle ninguna flecha. ...

Un centurión de la treinta. página 104
... - Mi salud es excelente -contestó Parnesio- Mira, he querido manejar el arco de Ulises, pero ... - y le mostro el dedo pulgar. ...
En la gran muralla página 119
... La muralla tiene treinta pies de altura, y del lado de los pictos, al Norte, hay un foso en el que se encuentras esparcidas viejas hojas de espada, moharras montadas aún en madera y llantas unidas por cadenas. Los chiquillos iban allí a robar hierro para fabricar sus puntas de flecha. ...

página 121 ... Cualesquiera que hubiesen sido las armas que nos hibieran dado antes de llegar a la Muralla, una vez en ella nos convertíamos en arqueros, como los escitas. El picto no puede esquivar la flecha, ni huir de ellas arrastrándose. Incluso yo era un arquero. ...

página 123 ... - No. ¿Es que conozco yo algo de Jenofonte? Fue Pertinax, después de haber atravesado casualmente de un flechazo a su primera liebre. ...

página 124 ... Nos llevó muy lejos, a un país del cual jamás habíamos oído hablar, recto como una flecha hasta el ocaso y en esta dirección ...

Canto a Mitra página 137
- Las catapultas de la Muralla; enormes cosas de cuarenta pies desde su base a la punta, que lanzaban redes llenas de pedruscos o flechas de metal forjado. ...