La Arquería en la Literatura Universal
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Anónimo - Versión de Benjamín Jarnes - El Cantar de Roldan
Alianza
Editorial - Madrid - 1983
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Canto LXII - Pág. 33
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Se acerca entonces Naimón. Mejor vasallo no hubo en la corte imperial.
-Ya lo oís - dice al rey - El conde Roldán está muy iracundo. Fue
elegido para mandar la retaguardia, y no tenéis varón alguno que pueda
reemplazarle. Donadle el arco que vos habéis tendido, y buscadle gentes
que puedan ayudarle. El rey le ofrece el arco, y Roldán lo recibe.
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Canto CLIV - Pág. 73
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El conde Roldán es un noble paladín. Gualterio de Ulmo es un gallardo
caballero. Del arzobispo, bien probada es la bravura. Ninguno de los tres
quiere desfallecer en la mutua defensa. En lo más duro del combate se arrojan
sobre los infieles. Hay, pie a tierra, mil sarracenos; y cuarenta millares a
caballo. Vedlos! No se atreven a acercarse! De lejos les arrojan lanzas y
venablos, picas y flechas, dardos y jabalinas. A los primeros golpes
derriban muerto a Gualterio. A Turpín de Reims le acribillan el escudo, le
rajan el yelmo y le hieren la cabeza. Rompen y destrozan su cota, atraviesan
su cuerpo con cuatro lanzadas. Matan, bajo él, su caballo. Gran pena ver
derribado al arzobispo.
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Canto CLX - Pág. 75 y sgs.
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-En mala hora nacimos! - dicen los infieles - Un triste día ha amanecido
para todos nosotros! Perdimos a nuestros caballeros y a nuestros pares. Vuelve
Carlos el esforzado, con su gran ejército. Ya se escucha el tañido de los
claros clarines de Francia. Es grande el estruendo de su grito de guerra.
"Montjoie"! El conde Roldán es de tan gallardo empuje, que
ningún hombre hecho de carne ha de poder vencerle. Disparémosle flechas y
dejémosle pronto libre el campo.
Y así lo hacen contra él arrojan dardos y flechas sin número. Y
lanzas y venablos de puntas emplumadas. Le parten, le agujerean el escudo,
le rompen y destrozan la cota, pero no llegan a tocar su cuerpo. Han
inflingido a Vigilante treinta heridas, y, bajo el conde, lo derriban muerto.
Los infieles huyen, abandonan la empresa. El conde Roldán queda allí
desmontado.
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Canto CLXVIII - Página 79
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Roldán siente que está próximo su fin. Se le derrama por los oídos su
cerebro. Rueda a Dios por sus pares, para que El los acoja. Después, por si
mismo, ruega al arcángel Gabriel. Ase el olifante, para evitar todo reproche,
y con la otra mano empuña a Durandarte, su espada. Avanza algo más lejos
que un tiro de ballesta hacia España, por un barbecho. Sube a un alcor.
Allí, bajo un árbol frondoso, hay cuatro gradas de mármol. Sobre la hierba
verde se desploma boca arriba. Allí queda sin sentido, porque la muerte está
cerca.
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