Primer Museo Virtual de la Arquería en la Argentina

© 1977/2004 - Prof. Dr. Guillermo E. Bahamonde - Todos los Derechos Reservados

La Arquería en la Literatura Universal


Sir William Shakespeare - Hamlet
- Editorial Planeta De Agostini - Barcelona - 2002
 

Acto Tercero - Escena I - Una sala en el castillo - Página 195
... Hamlet: Ser, o no ser: ésta es la cuestión: si es más noble sufrir en el ánimo los tiros y flechazos de la insultante Fortuna, o alzarse en armas contra un mar de agitaciones y, enfrentándose con ellas, acabarlas: morir, dormir, nada más, y, con un sueño, decir que acabamos el sufrimiento del corazón y los mil golpes naturales que son la herencia de la carne. ...
Acto Cuarto - Escena VII - Una sala en el castillo - Página 350
... Rey: .... El otro motivo por el que no podría ir a rendir cuentas en público es el gran cariño que le tiene el pueblo corriente, que, sumergiendo en afecto todas sus culpas, convertiría sus cadenas en reliquias, como la fuente que cambia la madera en piedra: de tal modo que mis flechas, de madera demasiado leve para un estrepitoso viento, volverían otra vez a mi arco, y no donde las hubiera apuntado. ...
Acto Quinto - Escena II - Una sala en el castillo - Página 428
... Hamlet: ... Si, así es, Hamlet forma parte de los ofendidos, su locura es el enemigo del pobre Hamlet. Señor, ante los presentes, que mi negativa de todo daño intencionado me libere en vuestros generosos pensamientos, porque he disparado mi flecha por encima de la casa y he herido a mi hermano. ...

 

Sir William Shakespeare - Comedias - Bruguera - Barcelona 1978


La doma de la fierecilla - Acto Quinto - Escena Segunda - Una Sala en la casa de Lucencio. La mesa está servida - Página 168/169


Blanca: ¿Creéis acaso que soy yo vuestro pajarillo? Si me perseguís con el arco tenso, me pondré en otra rama. A godos os digo que seáis bién venidos. (Blanca, Catalina y la Viuda Salen.)

Petrucho: Me lo ha advertido ... ¿Lo veis, señor Tranio? Ese es el pájaro al que apuntabais y no supisteis darle. Bebamos, pues, a la salud de todos estos cazadores que tiran y fallan el blanco. 



Sueño de una noche de verano - Acto Primero - Escena Primera - Atenas. Una sala del palacio de Teseo - Página 200


Hermia: Querido Lisandro ..., mañana estaré allí. Y te lo juro a pesar de que los hombres han jurado mucho más que las mujeres han dicho, y a pesar de los fuegos que hizo la rina de Cartago cuando vio como huían los traidores troyanos. Te lo juro por las promesas que unen a las almas y las que llevan al amor, por la candorosidad de las palomas de Venus, por el más poderoso de los arcos de Cupido, y por la más segura y certera de sus flechas. Te lo juro, mañana estaré donde me dices.


Sueño de una noche de verano - Acto Primero - Escena Segunda - Atenas. En el interior de una choza - Página 193


Quince: La reunión será en la encina del duque

Bottom: No hablemos más; allí estaremos aunque se nos rompan las cuerdas de los arcos. (Salen) 

Nota: En la antigüedad, cuando se le hacía un encargo a un soldado, solía excusarde dicendo que tenía las cuerdas de su arco rotas, ... cut bowstrings, como dice Shakespeare, de lo cual vino el proverbio: "Cumpliréis vuestra palabra aunque tengáis rotas la cuerdas del Arco".  (página 263)


Sueño de una noche de verano - Acto Segundo - Escena Primera - En un bosque en los alrededores  de Atenas - Página 200


Oberón (Rey de las Hadas)Y fue en aquellos momentos cuando... Ah!, tú no pudiste verle. Entonces vi a Cupido con su arco que emprendía el vuelo para franquear el espacio que se extiende entre la fría luna y la tierra. Y vi que, tomando como blanco a una bella vestal que estaba sentada en uno de los troncos de Occidente, lanzaba su flecha de amor con toda su fuerza y la mayor tensión de su arco, como si hubiera querido herir cien mil corazones a la vez. Pero yo vi que la flecha del joven Cupido, en su loca carrera, se perdía entre los húmedos rayos de la casta luna, más allá del lugar donde estaba la virgen coronada, que seguía, muy lejos del amor, sumergida y absorta en sus pensamientos. Sin embargo, también vi donde caía el dardo de Cupido. Cayó sobre una florecilla de poniente, que las jóvenes casaderas llaman "pensamiento", otrora blanca como la leche y ahora de un rojo subido por las heridas del amor.   ...


Sueño de una noche de verano - Acto Tercero - Escena Segunda - En otra parte del bosque - Página 219/220

Hermia: ¡Apártate de mi presencia, monstruo! ¿Apártate, ser despreciable! No me obligues a rebasar los límites de la paciencia que la dignidad reserva para toda mujer. Dime, ¿le has matado? ¡Maldito seas para siempre en la memoria de los hombres! ¿Por piedad, dime la verdad! Y tú, que ni a mirarle te atreverías, ¿le habrás matado mientras dormía? La obra de un cobarde ... Un gusano, una víbora, hubiera hecho lo mismo. Has procedido como una serpiente, aunque su dardo no está tan envenenado como el tuyo. ¡Tú eres una serpiente!    ...

Puck: Allá voy, y fíjate si soy veloz. Más que las flechas de la ballesta de un tártaro. (Sale.) ....


Sueño de una noche de verano - Acto Quinto - Escena Primera - Una sala en el palacio de Teseo -  219/220

Teseo:  .... La saeta de metal ha dado ya las doce, y los enamorados a la cama. Estas horas son para las hadas. Y temo que, por haber perdido la noche, mañana no nos durmamos hasta muy tarde. Esta farsa grotesca nos ha entretenido y hemos perdido el tiempo. Queridos amigos vamos a dormir. Y para celebrar la solemnidad de este día, durante quince noches seguidas continuaremos con estas fiestas nocturnas. (Salen).



Mucho ruido por nada - Acto Primero - Escena Primera - Ante la casa de Leonato  - Página 270


Beatriz: Aquí, en Mesina, se permitió fijar un cartel de desafió retando a Cupido a tirar con su arco, y el loco de mi tío, cuando leyó el reto, haciendo el papel del niño del amor, le desafió a tirar a los pájaros. Pero, por favor, ¿a cúantos enemigos ha matado y se ha comido en esta guerra? Decidme los que ha matado, porque yo me comprometí a comerme todos los que matara.

Nota: en inglés dice: at the flight, a tirar flechas (pág. 358)

D. Pedro: Pues si Cupido no ha agotado en Venecia las flechas de su aljaba, pronto vas a temblar. No te escaparás. (Pág. 276)


Mucho ruido por nada - Acto Segundo - Escena Primera - Una sala de la casa de Leonato  - Página 294


D. Pedro: Pues entre los posible maridos que yo conozco, aseguraría que Benedicto no es de los que se puedan desdeñar. Con justicia he de hacer elogios de él, porque es de noble cuna, de un valor probado y de una honradez reconocida. Ya os diré lo que habéis de hacer para que vuestra prima le quiera. Y mientras tanto, con la ayuda de mis amigos, yo me encargaré de que Benedicto, a pesar de su desdén y sus muestras de desagrado, se prenda apasionadamente de Beatriz. Si conseguimos lo que me propongo, Cupido perderá su crédito de buen arquero y su gloria será nuestra, porque sólo nosotros seremos los dioses del amor. Venid conmigo y os contaré lo que me propongo (Salen.)


 

 

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Nota del Web Master: En las obras de Shakespeare, Cupido, el Dios Arquero del Amor, es citado en innumerables ocasiones. En honor a la paciencia de los arqueros lo hemos citado muy brevemente especialmente cuando contiene términos relacionados con la arquería o para presentarlo referencialmente, pero a lo largo de todas las obras de Sir William podrán encontrar citas que se refieren a el. Por ejemplo en la página 235 se citan juntos Cupido y Diana que era la Diosa de la Caza, y cuyo atributo también era el Arco.

Otro si digo: (otra nota del Web Master:)
Algunos autores o enciclopedias consideran la pasión de Shakespeare por la arquería tan notoria, que sugieren que sin entender los términos específicos de la disciplina, es difícil seguir la obra de uno de los más grandes autores de la lengua inglesa, por cuanto sus obras están plagadas de términos de arquería y comparaciones con los mismos.

 

William Shakespeare - Macbeth - Ediciones Folio - Barcelona - 1999

Acto II - Escena Tercera - Página 90
Malcolm: La flecha asesina que se ha disparado aún en el aire está, y es más seguro que evitemos el golpe. En marcha, pues, y que no nos preocupe partir sin despedida sino escapar. Que es lícito robar lo que ya es hurto cuando no existe la misericordia.
 

William Shakespeare - El Rey Lear - Ediciones Folio - Barcelona - 1999

Acto I - Escena Primera - Páginas 179 / 180
Lear: El arco está curvado y tenso; rehuid la flecha
Kent: Pues venga, disparadla, que su punta penetre por el lugar del corazón.
Sea Kent descortés si Lear está loco. Qué vas a hacer, asesino? Piensas acaso que el deber tiene miedo de hablar cuando el poder se inclina ante la adulación? El honor se somete a la sinceridad cuando la realeza sucumbe a la locura. Mantente en el poder y a tu más honda consideración somete este arrebato sin sentido. Responde de mi juicio con la vida, tu hija menor no es la que te ama menos, ni vaciós están los corazones de aquellos que en vos baja no hacen sonar la hipocresía.
Lear: Basta, Kent, por tu vida!
Kent: Mi vida nunca fue sino un peón jugado en contra de tus enemigos; nunca temí perderla si era el motivo de tu seguridad.
Lear: No soporto mirarte!
Kent: Pues, mírame bien, Lear, y déjame que sea el verdadero blanco de tus ojos.
Lear:
Por Apolo!
Kent: Por Apolo, rey, en vano invocas a tus dioses.

Nota 153-5 No soporto mirarte! en el original, Out of my sight! (Lit: Fuera de mi vista!) Nuestra traducción intenta mantener el juego que se plantea en el original con sight (vista, mirada), see (ver mirar) y black of thine eye (blanco de tus ojos, diana de tus ojos)

Nota del Web Master: Apolo es llamado por Homero el flechador, el de áureo arco.

Acto IV - Escena Sexta - Página 305
Lear: La Naturaleza está por encima del arte, en este aspecto. Ahí tienes tu soldada. Ése de ahí maneja el arco como un espantapájaros. Ténsamelo una yarda! Mirad, mirad, un ratón! Quietos, quietos! Ese pedazo de queso tostado servirá. Aquí está mi guantelete: lo arrojaré contra un gigante! Traed las alabardas! Oh, pájaro, buen vuelo! En el blanco, en el blanco! Chsss! Decid el santo y seña!

Nota 87: yarda: chlothier's yard, en el original. La longitud de la flecha inglesa correspondía a la de la yarda, utilizada en sastrería (cloth yard) como medida de los tejidos.