En las aguas de Patagonia,
en la Península Valdés,
los danzantes del mar emergen
entre coronas de espumas.
Quizá,
mediante sus
saltos,
dibujan los signos de un lenguaje.
Un idioma para
comunicarse con
el recuerdo de sus antepasados o
los espíritus
que reinan, secretos,
en el lecho de los océanos.
En las
patagónicas extensiones oceánicas,
los delfines saltan.
Danzan.
Pregonan
tal vez las señales
misteriosas del animal.
Del animal que danza, salta.
Entre el mar y la cúpula habitada
por
luz,
nubes y
viento...