En la mañana del día 13 de abril de 1974, al entrar el personal en las oficinas de una empresa de importación y exportación de Crickelewood (Inglaterra), apareció muerta la señorita Anne Long, de veinticinco años de edad, empleada como secretaria particular de dirección.
La policía, avisada del trágico suceso, inició los interrogatorios del personal y de los directivos, mientras se procedía a efectuar la autopsia de la infortunada joven, que según el dictamen médico, había fallecido a consecuencia de golpes practicados con un objeto contundente muy pesado.
El inspector McGlewish, encargado del caso, no tardó en comprobar que de la mesa de uno de los directivos de la empresa, faltaba un pesado pisapapeles. Estrechando preguntas por la policía, el directivo en cuestión acabó confesándose autor del crimen, manifestando a los policías que el pisapapeles con el que había golpeado y dado muerte a su secretaria lo había arrojado al río después de abandonar la oficina por la noche.
Al ser interrogado sobre los motivos que le habían impulsado a cometer el asesinato, creyendo la policía que podía tratarse de un caso de celos o un crimen pasional, el detenido sorprendió a los inspectores con la siguiente declaración:
- Ayer tarde la hice quedarse en la oficina para terminar un trabajo, pero acabó exasperándome con sus repetidas faltas de ortografía. Me puso tan nervioso y fuera de mis casillas, que, sin pensar en lo que hacia, cogí el pisapapeles y me puse a golpearla mientras la reprendía por sus faltas. Al cabo de unos momentos, cuando la vi desplomarse, comprendía que la había matado.