Nació
en el seno de una familia puritana y severamente religiosa. Está
considerada hoy día como una de las más importantes figuras
de la literatura norteamericana, aunque en vida fue una perfecta desconocida.
Sólo llegaron a publicarse siete de sus mil breves poemas.
Cuando cumplió 30 años se retiró a vivir como ermitaña.
Hoy en día se piensa que la razón de esta decisión
fueron los arrebatos románticos. Desde ese momento se dedicó
a escribir poesía original. La primera figura literaria de la
época en darse cuenta de su valía como poetisa fue el
clérigo y escritor Thomas Higginson, que le aconsejó no
publicar su obra ya que iba en contra de las convenciones literarias
de la época. Pero su otra influencia literaria, la novelista
Helen Jackson, intentó convencerla para que publicara un libro
de poemas.
Su vida pasiva de ambiente trivial, era compensado por un fervor interior
transmitido a través de sus poemas. Estas piezas cortas parten
en su mayoría de las ocasiones, de las realidades concretas,
como la casa familiar de la que se alejó, de las ocupaciones
domésticas, de la vida a través de la ventana, etc...
Tras estas apariencias tan tranquilas, a través de imágenes
banales se presienten sus ansias de vida, un cierto temor ante la muerte,
y cierta ironía ante la vida.
Separada del mundo dedicó sus dias a contemplar la naturaleza
que le rodeaba y a leer a sus autores preferidos como Shakespeare, las
hermanas Brönte...
Su obra se publicó póstumamente en 1890. A partir de los
años 20 comenzó a ser valorada por la crítica,
de tal forma que hoy está considerada como uno de los pilares
básicos de la lírica estadounidense.
Emily Dickinson utiliza en sus composiciones un lenguaje muy sencillo,
pero su sintaxis compleja dibuja una rica variedad de connotaciones
a partir de palabras corrientes. Falleció el 15 de mayo de 1886.
En 1958 apareció publicada una edición en tres volúmenes
de su correspondencia.