POESÍA COMPLETA

ALMAFUERTE

(Pedro Bonifacio Palacios)

ADIÓS A LA MAESTRA

Obrera sublime,

bendita señora:

la tarde ha llegado

también para vos.

¡La tarde, que dice:

descanso!…la hora

de dar a los niños

el último adiós.

Mas no desespere

la santa maestra:

no todo en el mundo

del todo se va;

usted será siempre

la brújula nuestra,

¡la sola querida

segunda mamá!

Pasando los meses,

pasando los años,

seremos adultos,

geniales tal vez…

¡mas nunca los hechos

más grandes o extraños

desfloran del todo

la eterna niñez!

En medio a los rostros

que amante conserva

la noble, la pura

memoria filial,

cual una solemne

visión de Minerva,

su imagen, señora,

tendrá su sitial.

Y allí donde quiera

la ley del ambiente

nimbar nuestras vidas,

clavar nuestra cruz,

la escuela ha de alzarse

fantásticamente,

cual una suntuosa

gran torre de luz.

¡No gima, no llore

la santa maestra:

no todo en el mundo

del todo se va;

usted será siempre

la brújula nuestra,

¡la sola querida

segunda mamá!

 

A LA LIBERTAD

 

Como del fondo mismo de los cielos

el sol eterno rutilante se alza,

como el seno turgente de una virgen

al fuego de la vida se dilata:

Así radiosa,

y así gallarda

se levantó del mar donde yacía

la exuberante tierra americana.

Como prende su túnica de raso

con su joya mejor, la soberana,

como entre todas las estrellas reina

el lucero magnífico del alba;

Así pulida,

y así gallarda

sobre todos los pueblos de su estirpe,

resplandor y joyel, ¡surge mi patria!

Como buscan la luz y el aire libre

las macilentas hierbas subterráneas,

como ruedan tenaces y tranquilas

al anchuroso piélago, las aguas;

Así sedienta,

y así porfiada,

la triste humanidad se precipita

al pie de la bandera azul y blanca.

¡Allí van congregándose a la sombra,

para formar después una montaña!

¡Allí van adhiriéndose en el tiempo

partícula a partícula las razas!

Allí se funde,

y allí se amasa

el hombre, tal como surgió en la mente

del autor de los orbes y las almas.

Que así pulida,

y así gallarda

sobre todos los pueblos de su estirpe,

resplandor y joyel, ¡surgió mi patria!

 

 A LA PRIMAVERA

 

¡Salud, primavera, princesa encantadora!

saludo engrandecido las gasas de tu velo;

ya orlan tus vestidos el argentino suelo.

¡Salud, reina galana que el trópico atesora!

En la triunfal carroza que llegas, soñadora,

viene la diosa áurea con perfumado vuelo.

¡quién sabe de qué mundo! ¡quién sabe de qué cielo!

¡salud, gentil doncella! ¡tu túnica enamora!

De tus joyas de virgen, los rizos nacarados

se extienden tiernamente con sin igual candor;

por las grandes ciudades, por los desiertos prados,

tus tintes de armonías, tus ecos sublimados,

encierran luengas páginas de ensueños y de amor.

¡salud, reina que llegas de mundos ignorados!

 

AVANTI!

 

Si te postran diez veces, te levantas

otras diez, otras cien, otras quinientas:

no han de ser tus caídas tan violentas

ni tampoco, por ley, han de ser tantas.

Con el hambre genial con que las plantas

asimilan el humus avarientas,

deglutiendo el rencor de las afrentas

se formaron los santos y las santas.

Obsesión casi asnal, para ser fuerte,

nada más necesita la criatura,

y en cualquier infeliz se me figura

que se mellan los garfios de la suerte...

¡Todos los incurables tienen cura

cinco segundos antes de su muerte!

 

¡PIU AVANTI!

 

No te des por vencido, ni aun vencido,

no te sientas esclavo, ni aun esclavo;

trémulo de pavor, piénsate bravo,

y arremete feroz, ya mal herido.

Ten el tesón del clavo enmohecido

que ya viejo y ruin, vuelve a ser clavo;

no la cobarde estupidez del pavo

que amaina su plumaje al primer ruido.

Procede como Dios que nunca llora;

o como Lucifer, que nunca reza;

o como el robledal, cuya grandeza

necesita del agua y no la implora...

Que muerda y vocifere vengadora,

ya rodando en el polvo, tu cabeza!

 

¡MOLTO PIU AVANTI!

 

Los que vierten sus lágrimas amantes

sobre las penas que no son sus penas;

los que olvidan el son de sus cadenas

para limar las de los otros antes;

Los que van por el mundo delirantes

repartiendo su amor a manos llenas,

caen, bajo el peso de sus obras buenas,

sucios, enfermos, trágicos,... ¡sobrantes!

¡Ah! ¡Nunca quieras remediar entuertos!

¡nunca sigas impulsos compasivos!

¡ten los garfios del Odio siempre activos

los ojos del juez siempre despiertos!

¡Y al echarte en la caja de los muertos,

menosprecia los llantos de los vivos!

 

¡MOLTO PIU AVANTI ANCORA!

 

El mundo miserable es un estrado

donde todo es estólido y fingido,

donde cada anfitrión guarda escondido

su verdadero ser, tras el tocado:

No digas tu verdad ni al mas amado,

no demuestres temor ni al mas temido,

no creas que jamás te hayan querido

por mas besos de amor que te hayan dado.

Mira como la nieve se deslíe

sin que apostrofe al sol su labio yerto,

cómo ansia las nubes el desierto

sin que a ninguno su ansiedad confíe...

¡Trema como el infierno, pero ríe!

¡Vive la vida plena, pero muerto!

 

¡MOLTISSIMO PIU AVANTI ANCORA!

 

Si en vez de las estúpidas panteras

y los férreos estúpidos leones,

encerrasen dos flacos mocetones

en esa frágil cárcel de las fieras,

No habrían de yacer noches enteras

en el blando pajar de sus colchones,

sin esperanzas ya, sin reacciones

lo mismo que dos plácidos horteras;

Cual Napoleones pensativos, graves,

no como el tigre sanguinario y maula,

escrutarían palmo a palmo su aula,

buscando las rendijas, no las llaves...

¡Seas el que tú seas, ya lo sabes:

a escrutar las rendijas de tu jaula!

 

AYER Y HOY

 

I

Humilde como el voto del creyente,

bendito como el ángel de mi guarda,

tímido, solitario, romancesco,

fe y esperanza.

II

Como tú, virginal y sin mancilla,

como yo, visionario y entusiasta,

era el amor que te ofrecí; inocente,

como mi alma.

III

Ignoto, como ráfaga perdida,

ardiente, como lágrima callada,

torcido, desolado, borrascoso,

amor de paria.

IV

Triste como el destello de la luna,

solo, como la luna solitaria,

es el recuerdo de ese amor maldito,

como mi alma.

 

CASTIGO

 

Yo te juré mi amor sobre una tumba,

sobre su mármol santo!

¿Sabes tú las cenizas de qué muerta

conjuré temerario?

¿Sabes tú que los hijos de mi temple

saludan ese mármol,

con la faz en el polvo y sollozantes

en el polvo besando?

¿Sabes tú las cenizas de qué muerta

mintiendo, has profanado?

¡No los quieras oír, que tus oídos

ya no son un santuario!

¡No los quieras oír como hay rituales

secretos y sagrados,

hay tan augustos nombres que no todos

son dignos de escucharlos!

Yo te di un corazón joven y justo

¡por qué te lo habré dado!

¡Lo colmaste de besos, y una noche

te dio por devorarlo!

Y con ojos serenos ¡El verdugo,

que cumple su mandato,

solicita perdón de las criaturas

que inmolará en el tajo!

¡Tu le viste, serena, indiferente,

gemir agonizando,

mientras tu roja sangre enrojecía

tus mejillas de nardo!

Y tus ojos ¡mis ojos de otro tiempo

que me temían tanto!

Ni una perla tuvieron, ni una sola:

¡eres de nieve y mármol!

¿Acaso el que me roba tus caricias

te habrá petrificado?

¿Acaso la ponzoña de Leteo

te inyectó a su contacto?

¿O pretendes probarme en los crisoles

de los celos amargos,

y me vas a mostrar cuanto me quieres,

después entre tus brazos?

¡No se prueban así con ignonimias,

corazones hidalgos!

¡No se templa el acero damasquino

metiéndolo en el fango!

Yo te alcé en mis estrofas, sobre todas,

hasta rozar los astros:

tócale a mi venganza de poeta,

¡dejarte abandonada en el espacio!

 

COMO LOS BUEYES

 

Ser bueno, en mi sentir, es lo más llano

y concilia deber, altruismo y gusto:

con el que pasa lejos, casi adusto,

con el que viene a mi, tierno y humano.

Hallo razón al triste y al insano,

mal que reviente mi pensar robusto;

y en vez de andar buscando lo más justo

hago yunta con otro y soy su hermano.

Sin meterme a Moisés de nuevas leyes,

doy al que pide pan, pan y puchero;

y el honor de salvar al mundo entero

se lo dejo a los genios y a los reyes:

Hago, vuelvo a decir, como los bueyes,

mutualidad de yunta y compañero.

 

DÉCIMAS

 

I

Yo soy flor que se marchita

al sol de la adversidad,

el arbolito en mitad

de la llanura infinita.

La paloma pobrecita

que arrastran los aquilones,

entre oscuros nubarrones

de tempestades airadas,

soy la barca abandonada

en el mar de las pasiones.

II

Soy el ave que al bajar

de los aires fatigada,

no tiene ni una enramada

ni un árbol en que anidar.

Y si vuelve a levantar

las tristes alas del suelo,

encuentra nublado el cielo

y dehecha la tormenta,

y el pájaro se lamenta

y vuelve a tender su vuelo.

III

Yo soy un gaucho cantor

de renombradas virtudes,

que tan solo ingratitudes

ha recibido en su amor.

Soy el pobre payador

velay, si sabré penar

con mis negras amarguras,

la pampa con sus llanuras

con sus abismos la mar.

IV

Yo no canto por llamar

la atención que no merezco,

yo canto porque padezco

penas que quiero olvidar.

Que tan solo con cantar

se va al viento nuestra pena,

y yo tengo el alma llena

de pesares y amarguras,

más que en la pampa hay anchura

más que en el mar hay arena

V

Por eso, ¡oh linda mujer!

maldigo mi negra estrella,

al contemplarte tan bella

sin que te pueda querer.

Porque todo hombre ha de ser

generoso hasta morir,

y no debe permitir

a una mujer que lo quiera,

para que después se muera

al verlo tanto sufrir.

VI

¡Adiós, primorosa flor!

adiós, lucero invariable,

solamente comparable

a la estrella de mi amor.

Cuando sientas un dolor

parecido al que yo siento,

Dios quiera que tu lamento

no sucumba en la ignorancia,

y atraviese la distancia

¡sobre las olas del viento!

 

DIOS TE SALVE

 

Cuando se haga en ti la sombra;

cuando apagues tus estrellas;

cuando abismes en el fango más hediondo, más infecto,

más maligno, más innoble, más macabro,-más de muerte,

más de bestia, más de cárcel,-

no has caído todavía,

no has rodado a lo más hondo…

si en la cueva de tu pecho, más ignara, más remota,

más secreta, más arcana, más oscura, más vacía,

más ruin, más secundaria,

canta salmos las tristeza,

muerde angustias el despecho,

vibra un punto, gime un ángel, pía un nido de sonrojos,

se hace un nudo de ansiedad.

Los que nacen tenebrosos;

los que son y serán larvas;

los estorbos, los peligros, los contagios, los Satanes,

los malditos, los que nunca,- nunca en seco, nunca siempre,

nunca mismo, nunca nunca,-

se podrán regenerar,

no se auscultan en sus noches,

no se lloran a si propios…

se producen imperantes, satisfechos,- como normas,

como moldes, como pernos, como pesas controlarias,

como básicos puntales,

y no sienten el deseo

de lo sano y de lo puro

ni siquiera un vil momento, ni siquiera un vil instante,

de su arcano cerebral.

Al que tasca sus tinieblas,

al que ambula taciturno;

al que aguanta en sus dos lomos,- como el peso indeclinable,

como el peso punitorio de cien urbes, de cien siglos;

de cien razas delincuentes,-

su tenaz obcecación;

al que sufre noche y día,-

y en la noche hasta durmiendo,-

como el roce de un cilicio, como un hueso en la garganta,

como un clavo en el cerebro, como un ruido en los oídos,

como un callo apostemado

la noción de sus miserias,

la gran cruz de su pasión:

yo le agacho mi cabeza; yo le doblo mis rodillas;

yo le beso las dos plantas; yo le digo: Dios te salve…

¡Cristo negro, santo hediondo, Job por dentro,

vaso infame de dolor!

 

AYER Y HOY

 

I

Humilde como el voto del creyente,

bendito como el ángel de mi guarda,

tímido, solitario, romancesco,

fe y esperanza.

II

Como tú, virginal y sin mancilla,

como yo, visionario y entusiasta,

era el amor que te ofrecí; inocente,

como mi alma.

III

Ignoto, como ráfaga perdida,

ardiente, como lágrima callada,

torcido, desolado, borrascoso,

amor de paria.

IV

Triste como el destello de la luna,

solo, como la luna solitaria,

es el recuerdo de ese amor maldito,

como mi alma.

 

¿FLORES A MI?

 

I

Ayer me diste una flor,

una flor a mí, señora,

que no consagre una hora

ni al más poderoso amor.

¿Flores a mí? ¡si es mejor!,

en un páramo arrojarlas,

o tú no sabes amarlas,

o al sentir mi pecho yerto,

sobre la tumba de un muerto,

has querido abandonarlas.

II

¿Flores a mí? ¿tú no sabes

de esos parajes que aterran,

donde las flores se cierran,

dónde no cantan las aves?

Las más orgullosas naves

temen del mar los furores,

los tigres devoradores

huyen del simún airado

¡y tú en mi pecho has dejado

tan sin recelo tus flores!

III

¡Flores a mi! puede ser

que desalmada y celosa,

buscaras la más hermosa

con tu instinto de mujer;

Y haciéndole comprender

yo no sé qué gentileza,

con refinada fiereza,

con el más profundo encono,

la bajaste de su trono

por castigar su belleza.

IV

No lo sé, linda mujer,

ni quiero saberlo todo;

me contento con mi modo

de saber y no saber.

Pero si quieres tener

la realidad en tu mano,

te diré, sin ser un vano,

que si te movió el amor

¡la flor ha sido una flor

que fue destronada en vano!

 

 

HIJOS Y PADRES

(Dedica a su Hermana Carmen)

 

I

Como la lluvia copiosa sobre el suelo,

como rayo de sol sobre la planta,

como cota de acero sobre el pecho,

como noble palabra sobre el alma,

para los hijos

de tus entrañas

debe ser tu cariño hermana mía

riego, calor, consolación y gracia.

II

Como tierra sedienta de rocío,

como planta en la sombra sepultada,

como pecho desnudo en el peligro,

como guerrero inerme en la batalla,

así, en la ardiente

contienda humana,

¡ay! los hijos que pierden a sus padres,

pierden riego, calor, escudo y lanza.

III

Como nube de arena que no riega,

como sol que no alumbra en la borrasca,

como roto espaldar que no defiende,

como consejo que pervierte y mancha,

así, malditos,

padres sin alma,

son aquellos que niegan a sus hijos

consejo, amor, ejemplo y esperanza.

IV

Como fecunda tierra agradecida,

como planta que al sol sus flores alza,

como pecho confiado tras la cota,

como hasta Dios se magnifica el alma,

así, los hijos,

cuando les aman,

dan plantas de virtud como esa tierra,

frutos de bendición como esas plantas,

arranques de valor como esos pechos,

rayos de inmensa luz como esas almas.

 

INTIMA

 

Ayer te vi... No estabas bajo el techo

de tu tranquilo hogar

ni doblando la frente arrodillada

delante del altar,

ni reclinando la gentil cabeza

sobre el augusto pecho maternal.

Te vi...si ayer no te siguió mi sombra

en el aire, en el sol,

es que la maldición de los amantes

no la recibe Dios,

o acaso el que me roba tus caricias

tiene en el cielo más poder que yo!

Otros te digan palma del desierto,

otros te llamen flor de la montaña,

otros quemen incienso a tu hermosura,

yo te diré mi amada.

Ellos buscan un pago a sus vigilias,

ellos compran tu amor con sus palabras;

ellos son elocuentes porque esperan,

¡y yo no espero nada!

Yo sé que la mujer es vanidosa,

yo sé que la lisonja la desarma,

y sé que un hombre esclavo de rodillas

más que todos alcanza...

Otros te digan palma del desierto,

otros compren tu amor con sus palabras,

yo seré más audaz pero más noble:

¡yo te diré mi amada!

 

INVERNAL

 

La tarde es lluviosa; del ramaje

penden como harapos destrozados,

los nidos de las aves enlutados

como el pálido verde del follaje.

Solo y silencioso aquel boscaje

de plumeros verdosos y mojados,

de áspides, de prados desolados,

parece un escuálido paisaje.

Donde se encierra la grandeza humana

con todos sus achaques y certezas,

con la infinita vanidad insana

de todas las antorchas de nobleza.

¡Bosque do se funde la campana

que tañerá mis horas de tristezas!

 

LO QUE YO QUIERO

 

I

Quiero ser las dos niñas de tus ojos,

las metálicas cuerdas de tu voz,

el rubor de tu sien cuando meditas

y el origen tenaz de tu rubor.

Quiero ser esas manos invisibles

que manejan por si la creación,

y formar con tus sueños y los míos

otro mundo mejor para los dos.

Eres tu, providencia de mi vida,

mi sostén, mi refugio, mi caudal;

cual si fueras mi madre, yo te amo...

¡y todavía más!.

II

Tengo celos del sol porque te besa

con sus labios de luz y de calor...

¡del jazmín tropical y del jilguero

que decoran y alegran tu balcón!

Mando yo que ni el aire te sonría:

ni los astros, ni el ave, ni la flor,

ni la fe, ni el amor, ni la esperanza,

ni ninguno, ni nada más que yo.

Eres tu, soberana de mis noches,

mi constante, perpetuo cavilar:

ambiciono tu amor como la gloria...

¡y todavía más!.

III

Yo no quiero que alguno te consuele

si me mata la fuerza de tu amor...

¡si me matan los besos insaciables,

fervorosos, ardientes que te doy!

Quiero yo que te invadan las tinieblas,

cuando ya para mí no salga el sol.

Quiero yo que defiendas mis despojos

del más breve ritual profanador.

Quiero yo que me llames y conjures

sobre labios y frente, y corazón.

Quiero yo que sucumbas o enloquezcas...

¡loca sí; muerta si, te quiero yo!

Mi querida, mi bien, mi soberana,

mi refugio, mi sueño, mi caudal,

mi laurel, mi ambición, mi santa madre...

¡y todavía más!

 

MI ALMA (Paralela)

 

Bajo la curva de la noche, fúnebre,

sobre la arena del desierto, cálida,

se conturba la mente del proscripto,

su pie desnudo, vacilante, marcha;

y allá en la curva fúnebre del cielo

la estrella solitaria;

y allá, sobre las cálidas arenas,

¡el oasis y el agua!

Bajo la curva del dolor, fatídica,

sobre el desierto de mi vida, trágica,

mi acongojada mente se conturba,

mi vacilante pie se despedaza;

y allá, en la curva del dolor, siniestra,

la luz de la esperanza;

y allá sobre el desierto de mi vida,

¡la resonante multitud de mi alma!.

 

SIN TREGUA

 

I

Al clásico del compás establecido

para cantar las cosas soberanas:

invocando al amor y al buen sentido,

musas que deben ser hermanas:

sin temer ni a la crítica del ruido

ni a la pereza y cobardía humanas:

voy a cantar mis versos al trabajo…

¡al sin tregua, al feroz, al a destajo!

II

Pero pido, por Dios, se me permita

no lanzarme de golpe a la faena;

porque mi viejo numen necesita

saber si su cordaje siempre suena,

como el yacán sus miembros ejercita

para bajar sin dudas a la arena:

las aves de gran vuelo alzan su vuelo

después de breves pasos por el suelo.

III

Preludio que, tal vez, me salga largo,

y como largo, fatigoso enredo;

pues, al coger la pluma me hago cargo

de que me impongo más de lo que puedo,

y de mi propia fama sin embargo.

No fío de mi fama y tengo miedo:

¡para la eternidad fiarme de un pase

quisiera lograr yo, con una frase!

IV

Podrá ser que me valgan: ansia firme

de producir el bien de cualquier modo;

más que afán ateniense de lucirme,

furor de semidiós de hacerlo todo;

más que la pretensión de redimirme,

la de bruñir y honrar mi propio lodo;

¡y el fervor masculino, temerario

de hurgar mi corazón, no el diccionario!…

V

¡Y me valieron ya!…gran llamarada

me llenó de saber sin más estudio:

templó mis fibras, afiló mi espada,

con sólo cuatro gotas de preludio;

y aunque las cuatro en si no valen nada,

las dejo como están, no las repudio.

¡Para dar sus mazazos más certeros,

sólo escupen sus palmas los herreros!

VI

¡Levántate holgazán!…¿ves el conjunto?,

la gloriosa verdad de las estrellas,

pues sabe que sin ti, sombra, trasunto,

dejarían de andar y de ser bellas;

¡porque basta que ceda un solo punto,

para verlas caer a todas ellas!…

¡Levántate holgazán: vibre tu pulpa,

peligra el universo por tu culpa!

VII

Nadie te dice, nadie, que no sueñes

y la luz de otros tiempos no vislumbres;

que sin haber subido te despeñes,

y a vivir despeñado te acostumbres;

que la visión angélica desdeñes,

de la paz que sospechas en las cumbres;

¡más de tus sueños de holgazán no hables!;

porque tienen que ser ¡muy miserables!

VIII

Aquel que se desploma en su miseria,

padece la miseria de si mismo…

en su nervio, en su músculo y su arteria,

desteje, desordena el raquitismo:

¡fiebre de destrucción, furor de histeria,

dinámica de sombra y cataclismo!…

¡Levántate chacal: deja tu acecho,

huye para in aeternum de tu pecho!

IX

¡Huye para in aeternun, en el carro

de los suspiros que al gemir exhalas!…

¡fuga, como una esencia de su tarro:

sueña, como una larva, con tus alas;

brota, como una flor brota del barro;

surge de tu dolor, lleno de galas;

ten una vez, hermano, la inmodestia

de pensarte más hombre que una bestia!

X

Llenate de ambición, ten el empeño;

ten la más loca, la más alta mira;

no temas ser espíritu, ser sueño,

ser ilusión, ser ángel, ser mentira.

La verdad es un molde, es un diseño

que rellena mejor quien más delira…

¿que la ciencia es brutal y que no sueña?

¡eso lo afirma el asno que la enseña!

XI

Naciste en el peldaño de una escala,

no en el seno confuso de una nube;

con el cetro en las manos, o la pala

pero raudo y audaz como un querube;

si no son los peldaños es el ala

que te despierta y que te grita: ¡sube!…

¡sube sin timidez, no te abandones;

si te asusta volar, hay escalones!

XII

Escalones vibrantes que repelen

con poderosa percusión elástica,

que a salvar las alturas nos impelen

en una sin cesar marcha gimnástica;

¡anhelación de ser, marchas que suelen

rematar en la púrpura dinástica!…

¡no te duermas, por Dios; no hagas tu nido

en el vil escalón donde has nacido!

XIII

Yantar bien, dormir bien, es lo de menos;

pero soñar lo menos es afrenta;

no es digno del dolor romper los frenos

tan solo por la vianda suculenta;

delante de un redil de vientres llenos

¡prefiero yo la humanidad hambrienta!…

sueñan los grandes monstruos directrices

en un mundo bestial…¡sin infelices!

XIV

Genios de la igualdad, por cobardía,

o piratas protervos de alto bordo,

que quisieran un mundo sin porfía,

sin el pater familia, como el tordo;

mundo como el edén, pura ambrosía

hombre cual un rufián, feliz y gordo…

¡no desarrollan genio las mujeres,

porque sin gran dolor tienen placeres!

XV

¡Dolor, santo dolor; sol iracundo

que a las almas estólidas caldea;

que tortura a las fibras de lo inmundo

hasta que se hacen leña y se hacen tea!

¡Padre de lo mejor, amo del mundo;

generador supremo de la idea;

draga de remoción; llama expiatoria

que convierte las pústulas en gloria!

XVI

Odio por lo tranquilo y uniforme,

y ansia de otro nivel y de otro aspecto;

fiebre de perfección en lo deforme,

y hambre de superluz en lo perfecto;

soberbias de Luzbel; vacío enorme

en el alma sombría del insecto…

eso requiere Dios, para sus planes:

angustias de Satán…¡somos satanes!

 

 

PASIÓN

 

I

Tú tienes, para mí, todo lo bello

que cielo, tierra y corazón abarcan;

la atracción estelar ¡de esas estrellas

que atraen como tus lágrimas!;

II

La sinfonía sacra de los seres,

los vientos, los bosques y las aguas,

en el lenguaje mudo de tus ojos

que, mirándome, hablan;

III

Los atrevidos rasgos de las cumbres

que la celeste inmensidad asaltan,

en las gentiles curvas de tu seno…

¡oh, colina sagrada!

IV

Y el desdeñoso arrastre de las olas

sobre los verdes juncos y las algas,

en el raudo vagar de tu memoria

por mi vida de paria.

V

Yo tengo, para ti, todo lo noble

que cielo, tierra y corazón abarcan;

el calor de los soles, ¡de los soles

que, como yo, te aman!;

VI

El gemido profundo de las ondas

que mueren a tus pies sobre la playa,

en el tapiz purpúreo de mi espíritu

abatido a tus plantas;

VII

La castidad celeste de los besos

de tu madre bendita, en la mañana,

en la caricia augusta con que tierna

te circunda mi alma.

VIII

¡Tu tienes, para mí todo lo bello;

yo tengo para ti, todo lo que ama;

tú, para mí, la luz que resplandece,

yo, para ti, sus llamas!

 

! POBRE JUAN!

 

Te argüirán, entre muecas desdeñosas,

los nenitos, de Juan el carpintero:

que sería más útil un obrero

si ambas manos tuviese habilidosas".

Y después de soltar tan graves cosas,

como quien echa migas a un jilguero,

te dirán: "que rosal y duraznero

son rosáceos los dos, porque dan rosas".

Pero ven cuatro plantas florecidas

esos grandes filósofos enanos…

¡y van y las destrozan inhumanos

cual rapaces querubes homicidas!

Niños: en cada flor hay muchas vidas

y las manos que matan no son manos.

 

¿POR QUÉ NO MANDAS?

 

Como al nacer el sol en el oriente

los negros lomos de la tierra inflama,

como Dios al mirar sobre los pueblos

de ansias de lo mejor llena las almas

en mis tinieblas

casi macabras,

como un rayo de sol fue tu sonrisa,

fulguración de Dios fue tu mirada.

Como brilló una luz en el desierto

para salvar a una nación esclava ,

como cruzó una estrella los espacios

al comenzar la redención humana,

resplandecientes,

a llamaradas,

surgieron, en mi senda, tu sonrisa

y en mi noche angustiosa, tu mirada.

Como el riego copioso de la nube

las duras glebas del erial ablanda,

y los aires impuros purifica

del polvo impuro que su azul empaña,

lluvia de oro,

sonora y franca,

humedeció mis penas tu sonrisa,

purificó mis besos tu mirada.

Como el endeble cráneo de los hombres,

a pesar de caber en sus dos palmas,

la inmensidad del universo encierra

y sus ruines paredes no se rajan;

así el parvo

duomo de mi alma,

está como la aurora tu sonrisa

¡como todos los orbes tu mirada!

Cómo pájaro y flor en las agrestes,

pavorosas llanuras desoladas,

son retoques audaces que proyectan

vida, valor, perfume, resonancia:

en mi solemne,

desierta pampa,

como cántico y flor fue tu sonrisa,

como cántico y flor fue tu mirada.

Como pugna una fuerza prodigiosa

detrás de cada sol y cada larva,

en las moles del mar y del rocío,

en el grano de trigo y la montaña;

tú no me tocas,

tú no me hablas,

y eres la sola vida de mi vida,

su voluntad, su numen, su palanca.

Como en la plena luz del mediodía

semejan un incendio las cañadas,

y a los oblicuos rayos de la tarde

tranquilos mares de bruñida plata,

sol de virtudes,

astro que ama,

tú, sobre todos mis dolores juntos,

las ilusiones de tu luz levantas.

Como al Señor querría el Ángel malo,

si el Señor le volviese la esperanza

y en el vacío enorme de aquel odio

la enormidad de su perdón volcara,

así a raudales,

así a cascadas,

se ha inundado mi pecho de un cariño

que por cielos y tierras se derrama.

Cariño universal que me transporta

más allá de mis dudas y mis ansias,

que me impone surgir del horizonte,

limpio de mis pasiones y mis lacras,

como penacho

de ardientes llamas

que hubiera puesto Dios sobre mi testa,

para darme el dominio de las almas.

Cariño que refunde mis potencias

en la sola potencia sobrehumana

de sentir nada más que lo sublime,

de llorar nada más que por las alas

¡virgen del cielo

llena de gracia

que bajas a gemir con los humanos

y has hecho de mi espíritu tu alcázar!

Allí estarías como la sola dueña,

allí serás la sola soberana:

como siguen los astros a los mares

tú regirás mis ondas tumultuarias.

Reina absoluta

¿porqué no no mandas?

¡yo haré que todo el mundo conmovido

se postre de rodillas a tus plantas!

¡Y te daré de mí gloria una diadema,

de mi mente una túnica de grana,

de. laureles y aplausos una alfombra,

de mi pecho y mi sangre una muralla:

porque yo tengo

virtud en mi alma,

para llenar de admiración los siglos

si una mirada tuya me lo manda!

 

 

TEMPESTAD

 

Agrupándose ligeras

vienen nubes tenebrosas,

y montañas espantosas

en el cielo acongojado

de sus senos, derramado

como un colosal torrente,

agua pura y transparente

que moja el suelo enlutado.

Cruza errante la centella

cual tétrica exhalación;

su estentórea vibración

deja flamígeras huellas;

sopla el viento que resuella

y en el muelle renegrido,

se escucha el recio bramido

del vendaval que se estrella.

Ha alzado el día su vuelo

y en las olas espumosas,

gigantescas y brumosas,

tiende la noche su velo;

débil barca con recelo

va el atlántico surcando

de proa a popa tumbando

entre la cuna agua-cielo.

Como de ronca metralla

un rujido estentoroso

colosal e impetuoso

cual la voz de la batalla;

luego círculos y mallas

se escuchan, se ven rojizas,

y el aquilón que hace trizas

en duros muros estalla.

Es de noche. La oración

se ha alejado del poniente,

quedó desierta y doliente

la confundida creación;

caen hojas en montón,

tiembla el árbol, rueda el nido,

vibra el rumor y el silbido

se escucha del aquilón.

 

VADE RETRO

 

Tu eres joven, como un lirio de los valles,

que recién abre su cáliz,

¡que recién!

los cendales candorosos de sus pétalos de seda

suelta al viento de la aurora...

¡yo soy el trágico laurel!.

Yo soy viejo, carcomido, lamentable,

como un roble centenario,

¡que cayó!

que cayó para in eternum, para nunca más alzarse

por los siglos de los siglos,

¡bajo el látigo de Dios!.

Son tus carnes, azucenas y jazmines

sonrojados a los besos

!de la luz!;

de la luz de cien incendios pavorosos,

de cien soles fulgurantes...

¡más tu carne, no eres tú!.

Tu eres sombra, sombra enorme, sombra misma,

sombra llena de ansias

¡de gozar!.

Tus deseos se retuercen como sierpes iracundas,

insaciadas, insaciables...

¡pubertades de satán!.

 

A LA LIBERTAD

 

Como del fondo mismo de los cielos

el sol eterno rutilante se alza,

como el seno turgente de una virgen

al fuego de la vida se dilata:

Así radiosa,

y así gallarda

se levantó del mar donde yacía

la exuberante tierra americana.

Como prende su túnica de raso

con su joya mejor, la soberana,

como entre todas las estrellas reina

el lucero magnífico del alba;

Así pulida,

y así gallarda

sobre todos los pueblos de su estirpe,

resplandor y joyel, ¡surge mi patria!

Como buscan la luz y el aire libre

las macilentas hierbas subterráneas,

como ruedan tenaces y tranquilas

al anchuroso piélago, las aguas;

Así sedienta,

y así porfiada,

la triste humanidad se precipita

al pie de la bandera azul y blanca.

¡Allí van congregándose a la sombra,

para formar después una montaña!

¡Allí van adhiriéndose en el tiempo

partícula a partícula las razas!

Allí se funde,

y allí se amasa

el hombre, tal como surgió en la mente

del autor de los orbes y las almas.

Que así pulida,

y así gallarda

sobre todos los pueblos de su estirpe,

resplandor y joyel, ¡surgió mi patria!

 

VERANO

 

Velado por fulíginos elásticos de llamas,

con galas y atavíos y aromas turbadores,

de ignotos lares llega con áureas oriflamas,

el príncipe verano, custodiado de amores.

¡Salud, príncipe indigno, laureolado de flores,

guirnaldas y diademas os brindarán las damas,

proyectan tus pupilas fúlgidos resplandores

que a reina primavera revelan que la amas!

Al manto de celajes aéreos y movibles,

ninfáticos poemas le engalanan sus bordes,

cánticos eufónicos, bemoles indecibles,

églogas siderales, himnos indefinibles,

se mezclan en los mágicos, quiméricos acordes,

de laúdes dorados, de reyes invisibles.