Nosotros

 

 

Presentes hoy

casi después de todo,

siempre heridos de tiempo

por si acaso, cruces de piel

creciendo en sol y edades

como a quien no le importa

uno del otro.

 

Testigos desde ayer

a puro miedo, sin un hueco

de fe sobre la espalda hartos de siglo,

vestidos de memoria

y un juguete de fuego

sobre el hombro.

 

Empero

usted soy yo,

tan solo un hombre,

carne de amor tallada

en la estatura un niño

puesto a prueba por el odio,

con  ráfagas de pan en cada arteria,

inocentes culpables enfrentados,

muriéndonos a cuenta del futuro.

 

Yo

soy usted

caído ante el espejo,

con la sombra de Dios

a media asta.

 

 

Rubén Alberto Pérez

 

 

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