Otoño en soledad


Acompáñame.
Voy arañando surcos
con las viejas
palabras heredadas.
El viento desorienta
las semillas
del verso.
El horizonte es gris,
azul, violeta
y una pequeña muerte
ubica los sonidos
en el pico voraz de las
gaviotas.
Acompáñame.
Tienes que comprender
mi otoño,
árbol casi sin hojas y
sin nido;
ocre por todas partes
donde el ojo avizore
algún fantasma
espiando
desde el fondo letal de
mis bolsillos.
Acompáñame.
No está demasiado
lejana
la ineluctable
despedida.
Juntos,
es la mejor manera de
olvidar el olvido,
de dibujar de nuevo el
horizonte,
de encontrar, que no es
en vano,
resucita el poema cada
vez que te mito.
Antonieta De Treviño
de Chulak
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