Soneto a mi escuela

 

Una tarde de octubre, luminosa,

me acerqué con temor a tus portales,

humildemente traspuse sus umbrales

encontrando una madre luminosa.

 

Pusiste a mi cuidado tiernas mentes,

la pureza que inspiran los pequeños.

sería la alfarera de esos niños

modelando la arcilla adolescente.

 

Estoy llena de ti escuela amada,

viví un cuarto de siglo y mil jornadas

impartiendo sagrado aprendizaje.

 

Mi centenaria escuela ¡Tan querida!,

te has guardado memorias invioladas,

que surgen en tropel, en tu homenaje.

 

 

María Teresa Ortiz de Carlomagno

 

 

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