
Yo
espejo en
los ojos de aquellas madres que recibían a sus muertos
vi bajar en guirnaldas de los trenes cuerpos enhebrados
Bajé
Era setiembre en casa de mi padre
Ya no asustaba a las
vecinas que en los ataúdes sembraran crisantemos
y subí al holocausto como un animal sediento a su
propio abrevadero
Era setiembre en casa de mi padre
Las mujeres cargaron sus semillas
Enmarañado
el cabello de una mujer acaricia la maleza
con los ojos abiertos en un abanico estático hacia el
horizonte
sus palmas hundidas feroces en el cuerpo de un niño
completamente desnuda de piel y llanto
Del delirio
belleza en fuga
Ciega de Dios
con una mueca en beso cayendo de los labios
La guerra es un aletear tristísimo de lluvias
Recuerden
yo he enterrado esa desesperación incesante de volver sin mí
Es la noche petrificada de la acecho
la
burla del incesto con los hijos de la patria
debo seguir
trotando trampas de trincheras
Seguir hacia la nada
lamiendo miedo
y seguir
seguir
Seguir de ojos
de labios
de terrores
Seguir de angustias
de entierros
de aporías
Pero ya no continuar
Yo sabía del aroma de azahar en los naranjos
espinas y eternidad
Estoy en cópula con las llaves del infierno
Mirame
Ya he muerto
estoy abrevando de mi propia sangre entre la hierba
y he visto el rostro de Dios llorando sangre
Dame Señor un poco de tus náuseas
un
poco de tu llanto
o tu vergüenza
porque ya no adolezco
Estoy seco de horror
Los astros saben de mi burla hacia lo eterno
Soy un pájaro lleno de silencios
perdido
clarividente en noche de mil años
con la lengua blasfemando vértigos
El tiempo cauteriza el hedor de la carne
Cabellera poblada de hostias el vuelo de las aves
Ardiendo
los ángeles han huido
Pero no temas
No es morir presentir la muerte
Horca destronada
Vértigo y migración de ojos
Humíllala con el rocío de tu frente
Huiré por fin de ser esquivo
de la maleza acerada del espanto
Se desmembran los hombres al
otro lado de las playas
Mortajas errantes
hastiadas hostias
eco torrente confinado al dolor solo
Hay una bestia en mí
insaciable de coágulos y
exilios
una urgencia agazapada
Una cópula aburrida con los signos
Esta trinchera no parirá mi redención
Ajeno de inocencia he tatuado fetos en vientres de mujer
Encumbrada violación que anchas manos rasguñan insensatas
No existe bálsamo donde dar fuga a los despojos
Confines herrumbrados del pánico
Telón de escupitajos hacia el rostro de Dios
En la boca del lirio
es irrepetible
cada respirar
La tierra
mestiza sobreviviente entre botas y sangre
maga descalza en arrebatos de rocío
sostiene un soliloquio eterno con la ignominia de la cruz
y yo
Hermana Tierra
un sitiar desesperado a las lindes de mi cuerpo primitivo
El ángel lloraba su amargura serena
No
sé si pueda recordar
¿Acaso soy yo
ese que camina cubierto de gloria y láudano
mezquino lujurioso de emboscadas?
Lamo el sabor inútil de los manzanos de la niñez
los cuentos al pecho de mi padre que olía a quietud
Y duele ausencias
destemplo ausencias
muy cerca de estos abortos infiltrados de medallas
Si
terminara esta guerra
adónde
ir huérfano de lucha?
Parda profecía revienta
Estalla en secretos laberintos el pájaro de lodo
En las gargantas la furia palpitante de un corazón de hierro
Y hoy
que me arden los párpados en los ojos de Juan
en los míos
en los de todos los soldados muertos
me emborracho del llanto de los vivos
donde una redecilla se sueña
se eleva con aroma a azahar
y un jugo verde
pastoso
cuela las grietas
horada tumbas
cala mi asco
el asco de las damas de caridad que toman el té
y se instala ahí
justo delante y un poco más abajo de la inserción de la lengua
El asco decía
y los azahares
No sé cómo poemar azahar y muerte
Punzo mi grito como la cigarra su canto atrincherado
—¿Te acordás mamá?
El esqueleto me llevaba en brazos
riendo suelta su suelta mandíbula.
enorme riendo
devoradora
(y yo despertaba en llanto dentro de su boca)
La memoria puede expandir los tiempos hasta deformarlos
No sé por qué he venido
Ni
siquiera soy poeta
El
oficio de testigo siempre me produjo horror
Por eso sumo mi música al gemir de las esquirlas en el
vientre Avanzo desnudo
con el odio como herramienta
con la visión de
la muerte como coraza
(Eso dijeron)
¡Si yo sólo siento piedad!
¿Desnudo?
Tengo el abrigo de mi escuadra
De su presencia me embriago
El recuerdo sabe a vino caliente
mano
caricia
a esa madre que arropa las hilachas
que aún conservamos de niñez
En un fogón que agoniza brasas traemos historias
Hay ojos pardos y sonrisas
blancas
Hay llantos de niño y caricaturas del espanto
Hay puños cerrados y bocas
¡tan abiertas!
Estoy desposado con la guerra
¡Con
esta guerra!
Por eso la comprendo
y permanezco en mi amada como en un capullo de aguas en sueño
Ella me ha preñado de infinito
Tal
vez deba callar
Marcela
Predieri
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