LA ENFERMEDAD RESPIRATORIA Y SU PROBLEMÁTICA

Clima frío y húmedo, y torneos. Una buena combinación para la manifestación de las enfermedades respiratorias en  nuestros palomos.

Todos sabemos la crucial importancia que tiene, para el buen rendimiento deportivo, una buena oxigenación de músculos y tejidos. Y esta buena oxigenación sólo puede lograrse cuando el palomo presenta un correcto funcionamiento de su aparato respiratorio.

No resulta ocioso mencionar , aunque sea muy sintéticamente, las características anatómicas del aparato respiratorio de nuestros palomos, ya que su conocimiento permite una mayor comprensión de la enfermedad respiratoria.

El aparato respiratorio de las aves y, por lo tanto de los palomos, es bastante más complejo que el de los seres humanos u otros mamíferos. Aunque  con importantes diferencias de tipo anatómico, podemos decir que, hasta el nivel de los pulmones, puede ser semejante al de otros animales: orificios nasales, senos  (infraorbitarios, situados junto a cada ojo), faringe-laringe (llamada garganta), la tráquea, y su bifurcación en dos bronquios que penetran en sendos pulmones, dentro de los cuales continúan subdividiéndose. Pero en las aves debemos sumar otras estructuras, los llamados sacos aéreos. Estos son delicadísimas “bolsas”  almacenadoras de aire, de delgadas y transparentes paredes, cuya principal función es eficientizar  la ventilación y la oxigenación. Ellos permiten, mediante una funcionalidad cuya descripción  excede este artículo, que llegue aire fresco a los pulmones tanto en la inspiración como en la expiración. Conclusión: la oxigenación de los tejidos y músculos en las aves, tiene lugar a lo largo de todos los movimientos respiratorios, y no sólo durante la inspiración, como en los mamíferos.

Entrando de lleno en la enfermedad respiratoria, podemos decir que se destaca por su complejidad. Es compleja en su etiología (o sea, en los agentes patógenos que la provocan). Lo es también en sus factores predisponentes. Y lo es más aun en su sintomatología, curso, pronóstico y tratamiento. Pero vayamos por partes.

Si bien es evidente la etiología bacteriana de la enfermedad respiratoria,  no se descarta la acción primaria de algún virus. Y en lo que a bacterias se refiere, es común que en un proceso  respiratorio hallemos más de una bacteria comprometida. Mycoplasma, Pasteurella, Clamidia (agente de la psitacosis), Escherichia coli, Stafilococus, son bacterias que pueden estar asociadas al proceso. Por supuesto que, en su origen, pudo haber habido, por ejemplo, un micoplasma que actuó en forma primaria iniciando la lesión. Y que luego bacterias como la E. coli o el Stafilococus, aprovecharon estas lesiones para proliferar, complicar y agravar el cuadro (motivo por el que se las denomina bacterias oportunistas). Esta complejidad en los agentes bacterianos causantes de la enfermedad, ayuda a explicarnos la riqueza en síntomas y la dificultad en el tratamiento.

¿Y cómo llegan estas bacterias a nuestros palomos?. Lamentablemente, las bacterias tienen una notable capacidad de difusión. A partir de un palomo infectado (ya sea propio de nuestro palomar, o palomas silvestres, u otros palomos durante los torneos, o nuevos palomos que ingresan a nuestro palomar), las bacterias causantes de enfermedad respiratoria son eliminadas por muchas secreciones y excreciones: nasales, conjuntivales (oculares), orales, fecales, urinarias, leche de buche, dependiendo de la bacteria en cuestión y del grado de evolución de la enfermedad. La forma más común de propagación, es a través de los llamados “aerosoles”.  Son microscópicas gotitas, provenientes del aparato respiratorio o de las secreciones conjuntivales, que llevan en su interior numerosísimas bacterias. Estos “aerosoles” se eliminan , por ejemplo, cuando el animal infectado estornuda, o sacude la cabeza. Y a través del aire son vehiculizados hasta los palomos sanos, en los que penetran por inhalación o, menos frecuentemente, por ingestión. En algunos casos, cobra mucha importancia  la transmisión por los excrementos. Las heces secas, son elevadas al aire en forma de polvo debido al aleteo o movimiento de los palomos, y penetran, vía respiratoria o digestiva, en los palomos sanos. Por supuesto, que todos estos elementos que contienen bacterias, no sólo llegan a los animales sanos en forma directa, sino que también contaminan agua y alimentos, lo que constituye el mecanismo indirecto de transmisión. No se debe descartar, tampoco, la transmisión de algunas especies de bacterias por  parte de insectos hematófagos, ácaros,etc.

En cuanto a los factores predisponentes, podemos decir que son numerosos y son, básicamente, los elementos sobre los que podemos influír en pos de prevenir o por lo menos no aumentar, la incidencia de la enfermedad respiratoria.

Los vapores de amoníaco provenientes de los excrementos acumulados por más de 24-48 horas, especialmente en palomares poco ventilados, son uno de los elementos más irritantes para las mucosas respiratorias. Y tengamos en cuenta que cuando nosotros recién comenzamos a percibir el olor a amoníaco, nuestros palomos ya hace tiempo que lo están sufriendo en forma de irritación del árbol respiratorio. Y ya sabemos que las mucosas irritadas son un campo propicio para el desarrollo de bacterias y, por lo tanto, de enfermedad respiratoria. Vemos, entonces, que la limpieza del hábitat (retiro de los excrementos) y una buena ventilación, son clave para la prevención. Y una buena ventilación también ayuda a reducir el nivel de los ya mencionados y peligrosos  “aerosoles”, así como de polvo, restos de plumones, exceso de gas carbónico, etc, que dañan las mucosas de nuestros palomos. Pero no hay que confundir la ventilación con las corrientes de aire. Idealmente, el aire debe entrar por la parte baja y salir por el techo. Porque corrientes fuertes de aire de un extremo al otro de las instalaciones, también resultan dañinas. Por supuesto que una buena forma de colaborar con una buena ventilación, es no sobrepoblar el palomar. Y hay algunos detalles que no por simples son menos importantes. Por ejemplo, los aromas fuertes de algunos antisépticos, que pueden resultar muy agradables a nuestro olfato, pueden ser  irritantes para las mucosas de nuestros palomos; también lo son los vapores de la lavandina y el humo del cigarrillo. Muchas noches de invierno debemos cerrar las instalaciones donde están nuestros palomos a fin de protegerlos del excesivo  frío. Es conveniente hacerlo con materiales porosos, como puede ser la arpillera, plastillera, madera o alguna lona. La chapa, el plástico o el vidrio no son materiales convenientes, debido a que el calor de la respiración se condensa en ellos y se transforma en humedad, además de ser muy fríos.

No es deseable la presencia de insectos o roedores en las instalaciones pues pueden ser transmisores de las bacterias.

La debilidad de los animales, provocadas por otras enfermedades (trichomonas, coccidios, vermes  intestinales, etc.) es un muy fuerte factor predisponente para cualquier enfermedad, incluída la respiratoria. Los animales en los extremos de la edad, pichones y animales viejos, son los más susceptibles a la enfermedad debido a la menor capacidad defensiva del sistema inmune.

El stress (torneos, cría, replume, etc), también constituye un factor predisponente.

Y hablemos ahora de la sintomatología.

Lo primero que hay que recordar es que la enfermedad respiratoria produce una alteración en la oxigenación de los tejidos, con la subsiguiente disminución en el rendimiento deportivo y  en la disposición para volar. Existe siempre una alteración de la mucosa respiratoria que, cualquiera sea su localización en el árbol respiratorio, impide el normal y fácil paso del aire; su consecuencia es la dificultad respiratoria (disnea), que se manifiesta, según sea el grado de alteración,  con pico entreabierto constantemente o durante largo tiempo luego de un esfuerzo, por pequeño que éste sea, jadeo y estiramientos del cuello. Y si abrimos el pico del palomo afectado, podemos ver que la glotis, ese orificio de forma romboidal que comunica el fondo de la cavidad oral con el árbol respiratorio, está muy abierto y animado de movimientos de apertura y cierre muy bruscos y exagerados, cuando lo normal es un movimiento suave y  rítmico. Todos estos signos representan intentos del animal por obtener un adecuado nivel de oxigenación.

A estos síntomas, que podríamos llamar funcionales, se suman otros que tienen que ver con la manifestación física de la infección. El orden en que pueden aparecer es variable, así como pueden presentarse sólo uno de ellos, o algunos, o todos. Básicamente se caracterizan por la presencia de descargas, derrames o exudados de material de diferente aspecto en el árbol respiratorio. Cabe aclarar a esta altura que una descarga transparente y acuosa, nos habla de un proceso inflamatorio incipiente que, a medida que evoluciona y se agrava, va haciéndose  espesa y pegajosa, desde blanco hasta amarillo o grisáceo y muchas veces maloliente. Este desagradable aspecto nos indica una segura infección bacteriana. Puede haber derrame nasal que con el tiempo forma costras al secarse alrededor de los orificios de la nariz. Las plumas que los rodean suelen estar pegoteadas por estas descargas y pueden llegar a caerse. Si apretamos los orificios, es probable que podamos observar la salida de exudado, tanto por la nariz como por la fisura palatina. Esta es la hendidura longitudinal que vemos en el paladar superior al abrir el pico del palomo, que recorre desde el extremo hasta la base del pico, y que comunica con la cavidad nasal. También podemos llegar a observar, al abrir el pico, un hilo de exudado que va desde la fisura hasta el paladar inferior. El palomo, en su intento de eliminar estos derrames que obstruyen su vías respiratorias, sacude la cabeza  o intenta limpiar sus narices con las alas. También es típico el estornudo, más fácil de escuchar en el silencio de la noche.

En caso de que los senos infraorbitarios estén involucrados, ya sea en forma uni o bilateral, el acúmulo de exudado dentro de él o ellos termina por producir una hinchazón alrededor del o los ojos, que puede llevar a un cierre de los párpados. Si el acúmulo de exudado es muy grande, puede empujar el paladar superior hacia el interior de la cavidad oral, y puede producir también edema de la cara. En este estado, los palomos pueden morir por inanición, debido a la incapacidad para buscar  alimento por  falta de visión.

La afección del globo ocular puede comenzar con el aspecto de ojo lloroso. En principio, la conjuntivitis que se produce se caracteriza por descargas acuosas que, al hacerse pegajosas y espesas van pegoteando los párpados hasta llegar, a veces a su total oclusión. Y a la conjuntivitis puede asociarse la infección de partes más profundas y vitales del globo ocular (córnea, etc), lo que puede conducir a una ceguera irreversible y a la muerte por inanición.

El aspecto de la cavidad oral normal, al abrir el pico del palomo, es de un color rosado, con la fisura palatina abierta, y el borde posterior del paladar superior terminado en forma de serrucho. En caso de estar afectado en la enfermedad respiratoria, se puede observar  la fisura palatina cerrada, un color muy intenso o grisáceo de la mucosa, y una desaparición, debido a la inflamación, del borde en serrucho (se lo ve lineal). Además puede haber presencia de derrames  y puede llegar a observarse un hilo de exudado que atraviesa  la ya descripta glotis, sobre todo si apretamos el cuello del animal,

En caso de estar afectados los pulmones  y/o  los sacos aéreos, hay una notable depresión del palomo, y la capacidad respiratoria se encuentra muy comprometida . Puede haber posturas antiálgicas, que son posiciones anormales que asume el animal con la intención de evitar el dolor que puede causarle la infección en los sacos aéreos. Debemos decir que, lamentablemente, cuando hay exudados en los sacos aéreos, es muy difícil que el animal se recupere. Porque los sacos aéreos son bolsas ciegas, y  esta característica anatómica, sumada al hecho de que los sacos aéreos carecen de ciertas estructuras protectoras que poseen el resto del aparato respiratorio, imposibilita la salida de los exudados.

Puede haber  “ruidos respiratorios”, causados por la movilización de los exudados por el empuje del aire de la respiración. Pueden escucharse mejor si acercamos el tórax del palomo a nuestro oído. También durante la tos y el estornudo se pueden  llegar a escuchar estos estertores.

En caso de que la obstrucción de las vías respiratorias sea muy severa, la respiración se ve tan dificultada que los niveles de oxigenación que logra el animal son insuficientes. En estos casos, las mucosas comienzan a tomar un color azulado, estado que se denomina “cianosis”, y que es índice de suma gravedad.

Finalmente, todos estos síntomas pueden llevar a un gran decaimiento, a falta de consumo de alimento (anorexia) y a la muerte. Además, muchas veces las bacterias patógenas entran a la circulación sanguínea y, a través de ella, colonizan otros órganos y tejidos. En este estado de “septicemia”, de mucha gravedad, resultan afectados también otros órganos: el hígado, bazo, intestino, los riñones, lo que justifica la aparición de síntomas ajenos al aparato respiratorio, como puede ser la diarrea.

La sintomatología descripta,  nos deja entrever la importancia de la prevención y del diagnóstico precoz de las enfermedades respiratorias. Porque si algo se destaca de su lectura, es el hecho de una evolución progresiva hacia formas cada vez más graves, cualquiera sea el tramo del aparato respiratorio  que se vea inicialmete involucrado. Por otra parte, existe otro tipo de riesgo: la cronificación del proceso. Muchas veces, la enfermedad respiratoria se hace crónica, es decir, convive con el animal en forma permanente: no lo mata, pero el palomo presenta síntomas constantes que hacen que su performance sea  deficiente y continúe eliminando bacterias al medio ambiente, constituyendo un riesgo de contagio para el resto del plantel.  Además, debemos recordar que uno de los posibles agentes causales de la enfermedad respiratoria, la Clamidia, productora de la psitacosis, puede contagiar al ser humano y provocar en él un importante cuadro respiratorio.

Las medidas preventivas se desprenden de lo manifestado hasta el momento. Evitar los factores predisponentes es un muy buen comienzo. Y es imprescindible una esmerada observación de nuestros palomos para poder detectar el más mínimo síntoma respiratorio que aparezca. La apertura de rutina del pico de algunas de nuestras aves en busca de derrames puede constituír una buena práctica.

Hay que destacar, que existe una situación que complica bastante nuestra lucha contra la enfermedad respiratoria. Ella es la existencia de animales portadores. Son palomos que están infectados, o sea, que portan y diseminan las bacterias, pero que no presentan síntomas, o los presentan en forma solapada (bajo rendimiento deportivo, falta de forma, etc). Sólo pueden llegar a manifestar más floridamente signos respiratorios frente a situaciones de exigencia.

Tanto los animales crónicos como los portadores, constituyen una bomba de tiempo para nuestros palomos. Y cobran especial importancia cuando se trata de reproductores. Porque los pichones criados por estos animales, sufrirán de enfermedad respiratoria desde su infancia y será muy difícil su curación.

La enfermedad respiratoria debe ser tratada ni bien se la detecta.  De este modo impedimos su evolución hacia formas más graves y la posibilidad de que se haga crónica. Su tratamiento es difícil, sobre todo cuando no se realiza precozmente, y suele ser largo y repetido en períodos. Son variados los antibióticos que se pueden utilizar: tilosina, antibióticos del grupo de las tetraciclinas, amoxicilina, enrofloxazina. Pero lo cierto es que, debido a la complejidad etiológica de la enfermedad respiratoria, se recurre, las más de las veces, a determinadas  combinaciones de los mismos, las que dependen del cuadro patológico que presente el plantel. También la duración y la posible repetición del tratamiento es dependiente del estado de enfermedad. Y por supuesto, debemos resignarnos a reconocer que hay palomos que no se recuperarán, aun con tratamiento. Es conveniente complementar la acción de los antibióticos con sustancias que ayuden a eliminar  los exudados, tales como los mucolíticos (fluidifican la mucosidad) y los expectorantes. Asimismo, puede resultar útil la administración de sustancias que disminuyan la inflamación de las vías aéreas, a fin de facilitar el paso de aire y colaborar con la mejor oxigenación de los tejidos. Y como todo proceso respiratorio implica daño a las mucosas, debemos facilitar y acelerar su recuperación mediante la administración de vitamínicos ricos en vitamina A y C. La primera, ayuda a la normalización de las mucosas; la segunda, se considera de acción antiinfecciosa. El uso de elevadores de las defensas puede colaborar con una más pronta recuperación de los palomos enfermos. También debemos tratar las enfermedades concomitantes (trichomonas, coccidios, etc), que debilitan a nuestros palomos.

Prevención, diagnóstico precoz y un tratamiento adecuado, son las armas con que contamos para evitar que la enfermedad respiratoria  se convierta en un habitante más de nuestro palomar.  

Liliana G. Ramayo  

  Médica Veterinaria

  Especialidad en Palomas y específicos para su  sanidad

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