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19 de abril de 2008

BENEDICTO XVI VISITÓ LA SINAGOGA

DE PARK EAST DE NUEVA YORK

 

¿Podemos imaginarnos a San Pedro, visitando a los judíos

pertinaces que no aceptaron a Nuestro Señor, en su sinagoga?

 

   Benedicto XVI entró ayer a la sinagoga de East Park en Manhattan a las 5:16 p.m., en lo que fue su primera visita como "Papa" a uno de esos templos en Estados Unidos. Un coro le dio la bienvenida con una canción en hebreo fue un gesto de deferencia ante la numerosa comunidad judía de Nueva York, a quien ha alentado a construir "puentes de amistad" con el resto de las religiones.

   La visita a la sinagoga neoyorquina, que no estaba prevista en un primer momento en el programa de su viaje a Estados Unidos, ha sido incluida a última hora por el Vaticano como un "gesto de amistad" hacia los judíos, que precisamente este sábado comienzan la Pesaj (Pascua).

   Durante su estancia en el templo, donde permaneció cerca de 20 minutos, Ratzinger intercambió algunas palabras con los representantes de la comunidad. El rabino jefe de la sinagoga, Arthur Schneier, de 78 años, de origen austríaco, se mostró muy cariñoso con él y aseguró que los judíos persiguen "un deseo sincero de reconciliación".

   Una acogida y unas palabras por parte del rabino que rebajan las tensiones surgidas después de que instituciones judías denunciaran que el Vaticano quería despreciar y discriminar a esta comunidad con la reinstauración y nueva formulación de la oración en latín del Viernes Santo, en la que se reza por ellos. Ratzinger cambió en esta oración la frase en la que se pedía por la "conversión del pueblo judío", que tantas críticas había ya originado, por un que "ilumine sus corazones para que reconozcan a Jesucristo salvador de todos los hombres", pero tampoco esto aplacó las críticas.

      Texto íntegro de su breve alocución

   "Queridos amigos:

 

   Shalom! He venido aquí con gran alegría, pocas horas antes del comienzo de la celebración de vuestra Pesah, para expresar mi respeto y estima a la comunidad judía de Nueva York.

 

   La cercanía de este lugar de culto de mi residencia, me ofrece hoy la oportunidad de saludarles. Me resulta conmovedor recordar que Jesús, siendo joven, escuchó las palabras de la Escritura y rezó en un lugar como éste. Agradezco al Rabino Schneier sus palabras de bienvenida y le doy las gracias de modo especial por vuestro deferente obsequio, flores de primavera y el canto delicioso que los niños han entonado en mi honor. Sé bien que la comunidad judía ha dado una valiosa contribución a la ciudad, y les aliento a todos a seguir construyendo puentes de amistad con todos los diversos grupos étnicos y religiosos que viven entre ustedes. Les aseguro muy especialmente mi cercanía en este tiempo, en el que se preparan para celebrar las grandes maravillas del Todopoderoso, y para cantar las alabanzas de Aquel que realizó tales prodigios por su pueblo. Les ruego a todos que transmitan mis saludos y felicitaciones a los miembros de la comunidad judía. Bendito sea el nombre del Señor".

 

 
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