Entrenadores: Amor o algo parecido

Muchas veces me pregunto si los entrenadores de delfines, que dicen amarlos,
tienen en cuenta el importante papel que juegan en el negocio de captura y
comercio de delfines.
A todo el mundo le gustan los delfines. Mucha gente sueña con estar cerca
de ellos, nadar con ellos, tocarlos, y quizás, tener alguno a su cuidado. La
forma más fácil de cumplir estas fantasías es convertirse en un entrenador de
delfines. Probablemente en la mayoría de los casos la expectativa de
convertirse en un entrenador de delfines surge de un fuerte sentimiento de amor
hacia los delfines. Pero, ¿es realmente amor?
Si prestamos atención a la relación entre un delfín cautivo y su entrenador se hace evidente que no es justamente lo que uno llamaría una relación equitativa. Un delfín en cautiverio, es por definición, inferior ya que depende completamente de su entrenador para obtener comida, seguridad y atención. Por otro lado, el entrenador, cuenta con una posición más favorable, decide cuando el delfín tendrá satisfechas sus más básicas necesidades. Cuando el delfín tienen hambre, debe contar con que su entrenador aparezca con un balde con pescado. Cuando está aburrido, es el cronograma del entrenador el que dispone cuando es tiempo para recrearse, etc.
Pienso que los sentimientos que tienen los entrenadores hacia los delfines son del mismo tipo de sentimientos de control y posesión que tienen algunas personas hacia otras. Pero la diferencia de situaciones es obvia: una persona puede hablar y defenderse contra este tipo de relación; puede alejarse si no está interesado. Un delfín cautivo no puede. El delfín está acorralado y al ver que realizar actos anormales es la única forma de recibir comida y atención, no le queda otra alternativa que cooperar. En la naturaleza, los delfines tienen control sobre sus vidas. En cautiverio, no. Esta situación de inferioridad crea las bases para la relación entre el delfín y su entrenador."Quiero cuidar un delfín, por eso me convertiré en entrenador de delfines". Esta es una motivación que a menudo tenemos. Me lleva a preguntarme si esta motivación no deriva de un profundo deseo de cuidar, o estar a cargo de otra criatura que se encuentre necesitada. En otras palabras, es una forma de obtener un sentido de importancia, y por ende, una mayor autoestima.
Ningún entrenador de delfines puede negar que el entrenamiento de delfines tiene un efecto negativo en las conductas naturales de éstos: mientras se entrena al delfín para que ensaye comportamientos anormales como saltar a través de aros o permitir a nadadores humanos montarlos sosteniéndose de sus aletas, gradualmente van perdiendo sus habilidades naturales como rastrear y cazar peces vivos. Los entrenadores aseguran que aman los delfines, pero entonces, ¿porqué destruyen sus habilidades innatas para sobrevivir en su hábitat natural? La respuesta es simple: no es al verdadero delfín al que ellos aman. No aman a los delfines cautivos por lo que fueron cuando todavía estaban en estado salvaje. Aman a los delfines por lo que se convirtieron luego de haber sido capturados y separados de la naturaleza. Aman al delfín mascota, al delfín payaso. Es al delfín que ellos ayudaron a crear al que aman. Uno podría sospechar que de hecho es su participación en la creación de estos híbridos lo que aman.

Una cosa es segura: los entrenadores ven a los delfines del modo que deben verlos para poder levantarse todas las mañanas y continuar haciendo lo que hacen. Cuando vean realmente cómo son los delfines, dejarán de hacerlo. "Amo a los delfines, ¿qué puedo hacer para ayudarlos?". Esta es una pregunta frecuente. Algunas veces la mejor forma de demostrar nuestro amor hacia los delfines es simplemente no entrometernos en sus vidas; aceptar el hecho de que los delfines no nos necesitan tanto como creemos, mirarlos como lo que realmente son: animales salvajes
Escrito por Helene O´Barry
-Dolphin Project
Traducido bajo autorización por Facundo Moyano