Flipper va a la guerra

Ahora que la “guerra”
termina, y los bravos libertadores vuelvan a sus cuarteles y empiecen los
negocios en serio; esperemos que el tema de los animales utilizados con fines
militares no sea cubierto por una patriotéra y entusiasta tormenta de arena.
A través de la televisión
pudimos ver a una nueva clase de soldados, soldados animales. Animales que son
tan bien cuidados, que no sólo gustan de realizar espectáculos para el hombre,
sino que hasta son capaces de combatir por ellos. Bullshit.
La televisión “nos dejó”
ver imágenes de delfines patrullando un puerto de Irak en busca de minas
submarinas y hombres rana del enemigo, a la vez que en su pequeña pileta
inflable eran alimentados por un amistoso marine. Estas escenas eran como un
recreo visual al lado de los rostros despedazados y mutilaciones ejercidas por
las bombas. Puede ser, pero no para los defensores de los animales.
El eje central en la
utilización de delfines con fines bélicos es que éstos animales pertenecen a
parques marinos y su entrenamiento fue solventado por ingenuos visitantes que
creen que el dinero que pagan en la entrada sirve para conservar especies y
elevar la calidad de vida de los delfines. Anteriormente, cuando un delfín era
capturado del estado salvaje o nacía en cautiverio, debía sufrir un encierro
permanente, contacto forzado con humanos, rutinas agotadoras y antinaturales,
alimentación artificial, exposición a enfermedades humanas y heridas por
exceso de cloro y otros químicos en el agua de la pileta, acortamiento de la
esperanza de vida, agresiones por parte de animales estresados, supresión de
instintos naturales como cazar y defenderse de predadores, abortos naturales y
cese precoz de la capacidad reproductiva, constantes traslados y separación de
las crías, etc, etc, etc. Ahora, además, puede que sea llamado a combatir,
arriesgar su vida por aquellos libertadores que una vez lo esclavizaron y nunca
más lo dejaron ir.
Algo debe fallar en éstos
programas de entrenamiento, porque a pesar de ser “tan bien tratados” cabe
destacar que en Irak 2 delfines huyeron, volviendo después de unos días, y no
se debe olvidar el caso de la orca Ismael, que en 1971 logró escapar de unas prácticas
que realizaba la Marina de Estados Unidos en Hawai, y todavía no se conoce su
paradero. Estas sublevaciones por parte de los animales demuestran que su
utilización no es conveniente, ya que no sólo ponen en peligro las misiones de
las que muchas vidas dependen, sino que además permiten que animales entrenados
para atacar deambulen sin control por zonas costeras.
A la captura y confinamiento
para exhibición, delfinoterapia o programas de nado, se suma una nueva amenaza
para la supervivencia y bienestar de los delfines: las guerras preventivas.
Empecemos nuestra propia
“guerra preventiva” a la explotación de los delfines, una “guerra quirúrgica”
contra el especismo y el maltrato animal; no visitemos más establecimientos que
mantengan delfines cautivos con fines comerciales.
Facundo Moyano