Está Viva

Pequeña historia

Recordé los días de mi niñez cuando un día triste descubrí una vieja bicicleta de mis hermanas mayores que estaba abandonada en el rincón húmedo de un patio de ropas. Somos una familia numerosa, esas donde los niños son felices con una pelota de fútbol y las niñas con una muñeca de trapo.
Habían pasado muchos días sin fútbol, mis amigos estaban de vacaciones y yo en mi casa sentía el peso de los eternos días de vacaciones sin amigos.

La liberé de todos los cachivaches que guardaba mi papá, por que algún día le podían servir. No fue fácil pero si emocionante, era como dar la mano a una persona que se ahoga, era como si me estuviera pidiendo ayuda, me llamaba.

Era roja. Busqué las herramientas de mi papá que guardaba en medio de los mismos cachivaches. Solo encontré un destornillador, un martillo y un alicate, todos oxidados. Era la primera vez que usaba esas herramientas que ahora eran instrumentos de cirugía.

El instinto me llevó a desbaratarla hasta donde pude, la pasión me guió para armarla hasta donde las manos del niño podían ajustar. Sobraron tantas piezas que podía armar otra bicicleta, logré ponerle el freno delantero con la única guaya que recuperé, las bielas tenían una cuña que reemplacé con una maderita, los neumáticos estaban buenos y el vigilante del barrio me los infló.

Y SALÍ. Por primera vez di un pedalazo. Sabía pedalear, sabía montar, sabía guardar el equilibrio, posiblemente siempre lo supe, era una misión, un instinto guardado en una lamparita de genio que había sido liberado.
Llegué a la primera esquina y el freno delantero me enseñó la primera lección de conducción avanzada. Me paré rápido, el dolor era una tonta circunstancia. Fuí hasta terrenos inhóspitos, viajé hasta barrios que no conocía, sonreí contra el viento en la cara todo el día, fuí muy feliz.
Ese día mi vida cambió, ese día descubrí otro significado de libertad, ese día el niño fue grande, libre, capaz y valiente.

Ayer, cuando recibí mi "City Bike", recordé ese día. La vi en un pequeño almacén y la compré para ir al trabajo. No tiene partes made in USA, ni CE, ni Japan. Tiene sus sonidos, sus quejas, sus cantos, no es una máquina. Hay que dialogar con ella, hay que entenderla, ella te dice si vas muy apurado, ella reclama tu atención, está viva. Muy lejos está de la perfección, del sincronismo del silencio, del carbono, del titanio, está mas cerca de esos días de mi niñez cuando descubrí que el mundo era redondo.

La llamaré "Latina". (Por eso de ser nacional con partes chinas).

Escuchando el Tango Nonino, cantado por Eladia Blazquez y música de Piazzola, los dejo, amigos del sur.

Andres Felipe Jaramillo Enviar mensaje a Andrés
Cali, Colombia (07/02/2002)

Andrés, ahora un gran ciclista, junto a su familia.

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