DOCTRINA CATÓLICA

LA IGLESIA CATÓLICA ES LA ÚNICA
DEPOSITARIA DE LA RELIGIÓN CRISTIANA (*)

   § 3.º Fin de la Iglesia

   140. P. ¿Qué misión da Jesucristo a su Iglesia?

   R. Jesucristo da a la Iglesia la misión de conducir a los hombres a la salvación eterna, mediante la práctica de la religión cristiana.

   El Hijo de Dios fundó la Iglesia para continuar en ella y por ella, hasta el fin de los tiempos, la obra de la Redención. Vino a la tierra a fin de instruir a los hombres, santificarlos con su gracia y conducirlos al cielo. Tal es también la misión que dio a la Iglesia, cuando dijo a sus apóstoles: «Como mi Padre me ha enviado, así también yo os envío

   Los doctores llaman a la Iglesia la manifestación siempre viva de Jesucristo, su encarnación prolongada al través de los siglos.

El Hijo de Dios al venir a la tierra tenía un doble fin: ante todo, rescatar al mundo perdido por el pecado de Adán: es la obra de su muerte en la cruz; después hacer partícipes a todos los hombres de los frutos de la Redención y aplicarles sus méritos. Pues es bien, ésa es precisamente la obra de la Iglesia hasta el fin del mundo.

   1.º El fin inmediato o próximo de la Iglesia es enseñar a los hombres las verdades reveladas administrar los sacramentos que confieren la gracia, hacer observar los mandamientos de Dios, y promover así la práctica de la religión cristiana.

   La práctica de la religión produce la santidad, que conduce al cielo. Por eso el fin remoto de la Iglesia es el conducir a los hombres a la vida eterna, a la visión sobrenatural e inmediata de Dios.

La Iglesia, como todas las obras divinas, tiene por fin supremo el procurar la gloria de Dios. Y a la verdad, ella con su extensión, su estabilidad, su doctrina, las gracias y los beneficios de que es fuente, pone de manifiesto el poder, la providencia, la bondad y la sabiduría de Dios. Y difunde todos los días sobre la tierra el conocimiento del Ser supremo, propaga su culto y hace brotar las más hermosas virtudes. Los numerosos santos que ella engendra alabarán y bendecirán al Señor por toda la eternidad.

   2.º La Iglesia no es más que una sola cosa con Jesucristo. Es Jesucristo mismo prolongando su Encarnación entre los hombres. Y ésa es la razón por la cual nuestros Libros Santos llaman a la Iglesia Cuerpo místico de Jesucristo, complemento de Cristo, su desenvolvimiento, puesto que los fieles, hijos de la Iglesia, están incorporados a Cristo por la vida divina que reciben de Él. «Yo soy la vid, dijo el Salvador a sus apóstoles, y vosotros los sarmientos

   Jesucristo es Doctor, Santificador y Rey de la humanidad. Mediante la Iglesia, continúa su triple ministerio: como Doctor, enseña por la voz de la Iglesia; como Santificador o Pontífice, vivifica con sus sacramentos; como Rey, conduce y gobierna a los hombres con la autoridad de los pastores. Obra por su Iglesia, como el alma Obra por medio del cuerpo. La Iglesia es, pues, Jesucristo enseñando, santificando y gobernando a los hombres.

   La misión de la Iglesia es continuar de una manera visible la misión de Jesucristo. El Salvador dio a sus apóstoles la misión de enseñar a todos los pueblos, de administrar los sacramentos, de promulgar la ley cristiana, y esto hasta el fin de los siglos. Y añadió: «Ved ahí que yo estoy con vosotros…» Por consiguiente, Él les asegura su asistencia perpetua; de ahí un doble deber: deber para los apóstoles y sus sucesores de instruir, de santificar y de gobernar; deber para los fieles de creer en la doctrina enseñada, de recibir los sacramentos, de obedecer a la ley cristiana.

   Corolario

   Es, pues, necesario formar parte de la Iglesia si queremos ir al cielo, no solamente porque el Hijo de Dios, su fundador, ha impuesto a todos los hombres el precepto formal de entrar en su Iglesia, sino también porque, siguiendo el orden establecido por la divina Providencia, sólo en ella podemos conseguir la vida eterna: ella es la única depositaria de los medios de santificación: «Fuera de la Iglesia no hay salvación.» Más adelante explicaremos el sentido y la extensión de esta máxima fundamental.

«Jesucristo, el Hombre-Dios, es el Enviado de su Padre para dar a los hombres la verdad y la vida sobrenatural». —Por el hecho de su misión, ha recibido todo poder para instruir, santificar y gobernar a todo el género humano, para conducir a los hombres a la visión sobrenatural e intuitiva de Dios, a la posesión directa de la bienaventuranza divina, fin último y supremo de la naturaleza humana.

Jesucristo, el Hombre-Dios, el Enviado de su Padre, es el Salvador y el Redentor del género humano; luego todo el linaje de Adán, rescatado con el precio de su sangre, es su conquista, su propiedad. Él tiene por misión incorporarse el género humano para ofrecerlo con Él en holocausto a Dios, su Padre.

La Iglesia es la Enviada de Jesucristo; es la voz y el órgano de Jesucristo; es la Esposa de Jesucristo, es su Cuerpo Místico, su desenvolvimiento, su plenitud.

Enviada de Jesucristo, así como Jesucristo es el Enviado del Padre, la Iglesia está asociada a su misión y, por consiguiente, a su autoridad suprema.

Voz y órgano de Jesucristo, la Iglesia enseña y gobierna a las multitudes en nombre de Jesucristo; es Jesucristo mismo que vive, habla y obra en ella.

Esposa de Jesucristo, a semejanza de Eva, madre de los vivientes, la Iglesia nació del costado del nuevo Adán, durante su sueño en la cruz. Ella recoge a la humanidad manchada por la culpa del primer hombre; mediante la fecunda virtud de su Esposo, la da a luz a una vida nueva, la alimenta con el pan de la verdad y de la gracia, y gobierna a los que ha regenerado con la dulce autoridad de una Madre y con el poder soberano de una Reina.

Cuerpo místico de Jesucristo, la Iglesia incorpora los hombres a Jesucristo al incorporárselos a sí misma, los hace participar de la vida de su Cabeza, haciéndolos vivir de su propia vida, y llamando a todos los hombres, porque Dios quiere la salvación de todos, trabaja con inagotable decisión para hacerlos entrar a todos en su seno, para hacerlos a todos miembros de Jesucristo y llevarlos a todos al cielo.» —Extracto de D. Benoit, Les erreurs modernes.

§ 4.º Constitución de la Iglesia

   141. P. ¿Cómo constituyó Jesucristo su Iglesia?

   R. 1.º Jesucristo constituyó su Iglesia conforme al modelo de una sociedad, de un Estado, de un reino, donde se distinguen dos clases de ciudadanos: los gobernantes y los gobernados.

   Estableció en su Iglesia dos clases de miembros los superiores o autoridades, que enseñan y gobiernan, y los súbditos, que escuchan y obedecen. Los primeros constituyen la Iglesia docente, y se llaman los pastores, el clero, la jerarquía. —Los segundos forman la Iglesia discente, y se llaman los fieles, los laicos.

   2.º Jesucristo confirió a sus apóstoles la autoridad por el sacramento del Orden y por la misión expresa de enseñar y de gobernar la Iglesia. Los pastores se distinguen de los fieles por esta consagración y misión divinas.

   3.º Además, Jesucristo estableció entre los pastores una jerarquía con poderes diferentes y subordinados los unos a los otros.

   En el lugar más alto, Simón Pedro es constituido Cabeza suprema de la Iglesia con plenitud de poderes. —Bajo su dependencia, los otros apóstoles están encargados de enseñar, santificar y gobernar a los fieles. Tienen como auxiliares a los sacerdotes y a los diáconos.

   De esta suerte, la Iglesia aparece organizada como un ejército con su general en jefe, sus generales de división, sus oficiales y sus soldados: es el ejército de Cristo en marcha hacia la conquista del cielo.

   1.º No hay sociedad posible sin una autoridad que gobierne: una sociedad en la cual nadie tuviera el derecho de mandar no sería una organización social, sino un desorden y anarquía. —Además, la autoridad nunca viene de abajo; aun en las sociedades civiles, la autoridad no es una delegación de la voluntad popular, como sueñan los sofistas modernos. Toda autoridad viene de Dios, porque los hombres son iguales entre sí, y sólo Dios tiene el derecho de mandarlos. —Así como es necesaria una autoridad en la familia y en la sociedad civil, así también es necesario que Jesucristo dé a su Iglesia una autoridad que enseñe lo que se debe creer y lo que se debe hacer para llegar al cielo.

   2.º Belarmino demuestra las verdades siguientes

   A) El gobierno de la Iglesia no pertenece al pueblo. —Los apóstoles, que fueron los primeros pastores, recibieron su autoridad no de la Iglesia, que todavía no existía, sino de Jesucristo mismo. —«Id, Predicad el Evangelio…» Desafiamos a los protestantes, que se apoyan solamente en la Biblia, a que nos indiquen el tiempo y lugar en que Jesucristo concede a los simples fieles el poder de enseñar y de gobernar la Iglesia. Los pastores no son, por consiguiente, los mandatarios del pueblo cristiano, sino los enviados de Dios.

   B) El gobierno de la Iglesia no pertenece a los príncipes seculares. —La autoridad que gobierna la Iglesia es una autoridad sobrenatural, y no puede pertenecer sino a aquellos que la han recibido de Dios. Es así que Jesucristo dio este poder a Pedro, a los apóstoles y a sus sucesores, y no a los príncipes. Luego los reyes y emperadores no tienen poder alguno en la Iglesia.

   C) El gobierno de la Iglesia pertenece principalmente a Simón Pedro, y, bajo su dependencia, a los apóstoles. —Jesucristo había colocado ya a san Pedro a la cabeza del colegio apostólico, como, veremos más adelante; y al dejar la tierra, dijo a sus apóstoles reunidos: «Todo poder me ha sido dado en el cielo y en la tierra. Id, pues, y enseñad a todas las naciones, etcétera». —Con estas solemnes palabras, Jesucristo confiere a sus apóstoles autoridad para enseñar su doctrina, santificar las naciones y gobernar las conciencias.

   Cristo posee la autoridad porque es el Enviado del Padre; los apóstoles la reciben porque son los enviados de Cristo: «Como mi Padre me ha enviado, Yo os envío… El que a vosotros oye, a Mí me oye; y el que a vosotros desprecia, a Mí me desprecia…» La autoridad de los apóstoles es la de Jesucristo mismo.

   San Pablo hace notar la necesidad de recibir de Dios el poder de enseñar a los hombres. Quomodo praedicabunt nisi mittantur? Nadie puede predicar sin ser enviado de Dios. Cristo mismo es enviado por su. Padre; Cristo envía a sus apóstoles, y éstos, a su vez, enviarán a sus sucesores.

   Los poderes de estos enviados divinos provienen de un doble origen: del sacramento del Orden y de su misión. El primero les da la potestad de santificar a los fieles con los sacramentos; el segundo, el derecho de enseñarles y de gobernarlos.

La palabra jerarquía significa autoridad sagrada. Designa el orden de los ministros de la Iglesia, sus funciones respectivas y los diferentes grados de autoridad que los subordinan los unos a los otros. Aquí no hablamos sino de los superiores establecidos por derecho divino, es decir, instituidos directamente por el Hijo de Dios.

Jesucristo fundó su Iglesia para salvar a los hombres. ¿Qué se necesita para esto? La gracia de Dios y la cooperación de los mismos hombres.

Ahora bien: 1.º Para dar a los hombres la gracia, el Salvador estableció en su Iglesia el poder de conferir los sacramentos: esto es lo que se llama jerarquía de orden, o los diversos poderes sagrados que da el sacramento del orden. —La jerarquía comprende, por derecho divino, tres grados: el episcopado, el sacerdocio y las órdenes inferiores. —El poder del orden, una vez conferido, no se pierde nunca; los sacerdotes, aun herejes, administran válidamente los sacramentos que no exigen jurisdicción.

2.º Para ayudar a los hombres a cooperar a la gracia de Dios Jesucristo estableció en su Iglesia el poder de enseñar y de gobernar: es lo que se llama jerarquía de jurisdicción. —Ésta comprende, por derecho divino, dos grados: el primado de Pedro y el episcopado. Sin embargo, el sacerdocio participa también de una cierta jurisdicción: la de transmitir a los fieles las enseñanzas y las órdenes de los pastores. Toda la antigüedad cristiana atestigua el origen divino de este orden jerárquio.

   142. P. ¿Qué forma de gobierno dio Jesucristo a su Iglesia?

   R. Jesucristo estableció el gobierno de su Iglesia bajo la forma de una monarquía electiva.

   Eligió a Simón Pedro como Pastor supremo, con pleno poder de enseñar y de gobernar a los otros pastores y a los fieles.

   Quiso que la Iglesia, su reino terrenal, fuera la imagen del reino celestial, donde reina en persona rodeado de los ángeles y los santos.

   Quiso, además, asegurar a la Iglesia la unidad más perfecta y el no tener más que un solo rebaño con un solo pastor.

   La Iglesia es la familia de los hijos de Dios: en una familia no hay más que un padre; —la Iglesia es el reino de Jesucristo: en un reino no hay más que un rey; —la Iglesia es el cuerpo místico de Jesucristo: un cuerpo no debe tener más que una cabeza. Sin esta unidad, la división podría fácilmente introducirse en la Iglesia, como lo prueba la historia.

   Esta forma de gobierno no puede ser cambiada, porque es de institución divina. Establecida por el Hijo de Dios mismo, debe durar mientras dure la Iglesia.

Hay tres formas principales de gobierno: la Monarquía, el gobierno de uno solo, que lleva el nombre de rey o de emperador; la Aristocracia, el gobierno de una clase escogida de ciudadanos; la República, el gobierno de los elegidos por el pueblo. Estas tres formas de gobierno son buenas, cuando la ley de Dios es observada en ellas; cuando no lo es, las tres degeneran en tiranía.

   1.º La verdadera cabeza de la Iglesia es Jesucristo: Él la conserva, protege, gobierna y santifica. Pero es invisible en la tierra, y la Iglesia, compuesta de hombres, es una sociedad visible que exige una suprema autoridad visible. Por eso, antes de subir al cielo, el Salvador nombró a Simón Pedro su vicario, su representante, pastor supremo de la Iglesia.

   2.º ¿Por qué Jesucristo eligió para su Iglesia el gobierno monárquico? Para mantener la unidad perfecta. Quiso que todos los miembros de la Iglesia estuvieran estrechamente unidos: «que sean una misma cosa, como Tú, oh Padre, estás en Mí y yo en Ti». —Si hubiera varios pastores supremos en la Iglesia, se dividirían, y la división bien pronto se extendería a los fieles, lo que quitarla a la Iglesia la unidad necesaria.

   Además, según opinión común de los filósofos, la monarquía es la forma más perfecta de gobierno, forma que regula la marcha del mundo, de la familia, del ejército. —La antigua Iglesia, la Sinagoga, era regida por el sumo Sacerdote en forma de gobierno monárquico. Y Dios no podía manifestar más solicitud por la Sinagoga, la cual debía ser repudiada por Jesucristo, que por la Iglesia, cuya duración debe prolongarse hasta el fin del Mundo.

   — Nadie puede mudar el régimen monárquico establecido por Jesucristo. En ninguna sociedad se puede alterar el poder sin alterar la sociedad misma y modificar su naturaleza. Es as’ que mudar la naturaleza de una sociedad divina sería destruirla; luego debe permanecer como Dios la ha hecho, o desaparecer.

*§ 5.º Primado de san Pedro

   143. P. ¿Jesucristo confirió realmente a san Pedro el poder soberano sobre la Iglesia entera?

   R. Sí; Jesucristo dio a san Pedro la supremacía sobre toda la Iglesia: nada es más cierto.

   1.º Jesucristo dice a Pedro: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno nada podrán contra ella.» Con esto quiere significar que Pedro será el fundamento sobre el cual se levantará el edificio de la Iglesia. Pero como el fundamento de una sociedad, lo que mantiene su unidad y su estabilidad, es la autoridad suprema; luego, con esas palabras, Jesucristo promete a Pedro la supremacía sobre toda la Iglesia.

   — El Salvador añade: «Te daré las llaves del no de los cielos…» Pero, según el modo de hablar ordinario, entregar a uno las llaves de una ciudad es hacerle soberano de la misma; luego Pedro debe ser en la tierra el jefe supremo, el soberano del reino de Jesucristo.

   2.º Después de su resurrección, Jesucristo da a Pedro el primado prometido. Él le dice: «Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas.» Los corderos significan los fieles; las ovejas, los pastores. Luego Pedro está encargado de apacentar y de gobernar todo el rebaño de Jesucristo. El queda nombrado a la vez pastor de los fieles y pastor de los pastores; estos últimos son pastores respecto de los pueblos, son ovejas respecto de Pedro.

   3.º Por lo demás, desde el desde el principio, san Pedro ejerce esta autoridad suprema, que respetaron así los apóstoles como los simples fieles.

   El poder soberano otorgado por Jesucristo a san Pedro se llama primado; se distingue entre primado de honor y primado de jurisdicción. El primero es el derecho de ocupar siempre el primer rango en la Iglesia; el segundo es el derecho de gobernar con pleno poder la Iglesia entera. Jesucristo dio a san Pedro este doble primado de honor y de jurisdicción.

   1.º Jesucristo Promete a Pedro la autoridad soberana. —Por primera Providencia, Jesucristo muda el nombre al que ha elegido para príncipe de los apóstoles: «Tú eres Simón, hijo de Juan; en adelante te llamarás Pedro.» De igual modo vemos en el Antiguo Testamento cine Dios mudó el nombre de Abrahán y de Jacob cuando quiso hacer de estos patriarcas las jefes de su pueblo.

   Un día, el Salvador, en las llanuras de Cesárea, pregunta a los apóstoles qué piensan de Él. Pedro le contesta: «Tú eres el Cristo, Hijo de Dios vivo

   Al oir esta contestación, Jesús mira a Pedro con ternura inefable y le dice: «Bienaventurado eres, Simón, hijo de Juan; porque esto no te lo reveló ni la carne ni la sangre, sino mi Padre, que está en los cielos. Mas yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta Piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos, y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos».

   Ésa es la promesa. Así como un edificio descansa y se eleva sobre su fundamento, sobre su piedra fundamental, así también una sociedad reposa sobre el poder que la gobierna. Siendo san Pedro la piedra fundamental sobre la cual Jesucristo fundó su Iglesia, en él debe residir también el supremo poder.

   — Yo te daré las llaves del reino de los cielos… Se dan las llaves de una casa al dueño, las llaves de una ciudad al soberano. En los Libros Santos, las llaves son el símbolo del poder supremo. A Pedro, pues, y a Pedro solamente, tibi, es a quien Jesucristo promete el, poder soberano,

   — El poder de atar es el poder de obligar a los otros mediante leyes; y como en la tierra nadie podrá desatar lo que Pedro haya atado, se sigue que su poder será soberano e independiente.

   2.º Jesucristo da a Pedro el poder supremo. —Después de su Resurrección, Jesucristo cumple la promesa hecha a Pedro, y le confiere la supremacía. Pedro y los demás apóstoles están reunidos a orillas del lago de Galilea. Jesús viene hacia ellos y dice a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?» —Simón contesta: «Sí, Señor, Tú sabes que te amo.» —Jesús replica: «Apacienta mis corderos

   Jesús le pregunta de nuevo: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?» —Pedro contesta: «Sí, Señor, Tú sabes que te amo.» —Jesús le dice: «Apacienta mis corderos.»

   Jesús le pregunta por tercera vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?» Turbado Pedro al oir esta tercera pregunta, contesta: «Señor, Tú conoces todas las cosas, Tú sabes que te amo.» —Jesús le dice: «Apacienta mis ovejas».

   De esta manera nuestro Señor constituyó a Pedro Pastor, no solamente de los corderos, sino de las madres de éstos; no solamente de los fieles, sino de los mismos pastores. Pedro, pues, es el Pastor de los pastores, y la Iglesia está fundada sobre una sola cabeza. Ahí tenéis la institución del primado.

   No hay duda que, si Pedro es llamado fundamento de la Iglesia, debe sostener a ésta toda entera; si sólo él recibe las llaves del cielo, sólo él debe poseerlas de una manera soberana; si recibe aparte, y antes que todos los demás, el poder de atar y desatar, quiere decir que no debe poseerlo de la misma manera que los demás apóstoles; si se le confía el cargo de apacentar los corderos y las ovejas, quiere decir que por eso mismo queda constituido en Pastor supremo del rebaño.

   3.º El primado de Pedro es reconocido por los demás apóstoles. —Pedro es nombrado siempre el primero y presentado como superior del colegio apostólico. «El primero en todas las formas, dice Bossuet, el primero en confesar la fe; —el primero en la obligación de practicar el amor; —el primero de los apóstoles que vio a Jesucristo resucitado de entre los muertos, como debía ser el primer testigo de esa resurrección ante el pueblo; —el primero cuan-do se tuvo que completar el número de los apóstoles; —el primero que confirmó la fe con un milagro; —el primero en convertir a los judíos; —el primero en recibir a los gentiles —el primero en tomar la palabra en las asambleas si es reducido a prisión, toda la Iglesia reza por él si habla, pastores y fieles, todos le escuchan y acatan sus órdenes,. El propio san Pablo, aunque instruido directamente por Jesucristo viene de intento a Jerusalén para ver a Pedro y solicitar de él la confirmación de su apostolado, a fin de dejar establecido para siempre que, por docto, por santo que uno sea, aunque fuera otro san Pablo, es preciso ver a Pedro Y recibir de él la misión y los poderes».

   144. P. El poder supremo conferido por Jesucristo a Pedro ¿debía pasar a sus legítimos sucesores?

   R. Sí; porque, según las palabras de Jesucristo, la autoridad de Pedro es el fundamento de la Iglesia; y el fundamento de un edificio debe durar tanto como el edificio mismo.

   Además, la Iglesia es un reino, y necesita un rey; una casa, y necesita un amo; una familia, y necesita un padre; una nave, y necesita un piloto; un cuerpo, y necesita una cabeza; un edificio, y necesita un fundamento, y esto hasta la consumación de los siglos.

   Si Pedro muere, su poder supremo subsistirá. Instituido, este poder para la Iglesia, debe durar tanto como ella. El sucesor de Pedro le sucede en su poder y en sus prerrogativas.

   Por eso, desde los apóstoles hasta nuestros días, el obispo de Roma ha sido reconocido siempre como el Pastor supremo de la Iglesia, porque es el sucesor de Pedro.

   l.º La razón pide que el primado de Pedro pase a sus sucesores. —Bossuet resume así la tradición católica: —«Que no se diga que este ministerio de san Pedro acaba con él: lo que debe servir de fundamento y de sostén a una Iglesia eterna no puede tener fin. Pedro vivirá en sus sucesores; Pedro hablará siempre en su cátedra».

   Jesucristo ha establecido el primado de una suprema autoridad para conservar en la Iglesia la unidad de fe y de gobierno. Pero esta unidad debe durar cuanto la Iglesia misma, es a saber, hasta el fin de los siglos. Luego es necesario que baya siempre una suprema autoridad, un jefe en la Iglesia.

   2.º La historia la demuestra. —Desde san Pedro hasta Pío XI, vemos al Papa hablar y proceder corno Cabeza de los obispos y de los fieles, convocar concilios, condenar herejías, juzgar con pleno derecho y en última instancia las cansas contenciosas, llevadas siempre ante su tribunal. Luego Pedro vive siempre en sus sucesores.

  


* Sacado de: La Religión Demostrada del Padre Hilaire. 1