Los sembradores en la Tierra

En la hora de la llegada de los salesianos a la Patagonia austral, comprendida a ella la zona continentalal sur del rio Negro hasta el estrecho de Magallanes, y a la Tierra del Fuego, habitaban aquel dilatado territorio diversas razas indígenas y comenzaban a poblarla seres de raza blanca, venidos desde los confines del mundo. En las almas de los aborígenes estaba destinado a emplearse el celo misionero de los salesianos; sobre aquel material humano pensaban derramar la semilla y sembrar la palabra de Dios.

Veamos un poco en qué consistía estos rústicos hijos de la tierra patagónica, magallánica y fueguina, entrevistos por San Bosco en sus sueños sobrenaturales y que atrajeron luego su solicitud paternal.

En la estepa patagónica vivían en aquel tiempo los tehuelches, agrupados en escasas tribus que ambulaban independientemente la una de la otra detrás del cacique, persiguiendo al guanaco y el aveztruz. La carne de estos animales constituía su principal sustento, y rías y más que nada el aguardiente del blanco. En sus largas correrías, los tehuelches seguían un ciclo anual impuesto por el clima. Así en la época invernal emigraban hacia el norte y llegaban hasta Carmen de Patagones, villorio que contituía el límite de la zona civilizada argentina, una especie de garita de centinela en el linde de lo desconocido. En cuanto la primavera derretía las últimas nieves, las tribus se ponían en marcha hacia el sur, caminio hacia el estrecho de Magallanes, distante mil quinientos kilómetros, y llegaban hasta las inmediaciones de Punta Arenas, población chilena, donde realizaban su comercio. Las relaciones entre tehuelches y blancos se desarrollaban en todo pacífico y términos comerciales; pero, tal como lo advierto, en los dos lugares extremos de la Patagonia. El hombre civilizado apenas si se animaba a introducirse en ese territorio en gran parte casi inexplotado carente de recursos naturales, privado de medios de comunicacion y, principalmente, huerfano aun de la accion oficial, desde el momento que el dominio territorial de Chile la Argentina recien acababa de consolidarse con un tratado de limites(1881). Las tribus tehuelches en aquella epoca comenzaban a perder su fortaleza y resistencia fisica que habian mantenido hasta entonces en el medio natural. El contacto, la mezcla subsiguiente con el blanco y la adopcion de sus vicios comenzaban a minar la robusta raza.

En la Tierra del Fuego vivian los onas. Lo mismo que los tehuelches, eran tribus eminentemente nomadas; pero, a diferencia de estos, que vivian sobre el lomo de los caballos, el ona era andarin infatigable y no usaba otro medio que las robustas piernas para ir y venir a traves de la Isla Grande, desde la costa atlantica a la de la bahia Inutil, desde la rivera del estrecho de Magallanes a la del seno del Almirantazgo, el gran lago que lo continua (hoy Fagnano)y las laderas de la cordillera que separa esa region, suavemente ondulada y pastoril, del canal Beagle. El grupo indigena, siempre en acecho para la caza, de donde extraia su unico sustento, se encamina en hileras: iban los hombres a la cabeza, armados de sus arcos y flechas, en cueros durante el verano y envuelto en invierno con la capa de guanaco, y les seguian las mujeres llevando a cuetas todo el patrimonio familiar: cueros y estacones para los toldos, utiles y proviciones y, como si esto fuera poco, ademas las crias.

El primer contacto de los onas con los blancos, en la fraccion jurisdiccional Argentina de la Isla Grande de Tierra del Fuego, ocurrio a fines del 1886 y cuando llego alli la primera expedicion oficial al mando de don Ramon Lista. Mas o menos en la misma epoca hacia su aparicion espectacular en la misma region el ingeniero rumano Julio Popper, al mando de una expedicion semi-oficial. En la primera expedicion venia incorporado, en calidad de capellan, el benemerito salesiano don Jose Fagnano.

El ona no recibio con muestras de mucha simpatia esta invasion del blanco; y asi el primer encuentro resulto un primer combate, del cual, va por supuesto, fueron victimas los indigenas. Felizmente para ellos, desde aquel dia se cernio protectora la figura heroica y paternal del salesiano que mas adelante se encargaria de instalar las misiones donde los onas hallarian albergue y proteccion.

Sobre las margenes del canal Beagle y las Islas Aledañas que forman el laberinto que se extiende hacia el sur hasta dar termino en el cabo de Hornos, sombrio peñon que marca el extremo continental sudamericano, habitaban los indios yaganes. Estos aborigenes en nada se parecian a los Tehuelches, ni tan siquiera a los onas sus parientes cercanos con los cuales se mantenian a la vista pero separados por una cordillera y una comun malquerencia. Para estos el sustento provenia de la pesca y el marisco que habia que recojer en las playas en la baja marea.

Al termino de cada una de las incursiones y si ellas resultaban fructiferas, los yaganes se introducian en sus wigwams, especie de rucas constituidas por troncos y ramas, y rodeaban la fogata que ardia en medio de ella; y alli se estaban hasta que, concluia la provision, habia que salir a renovarla. De tanto remar sentados en la canoa, al yagan se le habia desarrollado el cuerpo a expensas de las piernas, que las tenian raquiticas y combadas. Los yaganes llevaban trabada una larga relacion con los blancos desde que aparecieron en sus naves en los canales, en los cuales de tanto en vez naufragaban. El descubrimiento, por los hidrografos ingleses de la Beagle, del gran canal que llevaria su nombre, fue el comienzo de un trato a veces amistoso, otras agresivo, que culmino con la instalacion de la mision anglicana en el paraje. En la epoca que nos interesa, aun se mantenia en Ushuaia la mision, a cargo del reverendo don Thomas Bridges, pero se estaba en la vispera de suprimirla pues, como el elemento indigena, despues de un proceso infeccioso que minaba sus filas desde hacia 100 años, quedaba reducido a escasisimo numero, el misionero protestante juzgaba que no podia ya justificarse el gasto de su matenimiento.
Finalmente, existian los alacalufes, especie de desmembramiento de la familia yadan como parientes venidos a menos, que habitaban la region de los canales magallanicos y de la Patagonia occidental. Estos indigenas, en grupos espaciados, recorrian los intrincados canales siempre en procura del magro sustento que les ofrecian los peces y mariscos, y cazando, ademas, la nutria, con cuyas pieles cubrianse la espalda y tapaban los huecos de sus destartalados bohios. Cuando la oportunidad lo permitia, traficaban estas pieles con los tripulantes de los barcos que alguna que otra vez surcaban la region. El padre Fagnano, aquel capellan que acompaño a la primera expedicion oficial argentina a la Tierra del Fuego, vislumbro con anticipacion genial al grave problema que se plantearia a los naturales cuando asomaran en la region austral los blancos. la pruimer exploracion ya comprobo la existencia de arenas auriferas en la costa atlantica y en los rios que desembocaban en ella, lo que origino la loca carrera hacia el oro de cuanto aventurero existiera a la redonda. Esa invasion codiciosa y despiadada no llevaria capellanes. El misionero salesiano, con un celo heroico e infatigable, se dio entonces a la tarea de crear los centros necesarios; y asi fue como, despues de una exploracion minuciosa por la region magallanica y fueguina cuyos limites he apuntado mas arriba y de trabar contacto directo con esas tribus que he presentado al lector de manera tan esquematica, el padre Fagnano instalo sus misiones de San Rafael en la isla Dawson(1889) y de La Candelaria en Tierrra del Fuego( fundada en 1894 y construida luego de un primer incendio en 1897). Las predicciones de Fagnano pronto se cumplieron, pues tras los buscadores de oro que perseguian la quimera del vellocino, que siguieron los que procuraban el vellon y buscaban para eso poblar esos buenos campos de pastoreo con hacienda lanar. La convivencia pacifica era imposible entre el indigena ambulante que no tenia nociones de lo que era bueno o malo, legitimo o delictuoso, propio o ageno, y que solo eran guiados por el instinto, con los lavadores de oro y mas tarde los ganaderos, que buscaban explotar la tierra dentro de las normas usuales en la zona civilizada.

Se desarrollo entonces, aunque en mucho menor escala, la lucha eterna entre la barbarie y la civilizacion, tal como habia ocurrido en todo el territorio de la Republica hasta terminar con la Campaña al Desierto.

Los salesianos, entonces, y al margen de la mision simplemente evangelica, cumplieron una lavor humanitaria y conveniente para los intereses generales. Sin economizarse, los salesianos buscaron y recogieron las tribus aborigenes dispersas y acorraladas y las llevaron a sus centros donde les prodigaron albergue y comida, impartiero instruccion primaria a los niños y ofrecieron trabajo digno a los adultos. Las misiones se convirtieron en pequeñas estancias donde todos los trabajos eran realizados por los aborigenes bajo la direccion de sus maestros, a quienes he visto amenudo, arremangada la sotana dando el ejemplo de la laboriosidad en las faenas del baño y de la esquila. El producto de la explotacion servia para mantener abiertas las misiones y para ampliar sus instalaciones. Al recibir, agrupar y civilizar estos aborigenes, que eran una remora para el progreso, se permitio el desarrollo economico de esas regiones que constituyen ahora emporios de riquezas.

Inicio