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Rubén Tamborindeguy

TabarÉ VÁzquez, ¿nazi?

Hay cosas que no dejan de asombrarnos. Realmente si no fuera por lo dramático del asunto, hay noticias que deberían pasar a formar una antología del disparate, y sólo podrían producir risas o incredulidad. Pero no, son reales, tan reales y repetidas que muchas veces no les damos importancia.

Pero en este caso se pasaron de la raya.

El martes 11 de julio de 2006, nos enteramos de la reacción intempestiva del embajador de Israel en la República Oriental del Uruguay, en relación con la opinión crítica de la Cancillería de ese país, con respecto a la salvaje agresión sionista a los palestinos en Gaza.

Aparentemente, para los señores sionistas no se puede ni siquiera tener una opinión discrepante con respecto a los hechos que protagonizan a diario.

Confesamos no tener simpatía por el gobierno del Sr. Tabaré Vázquez, variante progre de la Banda Oriental, pero de allí a tolerar que los sionistas actúen como comisarios políticos de las opiniones de los iberoamericanos, hay un trecho bastante largo. La opinión destemplada del embajador israelí, acusando prácticamente al gobierno oriental de antisemita y filoterrorista, es una guarangada. El canciller del gobierno de Tabaré sólo había expresado la preocupación por las víctimas inocentes, el no cumplimiento por parte del Estado de Israel de las resoluciones de la ONU y el secuestro de los ministros palestinos. Por supuesto, salieron a relucir los seis millones.

Es decir, usted es libre de criticar a los comunistas y a los radicales, a los peronistas y a los conservadores, a los frenteamplistas y a los colorados, a los socialistas y a los nacionalistas. Pero si critica a los sionistas, usted, automáticamente, se convierte en un antisemita, nazi, fascista, racista, etc., etc. Una porquería de persona, bah. Si los nazis matan, son criminales; si los fascistas matan, son criminales; si los comunistas matan, también son criminales. Si los sionistas matan, es porque se defienden. ¿Se defienden de qué? ¿De mujeres, niños y viejos inermes? ¿De tipos que sólo pueden oponer a los aviones, tanques, cañones y demás yerbas del arsenal israelí, su autoinmolación?

Hace algunos años, en plena guerra fría, todo el mundo, incluidos los sionistas se escandalizaba por el muro de Berlín que separaba a las dos Alemanias. El “Muro de la Vergüenza” le llamaban. Y era de verdad una vergüenza. Pero los que ayer criticaban –norteamericanos, israelíes, franceses, ingleses, liberales, progres y toda la merza– hoy se callan la boca y se hacen la gallina distraída ante la ignominia del muro que están levantando los sionistas entre Israel y Palestina y el muro que está levantando Estados Unidos en su frontera con México.

Entonces, ¿qué? ¿Dónde están los derechos humanos? ¿O los palestinos no son humanos? ¿Y nosotros? ¿Ni siquiera nos está permitido criticar el genocidio? ¿Ni siquiera tenemos derecho a opinar sin ser automáticamente tratados de “racistas” y “antisemitas”? Siempre la política del chantaje, del apriete. No podemos opinar ni siquiera en nuestra propia casa. Y cuando a pesar de todo, opinamos, salta un embajador o un cónsul para taparnos la boca. Y tras de eso, toda la algarabía de los patos de la charca de los medios de prensa, las asociaciones civiles, de derechos humanos, “fuerzas progresistas”, que nos recuerdan el Holocausto y los seis millones…

Por eso es necesario decir las cosas claras, llamarlas por su nombre, aunque esto nos traiga por consecuencia el mote que les dé la gana: nosotros, los iberoamericanos, nunca fuimos racistas, nunca discriminamos a nadie y no matamos a nadie. No nos pueden hacer cargo por ningún holocausto. Muy por el contrario, recibimos a los emigrados judíos como a cualquier otro emigrado que pisó estas tierras: con la mano tendida. No tienen ningún derecho a cargarnos con esta factura. No les debemos nada. A otro perro con ese hueso.

Ahora, si pretenden que debamos ejecutar actos de vasallaje, se equivocaron de barrio.

Cuando el ex presidente De la Rúa visitó Washington, apenas recibido del gobierno, lo llevaron a visitar el Museo del Holocausto. Y el infeliz no tuvo mejor idea que pedir perdón “por los seis millones de muertos por el nazismo”. ¿Perdón por qué? ¿Fue nazi De la Rúa? Que sepamos, era radical. Y en todo caso, si consideraba que debía pedir perdón por algo, que lo hiciera a nombre propio, no al del pueblo argentino, que no le hizo daño a nadie.

Estos chantajes sirven para tapar los asesinatos, los latrocinios, las torturas, las vejaciones. ¿Qué tienen que pagar los palestinos por crímenes ocurridos en Europa, y efectuados por europeos sobre europeos, si ellos son árabess y no participaron de ellos? Perdieron su tierra, perdieron su libertad, ¿ahora deben perder también la vida?

Y un gobierno soberano, ¿ni siquiera puede expresar su desacuerdo? Se tiene que terminar este chantaje, esta limpieza étnica, esta mentira, esta estafa.

Dentro de pocos días se reunirán en Córdoba, República Argentina, los integrantes del Mercosur. Sabemos que uno de los proyectos es la libertad de comercio con Israel. Y allí vamos a saber quién es quién en nuestras repúblicas sudamericanas. Quién es antiimperialista en serio, y quien declama y se acomoda a las circunstancias. Quién está en serio contra el imperialismo, venga de donde venga, y quién trata de sacar ventajas de la muerte. Veremos si los “derechohumanosos” toleran aliarse comercialmente con los sionistas, legalizadores de la tortura. Y veremos cómo reaccionan los que puteaban contra el ALCA, porque detrás del sionismo, vienen los estadounidenses.

El imperialismo es una unidad. Pueden tener contradicciones entre ellos, pero son secundarias. Como los argentinos aprendimos en las Islas Malvinas, si uno toca a uno de ellos, todos se agrupan en la defensa común.

Esto ya es una historia archisabida. La conocemos los hispanoamericanos desde hace 200 años. Cuando el virrey Cevallos se opuso a la penetración portuguesa de correligionarios de estos que hoy gritan tanto, también se lo trató de ser discriminatorio. Quienes así se expresaban se dedicaban al contrabando y al tráfico de esclavos, que como se sabe, son actividades altamente progresistas Cuando vencieron la resistencia del gobierno de turno, los portugueses compartieron el negocio con los ingleses, y tuvimos mercado de venta de esclavos en Retiro. Así se escribe la historia, y así la seguiremos escribiendo si no escarmentamos y si nos seguimos dejándonos correr por estos atorrantes internacionales sionistas.

El pueblo uruguayo, al igual que el argentino, es un pueblo amable y solidario, que nunca discriminó a nadie por su color, su raza o su religión. La prueba es que seguimos viviendo todos juntos. Pero ser amable y solidario no significa hacer tierra arada de nuestras conciencias.

Y aquí me despido yo
Que he relatado a mi modo
Males que conocen todos
Pero que naides contó


Fuente
Rubén Tamborindeguy
tamborindeguy@ubbi.com

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