RETRATO DE JOVENES ARGENTINOS DE A PIE

Ni la balsa para naufragar


La Commodore 64, el Naranjú y el Chavo fueron parte de sus infancias. Nacieron durante la dictadura o en los primeros años de la democracia. Durante la guerra de Malvinas les enseñaron a esconderse debajo del pupitre en caso de un ataque enemigo. Alguna vez, al menos, fueron desalojados del colegio por una amenaza de bomba en los 80. Admiran a los Redondos, a Soda Stereo, a Divididos. Cargan el estigma de ser una generación despolitizada, pero la crisis los movió a generar alternativas. Son jóvenes de entre 18 y 25 años a los que les ha tocado en suerte ser argentinos, en un contexto de crisis y recesión.

Gabriel Messina tiene 25 años. Trabaja en una consultora y vive en Almagro con sus padres. Una clase política nueva sería lo ideal, con gente más joven y con otros ideales. Los políticos que ya estuvieron saben cómo manejar el curro. Me gustaría aportar algunas ideas, en el barrio, ayudando a los vecinos que están en una mala situación. 

Nació hace 22 años en Caracas, durante el exilio de sus padres. Con ellos y con su hermana menor vive en Palermo. A Mariana Peluffo le quedan siete materias para recibirse de psicóloga en la UBA. Trabajaba en una pequeña empresa familiar que, debido a la crisis, cerró. Me interesa la política en lo que me atañe como ciudadana. Y creo que la política necesita una dirigencia que piense más en el pueblo y menos en las multinacionales y en las empresas. Las movilizaciones y los cacerolazos son la saturación del pueblo que siente que lo pasan por encima. Me gustaría aportar para que mejoremos un poco. Hay que producir un cambio de base y para eso se necesitan nuevas ideas. 

Siempre fue difícil vivir del arte. En la Argentina y en el mundo. Pero el arte que se funde con la vida es una expresión política de las más contundentes. Es difícil creer que vamos a cambiar el mundo, dice Emiliano Penelas, 24 años, cineasta. Vive en Congreso con sus padres y su hermano, y es ayudante de cátedra, ad honorem, en Imagen y Sonido de la UBA. El documental Matanza, que hice con el Grupo Documental Primero de Mayo, es sobre los piqueteros, pero no los de la cara tapada que queman neumáticos. Es la historia de un grupo familiar. La primera vez que lo pasamos en público, se acercó una señora llorando diciéndome que ella siempre había sido crítica con los piqueteros y que ahora había cambiado de opinión. 

A menudo se contrapone el compromiso de la generación de los 60 y 70 a la apatía política de los jóvenes de los 90. "Los jóvenes son un síntoma de los tiempos que se viven", responde el sociólogo Marcelo Urresti, en su trabajo Paradigmas de participación juvenil: un balance histórico. Y destaca la inserción de los jóvenes en prácticas barriales y comunitarias. Silvia Flores tiene 21 años, vive en Isidro Casanova y es integrante del "Movimiento de Trabajadores Desocupados". Todos tenemos una política, como la de decir ''buen día, buenas tardes''. Por eso yo tengo futuro: el que voy a construir. Si empezamos a trabajar por los barrios, por ahí va la cosa. Quiero generar un espacio de educación popular, porque en la escuela de educación formal te enseñan a hacer lo que te dicen. 

La consultora Graciela Römer y Asociados entrevistó a 175 jóvenes en diciembre, de los cuales el 53 por ciento dijo no identificarse con ninguna ideología. Pero hasta el más despolitizado se preocupa por su futuro y, consecuentemente, está muy al tanto de la situación del país. No milité jamás, cuenta Ramiro Costa, de 24 años. Vive en Belgrano, está terminando la licenciatura en Economía, trabaja en la Bolsa de cereales y tiene un negocio de computación en Pergamino, donde nació. Hay un espíritu de cambio, las cacerolas lo demuestran. De todas maneras no veo que exista un proyecto político para cambiar las cosas. Sí lo veo en la juventud. Yo por ahora prefiero terminar mis estudios y después meterme a hacer algo. Me gustaría entrar a la política como economista, siendo asesor. 

Si los políticos le siguen robando a la gente, acá no se va a poder vivir en paz. La que habla es Sonia Martínez, de 19 años. Vive en Avellaneda con su novio y su hijo de un año, en la casa de sus suegros, y trabaja en una remisería. En mi barrio a veces hay reuniones con los vecinos. Se organizan bailes y mateadas. Es divertido. Pero más allá de eso, lo que se busca es integrar al barrio. Hoy en día al que no se organiza lo pasan por arriba. Las formas de participación popular que nacieron a la luz de los sucesos de diciembre parecen un hecho histórico. La clase media en la calle y su reciente acercamiento a las protestas de los piqueteros hablarían de un cambio profundo en el comportamiento social: la gente busca alternativas, espacios de acción por su futuro.
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