El Lobo que Nunca Duerme "Yo haré que la gente pobre sea tan rica como nosotros somos. Ciertamente tienen derecho a ser tan felices como lo somos nosotros. Deben ustedes rezar a Dios siempre que puedan. Pero no basta rezar para ser bueno, deben tratar de ser muy buenos". Estas palabras están escritas bajo el encabezado: "Leyes para mí cuando sea grande", por R. S. S. Baden-Powell, justo después de su octavo cumpleaños. Después de su octagésimo aniversario, escribió: "He tenido una vida sumamente feliz y deseo que cada uno de ustedes tenga también una vida feliz. Hallarán que el Paraíso no es una clase de felicidad en algún lugar del cielo después de nuestra muerte, sino que está aquí y ahora, en este mundo". Este último mensaje lo escribió para los niños y niñas Scouts, y Guías, a quienes el Jefe tanto amaba, y este mensaje sin duda muestra que lo que B.P. escribió de niño, cuando tenía 8 años, lo llevó al cabo durante toda su vida. Nadie puede llegar al fin de una larga vida y ser completamente feliz a menos que haya aprendido a ser leal a Dios, a ayudar a los demás, así sean ricos o pobres y a tener alguna ley en su vida que les sirva de norma. Este libro es sólo una de las muchas historías que han sido escritas sobre este gran hombre, Baden-Powell de Gilwell. El entrenó a niños y niñas para ser la correcta clase de hombres y mujeres, y la razón por la cual este entrenamiento tuvo éxito fue porque él se entrenó primero en cosas tales como estar alerta, tener sentido común, salud, disciplina y el gran arte del buen compañerismo. Por último, aunque igualmente importante, él estaba siempre listo y no eludía ninguna responsabilidad. La muchacha o chico que quiera ser un gran hombre o una gran mujer -y gran parte de ellos lo desean en el fondo de su corazón- debe seguir las enseñanzas de B-P el hombre, quien era ante todo un cristiano y un caballero. Decir esto es hacer una aseveración realmente grande de alguien, y cuando los jóvenes de hoy piensan en el futuro -¿Qué voy a ser en la vida? ¿Qué voy a ver en la vida? ¿A dónde voy a ir en la vida? ¿Qué voy a hacer en la vida?- deben encaminar todas las respuestas a estas preguntas diciéndose que sea lo que sea que la vida les depare, primero deberán luchar por hacer del mundo un mejor lugar para que los demás vivan en él. Llegó el día en que B-P, un anciano valiente y joven de corazón, visitó sus sitios favoritos en Inglaterra por última vez. Había decidido vivir en África los últimos años de su vida, y lo había planeado poco a poco y dignamente. No hizo ningún alboroto como muchos hacen al final de su vida. Nunca pronunció esas tristes palabras que a veces oye uno: "Odio hacerme viejo". Visitó a sus amigos y más que todo, visitó los sitios que amaba. La edad no significaba nada para él, excepto quizá que era una época feliz, en que podía descansar en silencio y en que podía ver hacia el pasado el largo camino por el que había viajado y pensar en los felices días pasados y en todas las alegrías y aventuras que había experimentado. Justo en esta época, en que preparaba su última etapa -y él siempre preparaba cuidadosamente cada período de su vida con anticipación- escribió: "Había el otro día en el periódico un testamento en el cual el hombre que lo había hecho hablaba de una vida de felicidad y de éxito en estas palabras: "Finalmente, quisiera dejar asentado que he sido una de las más afortunadas creaturas de Dios. y sólo desearía haber sido más digno del afecto prodigado por mi madre, padre, hermanos, esposa, familiares y conocidos. He tenido una vida maravillosamente feliz y agradezco a Dios la bendición que me otorgó". El Jefe continuó diciendo que este hombre había dejado únicamente 128 Libras, pero que era rico al ser feliz". Por esa misma época, el Jefe escribió: "Mi viejo director del colegio, el Dr. Haig-Brown, escribió el siguiente verso, dando así su receta para una vida larga y feliz: Dieta
moderada y escasa; A B-P le gustaban estas palabras y a menudo las citaba, agregando: "La satisfacción verdadera viene a aquéllos que pueden volver la vista hacia los logros pasados con la conciencia clara, porque amaban su trabajo. Confórmate con lo que tienes, no con lo que quisieras tener; esto es un gran paso hacia la felicidad. Hay otra cosa más: el sentido del humor es indispensable si deseas abrirte camino con éxito en la vida. No tiene objeto ir por la vida con la expresión de perro ahorcado. Hay mucha gente joven que gusta de aparecer como cínica, con una especie de contento superior. Los cínicos no tienen sentido del humor, y la satisfacción, después de todo, es sólo un paso hacia la felicidad. La felicidad no puede ser completa sin el amor activo y el servicio hacia los demás, de otro modo, sólo sería un egoísta estado de la mente". Así el Jefe emprendió la jornada hacia el atardecer de su vida y, como frecuentemente acontece al atardecer, pasaron las tempestades, el viento cesó y hubo una gran calma. Un amigo mío hablaba de él en esos tiempos y decía: "Sólo lo traté unas cuantas veces a últimas fechas, pero era un anciano tierno, joven de corazon". MAÑANA Llegó el día en que B-P visitó el Parque de Gilwell por última vez. Fue ésta su última Reunión. El Centro Scout de Entrenamiento en el corazón del Bosque Epping fue el escenario de muchas reuniones, fogatas y conferencias, donde hombres y mujeres, niños y niñas de todas partes del mundo se habían reunido para aprender cómo ser buenos Scouts. Muchas pláticas les había dado el Jefe ahí, y en ésa su última visita, lo vemos una tarde, caminando bajo los árboles con un amigo Scout y su perro tras él. Habla con esa voz tranquila tan suya, que siempre tenía un toque de humor y compañerismo: "Me he dado tres años más de vida, y eso me hace apurarme y hacer las cosas rápido y sacar todo el gozo que pueda de la vida, porque dentro de tres años será demasiado tarde. Siempre me he concedido tres años, porque eso es un buen incentivo y algún día será verdad. Mientras tanto, hace que uno se apresure y obtenga todo lo que se pueda de la vida, y -agregaba con una alegre sonrisa- quedará en las manos de los jóvenes el hacer que el Guidismo y el Escultismo sigan funcionando. Mañana será su día. Deberán hacerlo con toda su voluntad, y los viejos, como tú y yo, deberemos sentarnos y darles la oportunidad a ellos". ¡Cuánta verdad he comprobado que encierran estas palabras! Miles de los mayores han sido llamados a servicio durante la guerra, y el Escultismo y el Guidismo han tenido que marchar gracias a la iniciativa y el entusiasmo del Jefe de Patrulla. B-P el hombre, al final de su larga y feliz vida, estaba contento de sentarse y dar su bendición a los jóvenes. Quería que tuvieran esa oportunidad. Así que si tú, que lees esta historia, eres de los mayores, no tengas miedo de seguir el ejemplo del Jefe y sentarte para dar paso a los jóvenes. Y si quien lee este libro es uno de los jóvenes, asegúrate de que cuando te llegue tu oportunidad para dirigir, estés preparado para tomarla y utilizarla. Pero, viejos o jóvenes, tendrán que adquirir la gran virtud de la humildad, que el Jefe poseía en tan extensa medida y que él aseguraba era la llave de la felicidad y el éxito. En 1934 el Jefe escribió el prólogo a un muy humilde libro de poemas que yo había escrito, y más tarde, al comentar el libro, decía que su verso favorito era el que hablaba de volverse viejo: Cuando sea viejo y
me sienta feliz "Me gusta pensar -decía- en envejecer valiente y felizmente". Hablaba mucho de sus hijos y nietos, de su amor por ellos y lo mucho que significaba para él la vida hogareña y las pequeñas cosas que suceden en un hogar feliz. Ayudar en la casa, alimentar a los perros, arreglar el jardín, cuidar los árboles, sentarse por la noche junto al fuego, el sonido de voces felices, significaba todo para él. El aroma del jardín en una noche de verano, los pájaros regresando a sus nidos por la tarde y la sensación de camaradería con aquéllos a quienes amaba... Al final de uno de los últimos libros que escribió, citó unas de sus líneas favoritas: El sueño después
del trabajo; Y eso es sin duda lo que sentía al final de su vida, tan plena. Tenía una facultad maravillosa para ver, apreciar y absorber la belleza. Era el "sin temor y sin reproche" Baden-Powell, el Hombre, Jefe Scout del mundo y un caballero muy gentil. Pero esta historia no termina aquí, porque "mañana" es el día de ellos, de los jóvenes. 02. Prólogo de Baden-Powell a "El Sistema de Patrullas".- Roland Phillips me escribió del frente describiendo un bombardeo en el cual tuvo una función importante, e incidentalmente mencionó su gran satisfacción de haber resultado herido en tres lugares, y que las tres heridas le sirvieron para recordarle los tres puntos de su Promesa Scout. Fue a mi casa durante unos días con la idea de curarse de las heridas sin ir al hospital, temeroso de que, si le detenían ahí, no pudiera ir a la próxima batalla. Y así fue como me impresionó con sus características: 1) Que el Espíritu
del Escultismo fue la fuerza motriz que le dio la tremenda energía y la
agudeza para convertirlo en un seguidor de los ideales Scouts. Fue un ejemplo
viviente de estos tres sentidos de los tres principios incluidos en la
Promesa Scout, a saber, el espíritu del deber hacia Dios, la sujeción
personal de sí mismo a la Ley Scout, y el deber fraternal hacia otros. Muchos Jefes de
Tropa y personas extrañas no se dan cuenta a primera vista del provecho
que se puede sacar aplicando el Sistema de Patrullas. Sin embargo, el
fin principal de este sistema, no es evitar molestias al jefe de tropa,
sino dar responsabilidad al muchacho. Esta es la mejor manera de formar
su carácter. El Jefe de Tropa señalará; la meta y las Patrullas se estimularán por alcanzarla, lo que ha de contribuir a desarrollar cualidades preciosas. La Primera Guerra Mundial dio a los Guías de Patrulla una oportunidad que muchos supieron aprovechar. Los Jefes de Tropa tuvieron que abandonar sus Tropas para ir a servir a su país y en muchas localidades se constituyeron los Guías en la Corte de Honor para dirigir a la Tropa en ausencia del Jefe; en la mayoría de los casos, los Guías de Patrulla llevaron perfectamente la dirección de sus muchachos, les hicieron progresar y prestaron servicios de emergencia al público. Siempre he
considerado a la Patrulla como la Unidad fundamental de nuestra
organización, y desde el principio de la Guerra sobre todo, han
demostrado las patrullas que se puede contar con ellas para el
cumplimiento del deber. Yo os pido a vosotros los Guías, formar el
provenir de vuestras patrullas enteramente solos; así podréis ocuparos
mejor de vuestros patrulleros y hacer de ellos bravos muchachos. De nada
sirve tener en la Patrulla uno o dos tipos admirables y el resto de los
individuos que no valgan nada. Lo que hace falta es que consigáis
elevarlos a todos a un nivel conveniente. |