LOS
ROSTROS DEL ISLAM

Pupilos
del Corán
Los
ataques terroristas pusieron bajo la lupa la politización
de la doctrina religiosa islámica. Entre las escuelas
sobresale la madrasa de Haqqania, donde se graduaron
importantes cuadros del régimen afgano.
NATASHA
NIEBIESKIKWIAT. De la Redacción de Clarín.


MADRASA
DE HAQQANIA. Hoy dirigida por el maulana Sami ul Haq. Fue
fundada en 1947 por su padre, Abdul Haq. (Foto: Michel
Setboun/ Sygma)
Los claustros de las escuelas
coránicas empezaron a hacer ruido. Dispersas en todo el
mundo, pero sobre todo concentradas en el mundo musulmán,
se convirtieron en centro de debate tras los atentados
terroristas del 11 de setiembre.
Conocidas también
por su nombre en árabe, "madrasa", estas
escuelas son seminarios religiosos como los del
cristianismo y el judaísmo. Pero ahora, como nunca antes,
las madrasas —y especialmente las de Pakistán— son
objeto de críticas. Se las acusa de ser cuna
académica del extremismo islámico en "guerra
santa" contra Israel y Estados Unidos, la potencia
aliada al Estado judío.
A principios de 2000, al
menos ocho ministros del régimen talibán afgano
se graduaron en la madrasa de Haqqania, en la localidad
pakistání de Ajora Jatak, den la carretera que une
Islamabad y Peshawar. Otra docena de sus ex estudiantes
conservan altos puestos dentro del régimen afgano. Está
madrasa, con más de 33.000 alumnos, es la más objetada
hoy en día. Aquellos jóvenes que combatieron la
invasión soviética en Afganistán, entre 1979 y 1989,
adoptarían el nombre de "talib" —en árabe
"estudiante del Corán", y cuyo plural es
talibán—, al hacer su irrupción política en la ciudad
de Kandahar, en 1994. ¡"Larga vida al mullah
Omar!", gritaban con los puños en alto los
barbados estudiantes de Haqqania, en un testimonio
reproducido por la agencia de noticias ANSA.
Hay
madrasas en la península arábiga, en Oriente Medio, en
el Africa y en el Asia islámicos. También en Estados
Unidos y Europa.
Pese a su población musulmana, en
Argentina no hay seminarios tradicionales. Los estudios
del texto sagrado se dictan, a manera de cursos, en las
mezquitas del país, explicó a Clarín Omar Abboud,
secretario de Cultura del Centro Islámico de la
República Argentina.
Aunque las madrasas más
renombradas se encuentran en Arabia Saudita, Egipto e
Irán, con 150 años de vida Haqqania es una de las
más antiguas y prestigiosas de Pakistán. De acuerdo
con el libro Los talibán, del periodista
paquistaní Ahmed Rashid, en 1999 Haqqania ofreció 400
plazas para nuevos pupilos y fue abrumada por 15.000
solicitudes de los países vecinos. Desde 1991 reserva 60
plazas a pupilos de las cercanas ex repúblicas
soviéticas Tayikistán, Uzbekistán y Kazajistán. Se
trata de jóvenes pertenecientes a familias de la
oposición islámica en esos países, a quienes se permite
entrar en territorio paquistaní sin pasaporte. La
Haqqania actual guarda semejanzas con muchas de las 10.000
madrasas que hay en Pakistán, y que suman un millón
de alumnos. Es financiada por hombres ricos, pero sus
alumnos son de origen muy pobre, niños y adolescentes.
Sólo varones que encuentran allí comida y educación
gratuitas.
"Todos somos Osama (por Bin
Laden), todos somos talibanes" declaraba a la
agencia France Press Ilyas Siddiqui, un estudiante
de la escuela Faruqia, al sur de Pakistán. Es una muestra
de la fractura entre una parte de los musulmanes y el
mundo occidental, cristalizada en dos sistemas
interpretativos de la realidad. De hecho, las madrasas
acompañaron a los partidos políticos religiosos en sus
violentas protestas de la semana pasada contra el régimen
paquistaní de Pervez Musharraf, por su decisión de
respaldar a Washington y dar la espalda a los talibán.
Rechazan también los actuales proyectos de Musharraf de
implementar un plan educativo que modernice las escuelas
coránicas.
Decir que en las madrasas se
cultiva el terrorismo es una locura, subrayó a Zona
en diálogo telefónico Khatchik Der Ghougassian,
especialista en Relaciones Internacionales y profesor de
FLACSO. El pensamiento islámico radical que se
cultiva en ciertas madrasas hay que leerlo en su contexto
político, histórico y económico, observa el
académico, quien se encuentra cursando un seminario en la
Universidad de Miami. Del mismo modo, apunta, hay que
tener en cuenta las diferentes interpretaciones del Corán
dentro del Islam. Esto se materializa, por ejemplo, en el
evidente rechazo del Irán chiíta a los rígidos
preceptos coránicos de los talibán (sunitas), que
excluyen a la mujeres del trabajo y el estudio, e imponen
castigos al consumo de gustos y bienes occidentales.
Las
madrasas han difundido y dado forma al Islam desde los
tiempos de Mahoma. Su curricula reúne religión, ciencia
y humanidades y la tendencia mayoritaria hoy sigue siendo
reformista y contraria a la violencia.
La
politización de una buena parte de las madrasas se
remonta a la guerra fría, a los años 80, cuando los
halcones de la política estadounidense vieron en la
resistencia de los combatientes afganos que luchaban
contra los soviéticos, marxistas y ateos, la posibilidad
de expandirlas al resto de Asia, señaló Der Ghougassian.
Equivocadamente, Washington motorizó el radicalismo
religioso pensando que contribuiría a la caída de la
URSS, dijo. Más tarde las madrasas en Pakistán
serían financiadas por el régimen del general Zia ul
Hiak. En 1980, sólo en Penshawar había 13 madrasas. En
1998 llegaban a 87.
Según otra investigación del
diario Los Angeles Times, en la madrasa de
Rahatabad, los chicos pasan tres años memorizando el
Corán y otros cinco interpretándolo. Expertos en
madrasas comentaron al Times que las
"lecciones de política" no se producen en
clases específicas, sino en situaciones informales, como
durante las plegarias. Aquí también circula la idea —que
sostiene a los terroristas suicidas— de que los
mártires van al paraíso.
Los pupilos no se
vinculan con mujeres ni mantienen casi contacto con sus
muy humildes familias. Pero sí miran televisión. Siguen,
por ejemplo, las noticias sobre las tropas de EE.UU.
estacionadas en los países árabes aliados desde la
Guerra del Golfo, las imágenes de niños iraquíes
muriendo de hambre por el embargo internacional impuesto a
la dictadura de Saddam Hussein. Y también la de los
jóvenes palestinos arrojándoles piedras a los tanques y
ametralladoras israelíes. |