La cocina del vampiro

Según la Biblia, en el inicio de los tiempos Elohim creó a los hombres que habitaban el planeta y les dijo: "Ahí os doy cuantas hierbas de semilla hay sobre la faz de la tierra, y cuantos árboles produzcan frutos de simiente para que todos os sirvan de alimento". (Génesis 1, 29). Más tarde, después del diluvio, fue menos restrictivo: "Solamente os abstendréis de comer carne con su alma, es decir, su sangre". (Génesis 9, 4)

No vamos a recrear aquí todo el texto bíblico pero, si nos ocupamos de leerlo, nos queda claro que tenía gran importancia la elección de los alimentos que se debían consumir. Da la sensación de que los primeros humanos eran vegetarianos, pero por alguna razón, este hábito alimenticio se modificó. El Señor, entonces, parecía muy preocupado por lo que ingresaba a los estómagos de los miembros de su pueblo:

"He aquí los animales que comeréis de entre las bestias de la tierra: todo animal de casco partido, pezuña hendida y que rumie lo comeréis; pero no comeréis los que sólo rumian o sólo tienen partida la pezuña. El camello, que rumia, pero no tiene partida la pezuña, será inmundo para vosotros;[...] el cerdo, que divide la pezuña y no rumia, es inmundo para vosotros". (Levítico 11, 2–7)

Es interesante y divertida esta clasificación según pezuñas y rumiantes. Pero, en definitiva, siempre el protagonismo lo tiene la prohibición de alimentarse de sangre:

"No comeréis sangre de ave ni de bestia en ninguno de los lugares en que habitéis. El que comiere sangre de cualquier especie será borrado de en medio de su pueblo". (Levítico 7, 26–27)

Quienes no respetaban estas leyes, corrían serio riesgo de muerte y de hecho, la escritura nos relata el enfado de Yavé ante el incumplimiento de las mismas:

"Ya veo que este pueblo es un pueblo de cerviz dura. Déjame, pues, que se desfogue contra ellos mi cólera y los consuma". (comentario de Yavé a Moisés: Éxodo 32, 9–10)

Es evidente que, a pesar de las amenazas y castigos, los hombres persistieron en sus malas costumbres, a tal punto que las huellas de su desobediencia han llegado hasta nuestros días. Al respecto tenemos el relato de Xoquia, quien vivió parte de su vida en una de las tantas aldeas de Galicia, una región de España que siempre estuvo un poco olvidada por el resto del país y en donde se conservaron tradiciones ancestrales que ya no existen en otros sitios.

Ella nos cuenta que una vez al año, en un día considerado muy especial, en casa de su abuela materna se carneaba un enorme cerdo que había sido alimentado con esmero para tal fin. Llegado el día del acontecimiento, se requería de la ayuda de varios varones de la aldea para dominar al animal, que por supuesto se resistía a la ejecución. Después de grandes esfuerzos se conseguía degollar al cerdo y es allí donde se acercaban las mujeres de la casa con grandes recipientes para recoger la sangre que brotaba de la herida del cuello del animal. Una vez llenos los recipientes, se ponían a resguardo dentro de la casa mientras los varones procedían a trocear el cerdo. Las distintas partes del mismo se colocaban en un recipiente grande de madera llamado maseira que se hallaba en la fría bodega de la casa.

A su vez, en la cocina, las mujeres condimentaban con especias parte de la sangre y con ese preparado hacían las filloas (panqueques, crepés) que cocían en la sartén y que, luego de retiradas, se espolvoreaban con azúcar. Éste se convertía en el primer manjar que se obtenía de la sangre del cerdo, el cual era esperado por niños y adultos que revoloteaban cerca de la cocina, quienes lo comían con gran satisfacción, acompañándolo con vino cosechado en la finca de la abuela. El resto de la sangre se dejaba cuajar para luego cortarla en trozos, hervirla y servirla con verduras. Xoquia dice que todo esto se desarrollaba en medio de un ambiente de fiesta y gran alegría. Un excelente ejemplo de desobediencia absoluta.

Por último y regresando a Yavé, en Levítico 11, 27 éste finaliza su exposición con respecto a los alimentos prohibidos diciendo algo muy inquietante:

"Los que andan sobre la planta de los pies serán inmundos para vosotros..."

Retrato de Xoquia, realizado por su maestro.

Visita Mil Años, el sitio de Xoquia