AGOSTO, de Viviana Abnur, por José Emilio Tallarico, 15/8/07

Quiero agradecer públicamente a Viviana la confianza que depositó en mí; es un placer acompañarla esta noche. El mes pasado, luego del amable ofrecimiento que me hiciera por TE, le pedí que me contara algo de la temática de Agosto, el poemario que hoy presenta. Entonces recitó estos versos (o tal vez imagino que los recitó): “En la espesura que envuelve la casa materna/ se rinde el jazminero”. Con el libro leído, puedo valorar la importancia que Viviana asigna a la palabra casa. Casa, madre, familia, son palabras -todos sabemos-, que implican protección, cobijo, y que inmediatamente nos re-envían a aquel entrañable espacio de la nutrición y el consuelo. No es casual la evocación de la abuela y la bisabuela en tanto correlato de la función materna: “íbamos y volvíamos de esas manos”, dice.
En este sentido, me parece oportuno subrayar los componentes femeninos que se dan cita en su poesía. La observación aguda de los hechos o de las situaciones lleva esa impronta; lo femenino acusa el lugar de la seducción y, sobre todo, el lugar desde donde se es seducida. Asimismo, los estados de alerta y lucidez ante los demás (los próximos, el prójimo) son signos de femineidad. Los otros están ahí, compartiendo experiencias, o siendo esperados (“la espera teje”, dice en alusión a Penélope), o también son nombrados en su lejanía definitiva (“aprendimos a despedirlos, a no esperar”, dice refiriéndose a su abuelo y a otros integrantes de la familia).
Si bien estos aspectos pueden ser recorridos como si provinieran de un relato autobiográfico, la intensidad y la justificación del libro de Viviana remite a otras instancias, es decir, exige otra disponibilidad: una lectura que, por ejemplo, desenmascare la sensación casi indefinible que se moviliza dentro nuestro cuando hacemos contacto con una voz genuina.
Los temas nunca cambian: de modo que el amor, la muerte, la lucha, la gratitud, la esperanza, entre otros, pasan por la pluma personal del poeta, y a través de su arte alcanzan una suerte de transfiguración, que de hecho marcará las diferencias entre un autor y otro.
En el poema que mencionábamos antes, Viviana dice: “se rinde el jazminero”, en otro pregunta si “habrá belleza que se iguale a la demolición”, pero en otros lugares habla del resistir de una hojita que flota, de una Fiat 1500 que resiste, y luego dice: “siempre habrá un costado que resista”. Este mecanismo dialéctico de rendición/ resistencia puede rastrearse en muchos de los poemas de Agosto.
Suele decirse, con demasiada frecuencia, que la poesía es un espacio de resistencia. No es mi intención generalizar, menos en torno de una cuestión tan discutible. Pero puedo afirmar que la pareja de opuestos rendición/ resistencia opera en el meollo mismo de la poesía de Viviana y se le impone de manera natural: hay una evidente necesidad vital detrás de sus palabras.
Y si hablamos de dualidades, cómo eludir este poema de clara inspiración taoísta: “todo se pincha se arruga/ se vacía/ para que vuelva su opuesto/ y ocupe su lugar”.
Tenemos el título del libro: Agosto. La palabra agosto proviene del nombre del emperador Augusto, quien lo impuso en el calendario y, para quedar en un estado de igualdad con el mes precedente (derivado del nombre de otro emperador, Julio César), decretó que también tuviera 31 días. Se corrigió el calendario, de modo que febrero perdió uno o dos días y así continuó todo hasta el presente. Ahora bien, agosto nos enfrenta a un interesante juego de pares de opuestos. Desde luego que en el hemisferio sur se trata de un mes invernal mientras que en el norte es un mes de verano. Los dichos populares relacionados con agosto son curiosos. Hacer el agosto tendría su origen en la Castilla medieval, cuando los feriantes del ganado salían a vender sus productos, siendo aquella la época de la vendimia y la cosecha. Mientras en Europa hacer el agosto indicaba que se ha obtenido dinero en poco tiempo y de manera fácil, aquí, en nuestras tierras, decimos: julio los prepara y agosto se los lleva.
En Agosto (volvamos al libro) encuentro relaciones formales y temáticas con el minimalismo, escuela o vertiente literaria cuyo referente más notorio, según los críticos, es el escritor norteamericano Raymond Carver. A través del enfoque casi microscópico o fragmentario, en tanto recorte de una realidad más amplia y simultánea (recordemos el poema de la hojita), se daría el citado parentesco.
Viviana Abnur nos entrega con Agosto una poesía seria, genuina, de emociones hondas y controladas, guiadas por la reflexión y la belleza. Poesía que se aparta del clima hipertrágico y furibundo (pero por sobre todo, de escasa verosimilitud) que he leído en poetas de su generación.
Alguna vez le preguntaron a Alberto Girri si había estrategias para conseguir la inspiración poética. “Recordá lo propio, recordá lo que es tuyo con todas tus fuerzas”, dijo. Creo que la poesía de Viviana responde a este mandato.
Para concluir voy a leerles el poema Cumpleaños, que pertenece al segundo bloque del libro, llamado Circo, y que me pareció excelente:
Cumpleaños: Desde hace rato empinamos/ los últimos residuos de los vasos// digamos que/ ahora/ estamos alegres// afinamos la cosecha/ poco a poco/ y reímos impacientes/ cuando al fin/ tirados en la pista/ nos confesamos// la carpa nos cobija desde arriba/ generosa/ como una madre.
Con esto me despido: muchas gracias a todos.


4 de agosto de 2007

 

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