EXTRAIDA DE:
http://www.factum.edu.uy/estpol/anaobs/2006/ano06032.html
De rentas, ingresos y trabajo
Oscar A. Bottinelli
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El
lenguaje implica que quien emite un mensaje y quien lo recibe apliquen los
mismos códigos, lo cual no siempre ocurre. La renta y el impuesto a la renta
es un tema en que la palabra quiere decir muchas cosas diferentes. Para un
economista renta,
especialmente cuando se habla del impuesto
a la renta, es el ingreso
(en sentido genérico) de una persona, hogar o empresa o el ingreso neto de
esa persona, hogar o empresa, lo que ya es una de las discusiones a propósito
del proyecto de reforma impositiva impulsado por este gobierno. Pero renta quiere decir otras cosas
diferentes. Una de ellas es “aquello que paga en dinero o en frutos un
arrendatario”, de donde un impuesto
a la renta es
exclusivamente un impuesto
a los arrendamientos. Otra cosa es cuando renta quiere decir “caudal o aumento de la riqueza
de una persona”, que se emparenta con otro concepto
de renta: “Aprovechar
algo que se ha conseguido anteriormente, sin hacer ningún esfuerzo por
renovarlo” Cuando
los economistas hablan de impuesto
a la renta, refieren a
gravar el ingreso, frente a otras formas de gravámenes como a lo que se
consume o a lo que se tiene. Pero cuando alguien hace campaña electoral, en
forma fuerte y hostil hacia el sistema impositivo vigente, y proclama la
necesidad de un impuesto
a la renta ¿qué es lo que
entiende la gente? ¿Entiende que es sustituir el gravamen al consumo (IVA, Cofis, Imesi, por ejemplo) por
gravámenes a los ingresos? De
estudios realizados surge la prevalencia en la
sociedad de dos imaginarios, que en el caso de la reforma impositiva se
interrelacionan. Uno es que en Uruguay hay un conjunto de personas, quizás no
muchas, cuyo nivel de patrimonio y nivel de ingresos les permite por sí solas
pagar y acrecentar el presupuesto nacional; se trata de una oligarquía
pequeña que absorbe la plusvalía del país todo. Dos, que los impuestos los deben
pagar: a) quienes viven de recursos sin hacer esfuerzos por trabajar (“viven
de renta”), es decir,
obtienen sus ingresos de rentas de inversión de capital; b) quienes obtienen
altos ingresos de la especulación o la intermediación, concebida ésta como
una actividad parasitaria y no productiva; y c) quienes tienen un nivel de
ingresos extraordinario y desproporcionado para el trabajo personal de un
individuo (“altas rentas”), lo que se asemeja o a especulación o a un lucro
desmedido y parasitario. Esta concepción de la renta tiene otras derivaciones en otros temas,
como cuál es la concepción prevalente en la
sociedad respecto al concepto de trabajo, al valor de la actividad
empresaria, al valor de la actividad comercial, a si debe o no haber
diferencia entre los ingresos según la capacidad, capacitación, esfuerzo o
inventiva de cada quien. El
Frente Amplio hizo durante varias elecciones intensa campaña en pos de una
reforma tributaria basada en el impuesto
a la renta. El mensaje
recibido por la gente fue: uno, hoy pagamos impuestos por los sueldos y
jubilaciones que cobramos, y por las cosas que consumimos; dos, eso se va a
dejar de pagar; tres, en lugar de nuestros recursos, el Estado se va a
financiar con recursos de los otros, de esa oligarquía que tiene mucho
dinero, gana además mucho y lo hace como efecto de usar el capital y el
trabajo ajeno, es decir, de aprovechar la plusvalía. Hubo
dirigentes frenteamplistas que advirtieron del
peligro de la brecha existente entre la intención real del Frente Amplio y la
visión que la idea generó en la gente. Esa advertencia no fue tenida en
cuenta y el primer empantanamiento se ocurrió
cuando el balotaje de 1999, en que la candidatura Batlle logró arrinconar a
la candidatura Vázquez con el impuesto
a la renta, en base a un
proyecto que llegaba a mucha menos gente que el de hoy (ya que la franja
mínima se aplicaba a hogares que en términos de hoy rondarían en los 15 mil
presos de ingreso mínimo); allí la gente se sorprendió al ver que el impuesto no se aplicaba a la renta (en el sentido definido
antes) sino a los ingresos producto del trabajo presente (salarios) o
anterior (pasividades). La lección que sacó la dirigencia de izquierda fue
que el error estuvo en presentar cifras concretas, y así manejó en toda esta
última campaña electoral el tema en forma vaga e indefinida. Pero si fue
neutral en la campaña pasada ya no lo es en la gestión de gobierno, porque
ahora no se trata de ideas sino de concreciones, y el impuesto si se aprueba más o menos como
viene (y las modificaciones serán menores), el año que viene una masa
importante que creyó beneficiarse de la exoneración de impuestos a los
salarios, las pasividades y el consumo, verá mantener o incrementar sus
gravámenes; y por encima de todo no verá aparecer esos ríos de dinero
provenientes de esa oligarquía que concentra todas las riquezas y casi todos
los ingresos del país; o más sencillamente, empezará a dudar del tamaño,
riquezas e ingresos de esa oligarquía. Hasta
ahora al interior del Frente Amplio la discusión se ha centrado en dónde
poner el mínimo no imponible o en aumentar las rentas de capital. Pero no ha
habido de nadie un discurso que vaya directo a explicar a la gente la gran
discrepancia entre esta reforma tributaria y el imaginario que se generó en
la gente, en la gran mayoría de los uruguayos y en particular en la
abrumadora mayoría de los votantes de la izquierda y de Tabaré
Vázquez. Este
es un gran dilema para este gobierno, porque la reacción que la población
tenga a la nueva tributación sobre la renta podrá afectar y bastante la confiabilidad en el
presidente, en el gobierno y en el Frente Amplio. Y sin un discurso que
pretenda salvar la brecha entre la realidad y el imaginario, es muy difícil
que la reforma sea aceptada con comodidad. |
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Página elaborada por Gonzalo J. Garcia Lemes.
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