MARCELO GALINDO

PABLO KATCHADJIAN

SANTIAGO PINTABONA

LOS ALBAÑILES

(2005)

(completo)

 

1.

como si el atardecer no fuera
cosa verdadera
o como si no existiera
algo parecido
es decir la necesidad de hacer algo parecido
a la iglesia tan hermosa que habían construido
en otra época
tantos albañiles como se puede imaginar
que se puede pagar
con lo que juntan tres bosques y sus cosechas en tres primaveras
o como si el paso
de las estaciones no alterara en nada la idea
de los albañiles respecto a la construcción
lo que ellos llaman
algo parecido a descansar
y a trabajar
debajo del cielo
al mismo tiempo

el sueño de los albañiles fue la iglesia
la obsesión de los albañiles
la construcción
lo que ellos llaman descansar
no
dormir en un barril
lavarse con agua sucia
a la mañana pensando
cuántos metros arriba los llevará el día
dejando
peldaños en el
vacío
bajar y sudados
beber agua sucia
de nuevo
lavarse la cabeza
los pies
adentro de la iglesia
emocionados o incluso
alterados por el nuevo color
de los muros
no

¡NO!
¡LAS IMÁGENES!
y esa luz que los destruye
es decir el sol cada vez más cerca
¡NO!
porque la obsesión no les permite detenerse
es decir que las imágenes parecen cada vez más verdaderas
y la iglesia se les aparece como una presencia perfecta

descansar y trabajar es lo que se puede hacer
y tomar agua y seguir
y la presencia se hace manualmente
y los albañiles la mantienen en la boca todo el tiempo que pueden

hay que hacer una purga
no
el agua en la iglesia no puede ser que tenga piedritas
restos de basura
escombros y asombrosamente
tampoco es posible que sobre el oxígeno

dos escuelas distintas
o
se construye la iglesia desde afuera
o
se construye la dicotomía desde adentro
en el pecho

LAS IMÁGENES
las llevan en el pecho y también tienen la idea
de que el pecho mismo sirve, manualmente, como una mezcladora
allí se mezclaría la primera idea
de la que posteriormente se extrae
el pecado
el agua común
el trabajo común
y todo lo que no asombra de la construcción

a pesar de los accidentes
la obra continua
y la cúpula sostiene lo que sostiene porque la luz miente
cuando la noche le roba la blancura
la cúpula se achica y bajan
los albañiles a bañarse
antes
de tomar sus cosas y salir
por la puerta rota

la puerta se abre y se cae
pero la vuelven a poner y vuelven a marcar la madera
con una imagen para empezar el día pensando en
la iglesia que hicieron tanto tiempo atrás

la cúpula deja pasar la luz suficiente
para iluminar las caras de los albañiles de la misma forma
exactamente la misma que tenían cuando hicieron las primeras imágenes

la puerta se abre y permanece abierta
y por ella pasan miles de caras preocupadas: falta una imagen
para terminar el día y queda una hora sola

la puerta vuelve a cerrarse y vuelve a abrirse mañana
y los albañiles toman sus cosas de la enmarañada
pila donde guardan la ropa que visten
los señores que vieron, ellos mismos que dibujaron
esos trajes en

LAS IMÁGENES

 

 

2.

lo que cuesta del puente
es en lo más visible la estructura
la falta de voluntad, desconcentración
que ahora
buscando imágenes en el cielo
nos muestran los albañiles

a la sombra debajo del puente
sin construir ni vivir
de la fe que ayer
los vio partir
la madera de arriba
que sostiene los primeros hierros
dé en un gris acabado y claro

a la tarde la primera carretilla que llega
queda pequeña para tanto escombro
y ante el asombro de sus pares
el albañil mayor
distingue entre el buen trabajo
y el trabajo malo

para el puente los palos sostienen
los primeros armazones
donde el cemento se vuelca y sale
endurecido

aquella mañana
cuando las carretillas esperaban
al lado del portón
el cura
se acercó al albañil mayor
y reclamó la presencia de todos
para el día de la virgen

si asisten es mejor
es mejor si vienen

nadie contestó
volcaron y volvieron a buscar más mezcla
subieron y comentaron el enojo del cura

el albañil mayor y el cura
cada uno de un lado del puente hablaron a los demás
sobre la conveniencia de montar el puente con cuidado
trabajo fácil trabajo malo, dijeron
y todos aplaudieron

la falta de voluntad de un albañil destruye un puente entero
dijo el cura
y el albañil mayor asintió
y todos aplaudieron más fuerte

son quinientos metros de un lado al otro del río
y deciden por eso dividirse en dos montones
uno en cada orilla da la medida del río
armar el puente por doble voluntad, dijo el cura
y así los convenció de ir a misa

se limpia el enojo del cura con la asistencia
se ensucia la iglesia con el cemento

cuando una parte se ensucia hay que rehacerla, dijo el cura
y una parte del grupo volvió a la iglesia a la mañana siguiente
y eso retrasó la construcción del puente
por quince días e incluso dos domingos de trabajo esforzado

el día de la virgen
a los obreros la misa les sirve porque aprovechan
para ponerse una camisa e incluso
escuchan un poco de música, comen algo
pero nunca consiguen limpiarse del todo el portland
que necesitan
para seguir ensuciando el puente
para que el cura los rete y para que nunca los persiga
Pereza
Envidia
hay uno de los albañiles más jovencitos que tiene
ojos celestes
y al cura es el único que le gusta
que le habla bajo en la escalera del puente

por los quinientos metros de puente
son doce domingos
más o menos de ir misa
y escuchar con los ojos abiertos
los parlamentos sagrados
y sábado a sábado
amasar el portland y escuchar
al cura indignado
por las fallas de construcción en la iglesia
que cada tanto remiendan

ahora el albañil mayor es el que habla
acaban los aplausos
y empieza
necesito que me miren dice
me siento solo si no me observan

bajo cuerdas y carretillas
donde los sábados los instan
a volver a misa

quinientos metros de trabajo
quinientos metros de asistir a misa
quinientos metros de arrimar la carretilla y volcar
de revocar
las paredes entre salmo y salmo
de mirar y resistir
la soledad de ser albañil mayor
ante el nuevo jovencito que entorna
los ojos celestes

viejo y cansado
los sábados recibe al cura
convidándole grapa

la grapa es buena para trabajar dice
y todos aplauden

cuando se emborrachan los albañiles
se usa más material, claro
pero no vale lo que vale el canto de cada montón
que desde cada orilla se contestan

quinientos metros de música
quinientos metros de mareo y mal trabajo
todo lo que construyen los días que cantan no sirve
todo lo que sueñan es tener los ojos azules
y cantar y trabajar acariciando
la imagen de la juventud

deciden, entonces
deciden durante quince días
hacer una escultura del joven albañil de ojos celestes
perfectamente hermosa, dice el albañil mayor
que nos haga llorar por la noche, pide el cura
y los diez días siguientes se revisan las manos de todos
para ver quién podría hacer el monumento

lo hacen al joven posar durante horas
lo hacen para que todo salga bien

de un lado y del otro del puente, finalmente
un hermoso joven de ojos celestes recibe a quien lo cruza
con una sonrisa preciosa

el cura quiere mudar la iglesia hacia allá para verlo todo el día
y nadie quiere terminar de construir para no tener que irse
pero todo tendrá su fin, dice el albañil mayor

y el joven siempre va a estar por ahí

 

 

3.

amaneció con un tremendo dolor de cabeza
debajo de la estatua del joven albañil
al tocarse la sotana
descubrió
grandes manchas de portland y
un pequeño tajo
al lado del bolsillo

“por este agujero se me va el alma”, dijo
amanecer así es la imagen de mi pecado
he soñado con los ojos celestes
temo volver
a la construcción y encontrarlo
al joven, inmaculado
clavado
debajo del puente

los albañiles también se despiertan ni bien se miran en un espejo
el único deseo que tienen es ver en la imagen reflejada
los ojos celestes en el agujero de lo que queda del cielo

por este agujero se me va el alma dijo
uno de los albañiles que se despertaba
y ya no tenía ganas de hacer cosa alguna
salvo que sonar su imagen
hecha estatuaria
los ojos claritos
en la fachada de la iglesia

y el cura se acercó a los albañiles y atacó su pereza
les habló de Santo Tomás mientras ellos se dormían o
se ensuciaban las rodillas con cemento: la pereza, dijo, “es cierta tristeza agravante”
y dijo: “deprime el ánimo del hombre”
y dijo: “le quita a éste el agrado de hacer cosa alguna”

pero no le respondía ninguno de ellos
aunque el albañil mayor escuchaba semiescondido y sentía que sí
que los ojos del joven albañil habían arruinado sus esfuerzos
y el cura sabía también que él hablaba por él

que algo había que hacer con ellos dos
pero cierta malicia del albañil mayor estaba dando sus primeros resultados
el cura había mostrado lo peor de sí
amaneciendo manchado debajo de la estatua

esa tentación
a la que todos se habían resistido
y que había persistido a pesar de los discursos
en la copa ofrecida
por el albañil mayor un sábado
al cura
después de los aplausos

pero buscaba el canto, yo, se dijo
aquello que envidiaba de los albañiles una especie
de ocio
extremo
libidinal
trabajar con el portland y sonreír
en medio del puente

recordaba la historia, las ilustraciones
del cura que había roto la estatua de una mujer que adoraba
por no romper con la promesa que había hecho

recordaba: “la templanza refrena el apetito”
y
“la hermosura… se atribuye a la templanza”

detuvo las manos
no rompas la estatua, escuchó
y el albañil mayor le ofreció grapa

 

 

4.

“Un puente que llevara a la juventud”
pensaba el albañil mayor
con los ojos llenos de lágrimas levantó
la mezcla en el balde
y volvió a agarrar la cuchara

“...la pena me endurece y me seca
mi vida fue para los otros
estoy solo como un joven hermoso
porque tanta tristeza me hace brillar
y yo no puedo terminar
con esta luz en los ojos...”

es el albañil
es la hora de trabajo
es todo lo que pasa por abajo

cuarenta albañiles de los que restan
se acercan a la puerta de la iglesia
el rezo: “hoy hay pan
hay cemento
hay cosas que hacer bien”

“basta de llorar, albañil”
le dice el cura
le toca la mejilla
lo acerca a la cara de la estatua del rubio brillante

el puente no para de moverse
y el sonido del viento es constante
la iglesia con el trabajo
de los martillos, del pico y la pala
sobre el puente
de los suspiros, y del grito
del cura que quiere y se acerca
a la estatua del rubio brillante
y lo cubre de besos

es la hora de la plegaria
es la hora en que cada albañil recuerda
su pequeña pena
al pie de la estatua que sombrea
allí al fresco del mármol
sonriendo
con el cura pidiendo que vuelvan

si la iglesia estuviera allí
estaríamos todos juntos
estaríamos todos los días
y diríamos todos los rezos todas las mañanas

pero el cura distingue entre lo posible y el sueño
sobre todo
después de la grapa
detrás del atrio
podría susurrar algo
sobre la gran mudanza
que planea en silencio

nadie se anima a preguntar lo que parece que se sabe
que es lo mismo que repiten los albañiles
cada mañana
porque lo que repiten es que el cura, según parece,
quiere mudar
quiere poner todo más cerca
todo que respire, quiere, junto a la estatua divina

¡y si esa estatua sintiera!
¡ah! ¿qué diría?
no se sabe si quiere estar tranquilo
o si quiere todos esos cuidados excesivos que le dan
los que están alrededor
es decir, le dan, a él, el cura y el albañil mayor
todo lo que pueden
y sin embargo no se sabe si él quiere

porque la tristeza no deja ver las intenciones
porque la tristeza no es una intención
hacia nada, la construcción, la estatua
mudarse, ésas sí son intenciones
y el albañil mayor a todo esto
quisiera estropear los planes de todos
su congoja, señal de que está herido
la mudanza, señal de que el cura cala
en el corazón de los demás albañiles
vestidos con ropas grises
sumergidos en el puente
trabajando de lado a lado
a través de quinientos metros de secreto

basta ver cualquier mañana
al cura sentado bajo la estatua
haciendo con una rama dibujos sobre la tierra
anticipándose a su proyecto
pero los albañiles pasan a las horas y entreleen
algo de todo eso al aplastar la tierra
con sus botas manchadas de cemento
encuentran la botella de grapa, vacía
y en la ría una gota de sangre ya que
sobre el puente
frente a la estatua sagrada
a la hora del trabajo
ha habido una pelea:
son dos obreros que obnubilados ante la magnánima escalinata que pega contra el reflejo celeste han entrevisto entre las imágenes que proyecta el cielo la imagen de
Dios! no se puede permitir que
uno le muerde animalmente la mano al otro y salta la gota
en la ría
y al otro
la sangre del otro se mezcla en el balde
con la eucaristía

 

 

5.

división de la estatua en dos
Dios, un rayo la partió y el obrero mayor se toma un día entre las parvas
el cura estalla en cólera y lo lleva

dejar la grapa y tomar las mitades
el material
imitar la labor
que no puede, es inútil, para reconstruir el trabajo del obrero
no tan hábil éste como el otro
y por eso trata sin buen efecto de pegar un lado con
otro lado

el cura analiza lo que el rayo hizo: la nariz perfecta entera pero
un ojo no puede entenderse y el pecho, amplio, partido al medio
se va debilitando

“los obreros de SUIZA podrían arreglarlo”, dice el albañil mayor
y por eso el cura pide plata al gobernador y lo traen

cuando aparece
su apariencia ya convence: un obrero rubio
una sonrisa cauta y resplandeciente
a pesar del frío
con su remera roja y sus guantes de cuero
pisa el suelo
pisa el suelo y levanta la vista
arriba
en el pecho sin contornos que corta
los rayos del sol
hay una tarea grande por hacer

ir hasta la otra orilla y dibujar
la forma de la estatua que ha salido incólumne
del paso del rayo

primero la copia en carbonilla
segundo los moldes en madera
tercero llenarlos de cemento
para obtener el motivo perfecto de la tetilla y el abdomen
y llevarlo a través del puente hasta la otra orilla
donde bajo la dirección de este obrero templadísimo y por el cual
el cura reza desesperadamente
reconstruirán el torso

la solicitud con que los albañiles responden a la voz del rubio
la envidia del albañil mayor
parecen alumbrar una posible equivocación
en el pasaje de un lado al otro de la orilla

cuando el molde en madera de la tetilla está listo
acometen el segundo dibujo

entonces el rubio se quita la remera
“esta madera no sirve, esta madera es una mierda”
ahora se ha partido al medio el segundo molde
al verter la mezcla con poco cuidado
ya que los albañiles parecen atontados por la vista del cuerpo del joven suizo
y el albañil mayor
está como embelesado por la enorme empresa que le ha caído en las manos
el suizo en alta voz
conduce
al albañil mayor
al cura
a los obreros
al otro lado del puente
se vuelve dando espaldas a todos se descalza y así descalzo
toma los moldes entre los pies
se inclina doblando el cuerpo entero con una velocidad
que suma a otra velocidad
y del otro lado se puede ver
que el suizo ha esculpido un cuerpo entero
íntegro
al que le suma la cabeza
habilidad
porque habilidad es lo que tiene

y cuando está listo
cuando el rubio vuelve a estar entero
esa estatua entusiasma a los albañiles que la vieron nacer

pero cuando el cura la va a ver
cuando cruza el puente de un lado al otro y compara las estatuas
el grito se oye hasta la otra villa: es una campana de iglesia
o es
una madera que se parte
y es todo eso porque el cura estalla de odio cuando ve
que el suizo se hizo a sí mismo

la quiere destruir
pero todos lo detienen

y queda así: dos rubios distintos que compiten en belleza
y la iglesia crece con este tipo de cosas

 

 

6.

un acto que divide el sentido de la idolatría
de una a otra orilla
la semilla de una nueva discusión
la elaboración de un nuevo culto que quizás no podrá resistir
los golpes sobre el mármol
el paso de la carretilla
el horario de misa

cuando el cura valora la nueva estatuaria
con un sentimiento que lo lleva
de un lado al otro de la orilla
comparando los perfiles a la luz del mediodía
recuerda que fue un mediodía también
el día de su más fuerte y primera unción

ahora el corazón le late
su pasión ya no es la de antes
ya no ama a Dios como lo hacía de joven
cuando era más fiel y no bebía tanto

meditando
su mirada va de
un lado al otro de la orilla
de la estatua del rubio a la estatua del rubio
suspendiendo la realidad por una débil apariencia en el peinado
que de un lado de la orilla presenta toda la ondulación del pelo
en un momento de viento

aquí
en este lado
la estatua representa un pelo que pareciera haberse mojado recientemente
chato y sin rizos
el pelo del suizo
refleja la luz del mediodía

el suizo ordena a los albañiles en una cola
es la hora de la comida y la manifestacion misma de establecerse en el centro del mundo que reparte
un chocalate para cada obrero
para el cura con pasa de uva
bañadas en cognac

el cura le da a esta ofrenda un valor negativo
se tira entre unos troncos debajo del puente
los albañiles en cambio
entienden
rebajan el valor que habían sentido, siempre
como sagrado
de la hostia
y asumen en este mediodía la fuerza emancipatoria del chocolate

y cuando late la emancipación aparece otra cosa
es decir la comprensión del valor de lo que se construye
y no sólo por tratarse de una iglesia porque, como dijo el suizo, construir
no es cosa que cualquiera puede hacer

y les explica que la construcción es “símbolo mismo de la manifestación universal”
y que por eso “renueva la obra de la creación”
sea una iglesia o una estatua
y todos se ríen de entusiasmo

pero al suizo le brillan los ojos claros como nunca
y les dice: “Dios pide un ritual”

pasa el día y a la noche tienen una fiesta
algunos se peinan con cuidado y otros se arreglan la ropa
pero el suizo duerme porque sabe que
el camino al sacrificio está liberado

al otro día, bien temprano les dice: hay que matar al cura
para hacer valer la iglesia como obra
y eso es algo que ustedes ya saben

y el cielo se pone negro y la iglesia se raja al medio
y el ruido es terrible y los albañiles deciden cambiar el plan
quizá
matar al demonio, dice el albañil mayor, sea lo mismo que
matar al suizo

lo dijo en dialecto para que el suizo no entendiera
él no hubiera sospechado que después del chocolate
su sangre debería darse para sostener
esas sonrisas
que alrededor de la vianda maduraban el valor de un ofrecimiento
mayor al del sudor

acá colocaremos al suizo
dijo el albañil mayor
señalando los troncos donde el cura roncaba borracho

enseguida formaron una fila
y en grupos de dos fueron tomando los troncos
trasladándolos todos en unos pocos minutos
hasta los pies de la estatua de pelo mojado
ya que estuvieron de acuerdo todos
en que la identidad entre la obra del rubio y el rubio
era precisa

ése debía ser el lugar
los milagros del señor son tan grandes
que la multiplicación puede anticipar a una desgracia

hacia allí se dirigieron todos y formaron una ronda
acordaron probar primero el temple de la estatua
ya que el sacrificio requería que la estatua resistiera al fuego
demostrando así la superioridad de la obra sobre el hombre
y la obra resistió
los albañiles llenos de euforia comenzaron a entonar alabanzas en dialecto
dirigidos por el albañil mayor se dirigieron a templar la estatua de enfrente y la obra resistió

dieron comienzo  al ritual
los albaniles se fueron enmascarando con la cal viva el rostro encarnando figuras sempiternas
aun más animales
el hombre de chocolate
el suizo no se resistió al sacrificio
se echó en cuatro patas sobre la tarima

la imagen perfecta, decían todos en dialecto
porque al suizo no querían herirlo
pero la imagen era perfecta de verdad:
la tarima blanca, el suizo rubio y la similitud con la estatua
de fondo, además, se veía la estatua que había resistido
y el suizo no resistiría
porque era un hombre dedicado a Dios

la iglesia va a crecer, dijo el cura
y las figuras sempiternas encarnadas en los rostros
anticipan el rostro del creador satisfecho

 

 

7.

bastante calor
en el pecho como al tomar chocolate
los troncos arden mientras el mediodía se aleja
y la pasión
se hace un motor como el canto que late
y en un instante se derrite, se deshace de emoción entre las leñas
y queda carbón
pero el cura teme que alguien lo mate
porque el cuerpo negro podría tener consecuencias más serias

 

 

8.

ahora podrían moverse más libres en el espacio
pero no hay posibilidades
el día por la tarde se oscurece y el viento se lleva la arena para la construcción
los ojos de los albañiles llenos de lágrimas y el pelo mojado
la tierra que se hace fango y el cura que pasa de largo corriendo con la lluvia
nervioso
delante de la puerta de la iglesia

el cielo que se ha oscurecido con celeridad
echa sombras que el viento sacude violentamente
mientras los albañiles corren a refugiarse dentro de la iglesia
el albañil mayor permanece junto al cuerpo del sacrificado
su cabello y su rostro cubierto de cenizas permiten ver
los surcos húmedos que dejan las pocas lágrimas que virtió por el suceso

empieza la lluvia, algunos de los albañiles gritan y comienzan a descalzarse
entran a la iglesia donde todos están reuniéndose
en la puerta una montaña de zapatos da una idea de cuantos están a salvo
afuera el agua está formando charcos cada vez más extensos
más profundos, y el cuerpo del suizo carbonizado
empieza a mezclarse con el lodo que avanza hacia la orilla

del lado de la iglesia, vienen girando en el légamo creciente: martillos, palas,
una remera roja, botas,
el casco amarillo que el albañil mayor había dejado
sobre una piedra cuando se puso a mover los troncos para la hoguera
que el viento de todos modos apagaría

“es la vida“, dice el albañil mayor, “que nos echa este barro en la cara
y nada de lo que haya podría servirnos para aguantar el frío que muy pronto
va a empezar a marcarnos las manos”

hay que esperar, eso lo saben todos, y el cura presiente que la espera
se va pegando al pecado y les dice: maior pars hominum expectando moritur

le piden traducción: “no tengo”, dice el cura
le piden algo aproximado: “si se quedan acá adentro van a morir esperando la muerte”

deciden hablar entre ellos y deciden que cien salgan de la iglesia
porque todo refugio es falso pero más que nada
porque quieren salvar a los que están afuera
y más que nada: quieren rescatar las cenizas del suizo

se abren las puertas y salen cien albañiles
y cuarenta se quedan adentro, esperando la muerte de los otros

el cura sube a una de los torres para tener una vista panorámica
y no se equivoca: los cien corriendo contra el viento resultan una imagen hermosa
un pino nevado que cae desmoronado sobre el albañil mayor
y eso no impide que el resto tenga conciencia, siguen corriendo hasta que otro pino
se desmorona y vuelan las piñas, la imagen se vuelve
aún mas hermosa cuando la mitad del grupo desaparece chupado por la tierra

el cura no reza, sabe que lo que pasa por su cabeza no influye en este momento
ya que ni bien mira el cielo y vuelve la mirada se da cuenta
que quedan solo dos de los cien albañiles y justamente
Dios es el que ha elegido a estos dos jovenes para ser los que alcancen el cuerpo muerto helado
del suizo que semisepulto asoma únicamente su mejilla quemada

uno de los albañiles alza su vista hacia el cielo
el otro escarba en la cara del suizo y se guarda
las joyas divinas, en el bolsillo
los ojos celestes del suizo 

bajo la furia del viento desatado
y atravesando camino de regreso la nieve endurecida que retiene
en su frío
los cuerpos de los albañiles perdidos
acá un brazo, más alla una pierna con una bota medio salida
un pie desnudo, manos endurecidas y escarchadas

el paisaje tremendo les abre paso entre dos pinos volteados
pisan con cuidado la nieve y tratan de no bajar la vista
la imagen ahora es horrenda, los compañeros yacen bajo la nieve
yacen bajo los troncos,
algunos cuerpos han sido arrastrados por el légamo hasta la orilla del rio
y permanecen tendidos con la cara sobre la corriente
como si hubieran muerto cuando se arrimaban a beber agua

el cura ve desde la torre el esfuerzo que los dos albañiles ponen en su retorno
en los bolsillos del más fornido vienen los ojos del suizo
helado de espanto ante el crecimiento de esta escena infernal
el cura busca en su toga la pequeña biblia
y la hojea desesperadamente buscando la paradoja que sacie su necesidad de explicación

se arrodilla y siente el frio de la piedra
alza sus manos temblorosas y pide por la resistencia de la iglesia por encima de su propia vida
tú mandaste a quemar a Isaac, grita
cuando se escucha el golpe de las puertas
cuando por fin han llegado a salvo los dos albañiles al interior de la iglesia
tú mandaste quemar a Isaac, vuelve a gritar
nosotros
hechos a tu imagen y semejanza
hemos tenido una esperanza como la tuya
pero el suizo no nos hizo ninguna seña
creímos que estabas de acuerdo con nuestros movimientos y encendimos la hoguera
pero ahora has desatado una tormenta y has hecho víctimas a 98 de los nuestros
hemos hecho un templo a tu imagen y semejanza
hemos hecho un puente a tu imagen y semejanza
hemos hecho un sacrificio a tu imagen y semejanza
pero ahora has desatado una tormenta y has hecho víctimas a 98 de los nuestros

quedan en la iglesia cuarenta y dos albañiles
y uno de ellos tiene en el bolsillo los ojos del suizo

el cura en la torre sigue gritando: detén esta tormenta, detenla
y la tormenta se detiene
y llegan camiones con noventa y ocho féretros de caoba y roble de eslavonia
tallados por los orfebres más admirados de noruega
de tal manera que ya de lejos se ven los motivos: una iglesia, un puente, un suizo,
una mano que guarda un tesoro en los bolsillos, una estatua duplicada

y el féretro más hermoso es de madera japonesa
aunque tallado de manera más modesta: es para el albañil mayor

el cura baja lo más rápido que puede y le pregunta a un conductor de uno de los camiones:
“¿esto quién lo manda?” pero ya sabe que
la única respuesta puede: lo manda el que detiene el viento cuando el viento
se vuelve realmente molesto y destructivo

y esa es la respuesta
esa es la respuesta que dan en los camiones
es la respuesta que repiten los albañiles extasiados ante la calidad del roble:
Dios sabe cómo detener lo que comienza

 

 

9.

la cúpula deja pasar la luz suficiente
para iluminar las caras de los albañiles de la misma forma
exactamente la misma que tenían cuando hicieron las primeras imágenes

nada consigue compararse con la rabia que sintió el cura al bajar de la torre

 

 

 

 

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