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Despacio amor mío,
alimenta la hoguera
y no mires afuera,
que allí hace frío.

Escucha el rugido
del viento que arrecia,
en los montes se aprecia
y se escucha un gemido.

Despacio, despacio,
susurro en tu oído,
y muerdo tus labios
sin un solo ruido.

Con mi cuerpo encendido
y mis labios dolidos
y acaso en un beso
de pecado divino
por siempre fundidos
en delicada manera
tu cuerpo y el mío.

Despacio amor mío
y no mires afuera
¡Que allí hace frío!

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