Malvinas es el nombre de las lágrimas. 
que seguimos llorando sin saberlo.

No podemos estar llorando siempre: 
se nos ha ido el llanto para adentro 
Malvinas es el nombre de la pérdida 
que representa todo lo perdido.

Malvinas es el nombre del maltrato 
que, de tanto sufrirlo, no sentimos. 
Malvinas es el pueblo que no quiere 
saber lo que se trata en el Cabildo.

Malvinas es creer que ya no importa 
que se mueran los viejos y los indios.

Malvinas es dejar morir en bronce 
un cruce de los Andes olvidado 
y no saber muy bien dónde se han ido 
unos cuantos aviones extraviados.

Malvinas es creer que no hay historia
para los pueblos pobres de la tierra
y que el nueve de julio tucumano
fue sólo una alocada borrachera.

Malvinas es ser serios y sensatos,
tener un nombre de deudor solvente,
ser un esclavo que habla como el amo
o un alegre bufón que lo divierte.

Malvinas es decir no hay otra forma,
cuando venden, en lote y por monedas,
empresas públicas y gorros frigios,
noble igualdad , estatuas y banderas...

Malvinas es un sueño pacifista
en que Belgrano es sólo un abogado,
Moreno un cauto boy economista
y San Martín un pobre jubilado.

Malvinas es la voz que no se escucha,
la palabra maldita, la vergüenza,
lo que nunca existió y nunca se nombra,
los cuerpos escondidos en la tierra.

...Y, sin embargo, nombraré a Malvinas
porque nos hace humanos la palabra
y hasta la muerte es menos horrorosa
cuando se la conoce y es nombrada.

Yo nombraré a Malvinas porque es síntesis
de todos los dolores de esta tierra
avasallada por conquistadores
que hace quinientos años la saquean.

Y llamaré Malvinas a los indios
desangrados de tierra y de cultura
por un blanco malón de carabelas,
mosquetes, evangelios y armaduras.

Y diré que Malvinas son los criollos
que parieron las indias violentadas
y poblaron de peones y obrajeros
pampas, esteros, selvas y quebradas.

Malvinas fue el torrente de paisanos
que llenó plazas y cruzó montañas,
para hacer una Patria que unos pocos
encerraron en tierras alambradas.

Malvinas es el peón en tierra ajena,
el albañil guapeando en el andamio,
el soldador jugándose los ojos
y el canillita madrugando diarios.

Malvinas fue una plaza que cantaba
una esperanza que moría siempre.
Malvinas es el sueño de los hijos,
fuego en el corazón, hambre en el vientre.

Malvinas fueron ríos de inmigrantes
que buscaron con barcos el futuro
y amanecieron criollos con los criollos,
conviviendo tristezas y pan duro.

Malvinas es soñar independencias
en la nueva colonia tecnológica
en que el virrey se llama deuda externa
y toda discrepancia es sospechosa.

Malvinas es querer que haya en la tierra
un solo mundo justo y para todos:
no querer ser primeros sino iguales
y no aceptar más amos que a nosotros.

Yo nombraré a Malvinas mientras viva
porque es el hilo para ser yo mismo
desde el pupitre en que aprendí su nombre
hasta estos versos en que lo repito.


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Imagen central: Vista de Puerto Argentino
Edición de la imagen: Iris Azul