
- De Gira por el Sud-Oeste -
> Cuarta parte: Lopez Lecube - Bahía - Tornquist
"La cuesta de Chasicó"
F o t o s : F e d e P a l l é s y M a r t í n C o r n e j o

(La dupla de GR-12 entrando a lo que quedó de Lopez Lecube. Foto: Fede Pallés)
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Al ratito nomas de haber pasado Piedra Echada, llegamos a Lopez Lecube (km. 96,5), describiendo unas espectaculares curvas que nos permitieron ver la figura viboreante de las 60 tolvas cargadas, siguiendo obedientes el ritmo de la yunta pampeana.
La estación estaba ruinosa y rodeada de vegetación. Pasar por aquí fue importante para mi, ya que hacía tiempo venía escuchando anécdotas e historias contadas por una amiga, Amalia Marín, quien pasó su infancia en este lugar antes de mudarse a Pigüé. Para ella saqué estas fotos, aunque fuese triste ver como quedó este sitio que en su momento brillaba de esplendor, como casi todos los pueblos que pasamos.


Mas adelante, luego de desfilar por unas curvas cerradas, el ramal se mete en una punta del partido de Tornquist y allí pasamos por Pelicurá (km. 87,4), una verdadera estación fantasma que de casualidad pudimos distinguir.
Hasta aquí habíamos marchado normalmente, atravesando algunas pendientes considerables pero de corta extensión. Las dos GR venían "a media máquina"... O sea, en punto 4 ó 5, y alguno más excepcionalmente. Pero estábamos próximos a la cuesta del Agua Salada..., más conocida como "La cuesta de Chasicó". Esta brutal trepada de varios kilómetros de extensión se inicia una vez pasadas las ruinas de Pelicurá.
¿Preparados para el ascenso?
El conductor dejó el mate y la pava en un lugar seguro y permaneció callado unos instantes. Pasó al punto 5, luego al 6, luego al 7 y ahí quedó... Los dos diesel 12-567 de las GR-12 empezaron su potente bramar, rompiendo el silencio del paisaje serrano por el que empezamos a transitar. El maquinista dijo algo así como "más vale que no empiece a patinar por que sonamos". Hacia adelante solo veíamos curvas y contracurvas, trincheras y terraplenes, enmarcados en un paisaje árido y solitario. Hacia atrás, las 60 tolvas empezaron a tomar altura con su pesada carga. Los minutos pasaban y el tren iba perdiendo velocidad... Ya estábamos yendo a menos de 20 km/h. Fue en ese momento cuando llegó "la gloria", el PUNTO OCHO... Salí al pasillo de la máquina a sentir esas armonías que interpretaban todos los componentes de ambas locomotoras, intentando vencer la legendaria cuesta del agua salada. Recuerdo que le dije a mi amigo "creo que si enganchás un vagón más a la cola, nos plantamos acá". Acoté eso por que estábamos marchando a 12 km/h., con los motores a todo trapo. A mi lado, los ventiladores "cantaban" esa particular armonía que solo se produce con los motores al taco. Por las chimeneas brotaban fuertes penachos negros que se dispersaban en el cielo despejado de la calurosa tarde veraniega.

Entre sierras y curvas, siempre en subida, cruzamos al Arroyo Chasicó, sobre un puente bastante alto para ser trocha ancha en la provincia de Buenos Aires. En realidad, nunca imaginé la existencia de este tipo de ramal serrano fuera de lo que ya conocía (llámese "vía Pringles" y "vía La Madrid").

(Puente sobre el Arroyo Chasció. Este desemboca en "Las Encadenadas". Foto: Martín Cornejo)
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Pasamos media hora "dándole duro" a las dos GR hasta que superamos la cuesta. Dentro de la cabina de la 6633 surgió un aplauso espontáneo cuando bajamos al punto 4 y estabilizamos la marcha. Pero el aplauso no se prolongó mucho, ya que inmediatamente se apagó el diesel... ¡nos plantamos!. ¡Menos mal que habíamos pasado la cuesta, sino, nos íbamos para atrás!.
Con el impulso inherente, arribamos a la estación Chasicó (km. 67) y procedimos a darle agua a nuestra querida Evelina, que estaba agotadísima. Enseguida se repuso y su motor quedó regulando como los dioses.

A partir de Chasicó en adelante, la traza se incorpora en una larguísima bajada hasta la ciudad de Bahía Blanca, por lo que las máquinas, prácticamente no fueron traccionando en ningún momento. Esto suena increíble, pero es así. Obviamente no es una pendiente como la de Chasicó, pero su pequeño porcentaje de inclinación alcanza para llevar un tren cargado a una velocidad de 20 km/h. sin necesidad de acelerar ni frenar.

Así pasamos las ruinas de Nueva Roma (km. 42,3), Alf. San Martín, Bordeu y Cnel. Maldonado, ya en los suburbios de Bahía. En Maldonado, donde se hallan los talleres de Ferrobaires, vimos decenas de coches de larga distancia y locomotoras (muchas de ellas GT-22) a la intemperie y con distintos grados de destrucción.
Finalmente llegamos a Bahía Blanca en horas de la tarde, luego de haber recorrido 160 kilómetros por las vías del ex F. C. Bahía Blanca Nor Oeste.
Tomamos un colectivo que nos arrimó a la estación del Sud para esperar la partida del "bahía" de la noche. Eran las 18 hs. y los pullman ya estaban haciendo ruido con sus generadores, en el andén techado. Un par de horas después, la 9057 salió a la cabeza de nuestro tren y, como yo ya había hecho este tramo muchas veces, me dormí como los mejores... Imaginen que la noche en Darregueira pasó como el marplatense por Camet... jejeje.

Me desperté saliendo de Dufaur y preparé mi mochila, revisando mil veces el asiento y el portaequipajes por miedo a olvidarme algo entre la oscuridad del primera Materfer. Me despedí de Martín y abandoné la formación en Tornquist... ¡Qué raro fue llegar, en vez de salir de este pueblo! Una vez que el tren siguió viaje, dejé que se despeje un poco el andén para ir a ver a mi amigo Oscar, Jefe de estación. Le conté mi travesía y lo que iba a hacer al día siguiente (iría a Villa Ventana y a Monte Hermoso). Y bien, me acomodé en la sala de espera, en donde pasé esa noche.
A la mañana siguiente, cerca de las 6 AM, tomé el Cóndor que iba a La Plata y por $1.- me dejó en Villa Ventana. Y así continuó el viaje... Pero como ya nos alejamos del tema que nos ocupa, aquí termina la historia "ferroviaria" de aquella gira por el Sud-Oeste. Seguirá próximamente con el "Vallimanca Tour"... ¡Hasta la próxima!
- Fede Pallés · Enero de 2004 -
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