Anacreonticas

Entretejía una vez una guirnalda
y hallé a Amor entre las rosas.
Por las alas lo atrapé,
lo eché en mi vino
y con él me lo bebí.


Y ahora en mi cuerpo aquí por dentro
siento las cosquillas de sus alas.
¿Por qué me enseñas tantas leyes
y argumentaciones de retórica?
¿Qué se me da de tanta verborrea
sin beneficio alguno?


Más bien enséñame a beber
el licor suave de Dionisio,
más bien enséñame a jugar
con Afrodita la dorada.

(Anónimo)

 

 

 

 

 

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