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farolito

COMUNICACIÓN ACADÉMICA N° 1580

Del Académico de Número don
Marcelo Héctor Oliveri, acerca de


OCTAVIO GUIDO MOYA


Señor Presidente:

El pasado 9 de mayo falleció en Córdoba don Octavio Guido Moya, quien nos acompañó con su afecto y su solidaridad durante muchos años. El 1 de diciembre de 2001, la Academia le otorgó la Medalla de Plata que reserva para sus amigos más dilectos, y el 21 de diciembre de 2002, el Diploma de los Cuarenta Años.

La presencia de Moya era frecuente en nuestra casa, adonde solía llegarse para visitarnos varias veces por año, cuando decidía abandonar su residencia cordobesa y tomarse algún descanso en Buenos Aires.

Fue muy buen poeta y también muy modesto, puesto que cuando compiló una antología de cien sonetistas lunfardos no se incluyó entre ellos (Cien sonetos lunfardescos, Buenos Aires, Academia Porteña del Lunfardo, 1993). A la valoración de su propia obra anteponía siempre la admiración de la obra ajena. Por ello recogió en otra antología muy singular un manojo de composiciones que tituló Tangos que yo quiero (Córdoba, Latinoamericana, 1993). Se trata de un centenar de letras que él recordaba verso por verso y entonaba en la intimidad con óptima afinación.

Dos comunicaciones académicas cursadas por Moya documentan su afecto y su interés por las actividades de nuestra institución. Son las que aportan informaciones sumamente útiles acerca del poeta cordobés Enrique Otero Pizarro y del escritor sanjuanino Luis J. Bates.

Moya no llevó al libro ninguno de sus propios poemas. Alguna vez alguien recuperará los versos con que modestamente, casi furtivamente, agasajó a sus amigos. De su correspondencia, rescatamos el siguiente.

HERMANO LUNFA


Veo duendes lunfardos por la sala:
Barcia, Yunque, Morínigo, Pagano,
y a Del Valle, que a todos nos regala
un broli celestial, minga de afano.

Gómez Bas, en su paz, nos mira ufano;
el Malevo Muñoz viste de gala,
y aquí nomás Julián dice: “El humano
es santo o pecador en toda escala”.

Otoño, primavera o el verano,
nos iremos en tour hasta Zapala
rumiando la verdad de aquel hermano.

Mas con fe, con amor, sin martingala,
ni el fule jarangón a contramano...
–Che, cordobés, pirate y acabala.

5 de septiembre de 2000



Buenos Aires, 31 de mayo de 2003

MARCELO HÉCTOR OLIVERI

Académico de Número

Titular del sillón “José González Castillo”


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