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que llenan el alma |
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¿Qué somos? BOMBAY, 31 DE ENERO DE 1982
SOBRE EL AMOR Y LA SOLEDAD.
Al conversar ustedes y yo sobre estas cuestiones, que son los problemas
de nuestra vida cotidiana, creo que debemos tener presente que estamos
investigando juntos; juntos emprendemos un viaje hacia temas más bien
complejos y, para investigar de este modo, tiene que haber una condición
de intensidad, una mente no atada a ninguna creencia o conclusión particular,
sino deseosa de llegar muy lejos, no en distancia de tiempo, sino en profundidad.
Vamos a averiguar juntos si es posible generar orden en nuestra vida diaria
de relación. Porque la relación es la sociedad. La relación entre ustedes
y yo, entre yo y otra persona, es la estructura de la sociedad. Lo estoy
planteando muy, muy sencillamente. Y cuando no hay orden en esa relación,
como no lo hay en la actualidad, entonces cualquier clase de acción ha
de ser, por fuerza, no sólo contradictoria, sino que ha de producir muchísimo
dolor, daño, confusión y conflicto. Por favor, no se limiten a dejarme
hablar, sino compartan esto conmigo, porque estamos haciendo un viaje
juntos, tal vez asidos de la mano, con afecto, con consideración. Si meramente
se sientan para que alguien les hable, o les ofrezca una conferencia,
entonces me temo que ustedes y yo no podremos viajar juntos, asidos de
la mano. Les ruego, pues, que observen sus propias mentes, su propia relación
-no importa con quién, con la esposa, con los hijos, el vecino o el gobierno-
y vean si en esa relación hay orden; porque el orden es necesario, la
precisión es necesaria. El orden es virtud, es realmente matemático, puro,
completo, y vamos a descubrir si existe un orden semejante. Nadie puede
vivir sin relación. Uno podrá retirarse a las montañas, convertirse en
monje, en sanyasi, marcharse completamente solo al desierto, pero está
relacionado. No puede escapar de ese hecho absoluto. No puede existir
en aislamiento. Su mente podrá pensar que existe en el aislamiento o podrá
producir un estado interno de aislamiento pero, aun en ese aislamiento,
uno está relacionado. La vida es relación, el vivir es relación. No podemos
vivir si ustedes y yo hemos construido un muro alrededor de nosotros y
sólo ocasionalmente atisbamos por encima de ese muro. De manera inconsciente,
profunda, por debajo del muro, estamos relacionados. No creo que hayamos
prestado una gran atención a este problema. Nuestros libros no hablan
acerca de la relación; hablan acerca de Dios, de prácticas y métodos,
de cómo respirar, de no hacer esto o aquello, pero, según me han dicho,
jamás mencionan la relación. La relación implica responsabilidad, tal
como la implica la libertad. Estar relacionado es vivir; eso es la vida,
eso es la existencia. Y si en esa relación hay desorden, toda nuestra
sociedad, toda nuestra cultura se desmoronan, como está sucediendo hoy
en día. Entonces, ¿qué es el orden, qué es la libertad y qué es la relación?
¿Qué es el desorden? Porque cuando la mente comprenda de verdad, profundamente,
internamente, qué es lo que genera desorden, entonces, desde ese discernimiento,
desde esa percepción alerta, desde esa observación surgirá naturalmente
el orden. Esto no es un anteproyecto de lo que el orden debería ser; así
es como hemos sido educados: a base de una norma establecida por las religiones,
por las culturas, acerca de lo que debe ser el orden, o de lo que es el
orden. La mente ha tratado de amoldarse a ese orden, ya sea un orden cultural,
un orden social, legal o religioso; ha tratado de amoldarse al patrón
establecido por la actividad social, por ciertos líderes, instructores.
Para mí, eso no es orden, porque implica amoldamiento; y donde existe
el amoldamiento hay desorden. Donde existe la aceptación de la autoridad
hay desorden. Donde la vida es comparativa, o sea, donde uno se mide en
relación con alguien, donde se compara con alguien, hay desorden. Les
mostraré por qué. ¿Por qué se amolda nuestra mente? ¿Se lo han preguntado
alguna vez? ¿Se dan cuenta ustedes de que se amoldan a un patrón? No importa
de qué patrón se trate, si es uno que han establecido por sí mismos o
si es un patrón establecido para ustedes. ¿Por qué siempre nos estamos
amoldando? Donde hay amoldamiento no puede haber libertad, es obvio. Sin
embargo, la mente está buscando siempre libertad; cuanto más inteligente
es, cuanto más alerta y perceptiva, mayor es su exigencia de libertad.
La mente se amolda, imita, porque en el amoldamiento, en el seguimiento
de un patrón, hay más seguridad. Este es un hecho evidente. Hacemos socialmente
toda clase de cosas porque es mejor amoldarse. Uno puede haber sido educado
en el extranjero, puede ser un gran científico, un gran político, pero
siempre existe un temor oculto de que si no va a los templos o no hace
las cosas comunes que le han dicho que debe hacer, algo malo podría ocurrirle;
por consiguiente, se amolda. ¿Qué le ocurre a la mente que se amolda?
Investíguenlo, por favor. ¿Qué le ocurre a la mente de ustedes cuando
se amolda? Ante todo, hay una negación total de la libertad, una negación
total de la percepción, una negación total de la investigación independiente.
Cuando uno se amolda hay temor, ¿verdad? Desde la infancia, la mente ha
sido adiestrada para imitar, para ajustarse al patrón establecido por
la sociedad: aprobar exámenes, lograr un título, si somos afortunados,
conseguir un empleo, casamos y se terminó. Aceptamos ese patrón y tenemos
miedo de no seguirlo. Así, pues, internamente negamos la libertad, internamente
estamos atemorizados, sentimos de algún modo que no estamos libres para
descubrir, investigar, explorar. Y eso produce desorden en nuestras relaciones.
Ustedes y yo estamos tratando de investigar esto realmente a fondo, de
tener un verdadero discernimiento al respecto, de ver la verdad de ello;
y es esta percepción de la verdad la que libera a la mente, no alguna
práctica, no la actividad de la investigación, sino la real percepción
de "lo que es". Nosotros generamos desorden en la relación, tanto interna
como externamente, a causa del temor, del amoldamiento, de la medida,
la cual es comparación. Nuestra relación se halla en desorden, no sólo
la que tenemos el uno con el otro, por íntima que sea, sino también externamente.
Si vemos con claridad ese desorden, no allí fuera sino aquí dentro, profundamente
en nosotros mismos, si vemos todas las implicaciones de ello, entonces,
desde esa percepción adviene el orden. Entonces no tenemos que vivir conforme
a un orden impuesto. El orden no se basa en un patrón, en un anteproyecto;
surge de la comprensión acerca de lo que es el desorden. Cuanto más comprendemos
el desorden en la relación, mayor es el orden. Tenemos que descubrir,
pues, qué es nuestra relación mutua. ¿Qué es nuestra relación con otro?
¿Tenemos relación alguna? ¿O nuestra relación es con el pasado? El pasado,
con sus imágenes, su experiencia, su conocimiento, da origen a lo que
llamamos relación. Pero el conocimiento en la relación causa desorden.
Digamos que yo estoy relacionado con usted. Soy su hijo, su padre, su
esposa, su marido. Hemos vivido juntos; usted me ha lastimado y yo le
he lastimado. Usted me ha regañado, me ha intimidado, me ha golpeado,
ha dicho cosas duras a mis espaldas y me las ha dicho cara a cara. Así,
pues, he vivido con ustedes durante diez años o durante dos días, y estos
recuerdos permanecen: las ofensas, las irritaciones, los placeres sexuales,
los enojos, las palabras brutales y demás. Esas cosas están registradas
en las células del cerebro que contienen la memoria. De modo que mi relación
con usted se basa en el pasado. El pasado es mi vida. Si usted lo ha observado,
habrá visto cómo la mente, la vida que usted lleva, las actividades que
desarrolla, están arraigadas en el pasado. La relación arraigada en el
pasado tiene que crear desorden. O sea, el conocimiento en la relación
genera desorden. Si usted me ha ofendido, yo recuerdo eso; usted me ofendió
ayer, o hace una semana, y eso permanece en mi mente, es el conocimiento
que yo tengo de usted. Este conocimiento impide la relación; este conocimiento
engendra desorden en la relación. De manera que la pregunta es: Cuando
usted me ofende, cuando me halaga, cuando me difama, ¿puede la mente borrar
eso en el instante mismo, sin registrarlo? ¿Han intentado hacer esto?
¡Qué bella está la luna contemplándonos a través de las hojas, ¿verdad?,
y el grito de aquellos cuervos, y la luz del atardecer! Esa luna extraordinaria
entre las hojas es algo prodigioso. Mírenla, disfrútenla. Nota del Editor-.
Las pláticas públicas en Madrás se ofrecían al aire libre por las tardes,
cuando hacía más fresco. Supongamos que ayer alguien me dijo cosas bastante
crueles, que no son ciertas. Lo que esa persona dijo se registra, y la
mente identifica a la persona con ese registro y actúa conforme a ese
registro. Donde la mente actúa en la relación, con el conocimiento de
ese insulto, de las palabras crueles, de esa cosa falsa, entonces ese
conocimiento en la relación genera desorden. ¿Correcto? Ahora bien, ¿cómo
hará la mente para no registrar en el instante del insulto, o en el instante
del halago? Porque para mí la cosa más importante en la vida es la relación.
Sin relación tiene que haber desorden. Una mente que vive en orden, en
orden total -que es la forma más elevada del orden matemático-, no puede
ni por un solo momento permitir que la cubra la sombra del desorden. Y
ese desorden surge a la existencia cuando la mente actúa en la relación
a base del conocimiento pasado. ¿Cómo ha de hacer, entonces, para no registrar
el insulto, sabiendo, no obstante, que el insulto ha sido proferido? Y
lo mismo para el halago. ¿Puede saber que ha existido el insulto, o el
halago y, sin embargo, no registrarlos, de modo que la mente sea siempre
limpia, sana, íntegra en la relación? ¿Les interesa esto? Si les interesa
de verdad, éste es el mayor problema que tienen en la vida: cómo vivir
una vida en relación, una vida en la cual la mente jamás haya sido lastimada,
jamás haya sido deformada. Y bien, ¿es esto posible? Hemos planteado una
pregunta imposible. Es una pregunta imposible y debemos encontrar la respuesta
imposible. Porque lo que es posible es mediocre, ya está acabado, agotado;
pero si uno formula la pregunta imposible, la mente tiene que encontrar
la respuesta. ¿Puede hacerlo? Esto es amor. La mente que no registra ni
el insulto ni el halago, sabe lo que es el amor. ¿Puede la mente no registrar
nunca, nunca, absolutamente nunca, el insulto o el halago? ¿Es eso posible?
Si la mente puede encontrar la respuesta a eso, uno ha resuelto el problema
de la relación. Vivimos en relación. La relación no es una abstracción,
es un hecho cotidiano, un hecho de todos los días. Sea que uno vaya a
la oficina, que regrese y duerma con su mujer, o que riña con ella, está
siempre en relación. Y si no hay orden en esa relación entre uno y otro,
o entre uno y muchos, crearemos una cultura que finalmente producirá desorden,
tal como está ocurriendo ahora. Por lo tanto, el orden es absolutamente
esencial. Para descubrir ese orden, ¿puede la mente, aunque haya sido
insultada, ofendida, maltratada, aunque se le -hayan dicho cosas brutales,
puede no retener todo eso jamás, ni por un segundo? En el momento en que
uno lo retiene, eso ya se ha registrado, ha dejado una huella en las células
del cerebro. Vean la dificultad de esta pregunta. ¿Puede la mente hacer
esto, de modo tal que permanezca por completo inocente? Una mente en estado
de inocencia implica una mente incapaz de ser lastimada. Debido a que
es incapaz de ser lastimada, no lastimará a otro. Entonces, ¿es esto posible?
Se lanzan sobre la mente toda clase de influencias, todo tipo de agravios,
de suspicacias. ¿Puede la mente no registrar jamás y, por lo tanto, permanecer
siendo muy inocente, muy clara? Vamos a averiguarlo juntos. Llegaremos
a ello preguntándonos qué es el amor. El amor, ¿es el producto del pensamiento?
¿Se encuentra el amor en el campo del tiempo? ¿Es placer el amor? ¿Es
algo que puede ser cultivado, practicado? Al investigar esto, uno tiene
que examinar la pregunta: ¿Es placer el amor, placer sexual o cualquier
otra clase de placer? Nuestra mente está persiguiendo el placer todo el
tiempo: ayer tuve una buena comida, el placer de esa comida está registrado
y deseo más mañana, una comida mejor o la misma clase de comida. He experimentado
un gran deleite con la puesta del sol, o contemplando la luna entre las
hojas, o viendo una ola a lo lejos en el mar. Esa belleza provoca un gran
deleite, y eso es un gran placer. La mente lo registra y desea que se
repita. El pensamiento piensa en el sexo, piensa, rumia al respecto, quiere
que eso se repita; y a eso ustedes lo llaman amor. ¿De acuerdo? No sientan
vergüenza cuando hablamos del sexo, forma parte de la vida de ustedes.
Lo han convertido en algo horrible porque han negado toda clase de libertad
excepto esa única libertad: la del sexo. Entonces, ¿es placer el amor?
¿Es producto del pensamiento, tal como el placer es producto del pensamiento?
¿Es envidia el amor? ¿Puede amar alguien que es envidioso, codicioso,
ambicioso, violento, alguien que se amolda, que obedece, que vive en total
desorden? Entonces, ¿qué es el amor? No es ninguna de estas cosas, obviamente.
No es placer. Les ruego que comprendan la importancia del placer. El placer
es alimentado por el pensamiento; en consecuencia, el pensamiento no es
amor. El pensamiento no puede cultivar el amor. Puede cultivar y de hecho
cultiva la persecución del placer, tal como lo hace con el temor, pero
el pensamiento no puede crear amor, no puede producirlo. Vean la verdad
de ellos. Véanla y desecharán por completo su ambición, su codicia. Así,
pues, mediante la negación llegan ustedes a eso que es lo más extraordinario
y positivo, llegan a esa cosa llamada amor. El desorden en la relación
significa que no hay amor, y ese desorden existe cuando hay amoldamiento.
Por lo tanto, una mente que se amolda a un patrón de placer, o a lo que
ella piensa que es amor, jamás puede saber qué es el amor. Una mente que
ha comprendido hasta su completa sazón el desorden, da con un orden que
es virtud y que, en consecuencia, es amor. Ésta es la vida de ustedes,
no es mi vida. Si no viven de este modo, serán sumamente desdichados,
estarán atrapados en él desorden social y serán arrastrados para siempre
en esa corriente. Sólo el hombre que sale de la corriente sabe lo que
es el amor, lo que es el orden.
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