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¿Qué somos?

BOMBAY, 31 DE ENERO DE 1982

Aparte de un nombre, de una forma, de una probable cuenta bancaria si somos afortunados, quizá de una destreza, aparte de todo eso, ¿qué somos? ¿No estamos sufriendo? ¿O el sufrimiento no existe en la vida de ustedes? ¿Hay temor? ¿Hay ansiedad, codicia, envidia? ¿Adoramos alguna imagen creada por el pensamiento? Temerosos de la muerte, ¿nos aferramos a algún concepto? ¿No estamos en contradicción, diciendo una cosa y haciendo otra? Somos todo eso. Nuestros hábitos, nuestras insensateces, la cháchara interminable que tiene lugar en la mente, todo eso es lo que somos. El contenido de la conciencia compone la conciencia, y esa conciencia ha estado evolucionando a través del tiempo, pasando por experiencias tremendas, angustias, dolor. ¿Puede uno estar libre de todo eso, libre de todo sentido de miedo? Porque donde hay miedo no hay amor. La sensibilidad no puede existir si todo el tiempo se desarrolla una actividad egocéntrica, y sin esa sensibilidad no hay amor. Y no hay amor cuando no hay belleza. La belleza sólo existe en el florecimiento de la bondad. Consideremos lo que es la belleza; no la belleza de la forma, que también es agradable, la belleza de un árbol hermoso, la belleza de un campo verde, la belleza de una montaña y su majestad contra el cielo azul, la belleza de una puesta de sol, la belleza de una flor solitaria que crece a través del pavimento... No estamos siendo románticos o emocionales. Estamos investigando juntos qué es la belleza. ¿Tienen ustedes ese sentido de la belleza en sus vidas, o éstas son mediocres, vacías, una lucha interminable de la mañana a la noche? ¿Qué es la belleza? No es una cuestión sensual, ni una cuestión de sexo. Es algo muy serio, porque sin belleza en nuestro corazón no podemos florecer en la bondad. ¿Alguna vez han contemplado una montaña o el mar azul, sin charlar, sin hacer ruido? ¿Han prestado realmente atención al mar azul, a la belleza del agua, a la belleza de la luz que cae sobre una extensión del mar? Cuando ven lo extraordinariamente bella que es la tierra, con sus ríos, lagos y montañas, ¿qué es lo que realmente ocurre? ¿Qué ocurre cuando contemplan algo maravillosamente bello: una estatua, un poema, un lirio en el estanque, un césped bien cuidado, una montaña? En este momento, la majestad misma de la montaña hace que nos olvidemos de nosotros mismos. ¿Alguna vez han estado en esta situación? Si es así, habrán visto que entonces uno no existe, que sólo existe esa magnificencia. Pero pocos segundos después o un minuto después, comienza todo el ciclo, la confusión, el parloteo. De modo que la belleza es cuando "uno" no está. Si no ven esto, es una tragedia. La verdad es donde "uno" no está. La belleza es, el amor es, cuando "uno" no está ahí. Nosotros no somos capaces de mirar esta cosa extraordinaria llamada verdad. ¿Podrán los seres humanos terminar alguna vez con el sufrimiento, no sólo con el sufrimiento personal, sino con el sufrimiento de la humanidad? Piensen en todos los hombres y mujeres que han sido mutilados, heridos en un millar de guerras. Hay dolor en el mundo, un dolor global, y también está nuestro propio dolor; no son dos dolores separados. Por favor, véanlo. Yo puedo sufrir porque mi hijo ha muerto. También soy consciente de que ha muerto la mujer de mi prójimo. Es lo mismo en todo el mundo. Ha sido así durante milenios, y jamás hemos sido capaces de resolver este dolor. Podemos escapar de él, podemos practicar rituales, ceremoniales, podemos inventar toda clase de teorías, decir que es nuestro karma, que el dolor proviene del pasado, pero el sufrimiento está ahí, no sólo nuestro sufrimiento particular, sino el de toda la humanidad. ¿Puede ese sufrimiento terminar alguna vez, o es una condición de la humanidad que el sufrimiento deba continuar desde épocas inmemoriales hasta el fin de los tiempos? Si ustedes aceptan que ésa es la condición -y espero que no lo hagan-, entonces continuarán sufriendo interminablemente. Pero si no aceptan eso. ¿en qué situación están? ¿Emplearán tiempo para terminar con ese sufrimiento? Uno es el pasado, el presente y el futuro. Es eso. Uno es el amo del tiempo y puede acortarlo o alargarlo. Si uno es violento y dice: "llegaré a ser no violento", eso está prolongando el tiempo. Durante ese intervalo de tiempo uno sigue siendo violento, y no hay final para esa clase de actividad. Si ustedes se dan cuenta de que son los amos del tiempo, ese tiempo está en sus manos, lo cual es un descubrimiento extraordinariamente importante; significa que se enfrentan al hecho de la violencia. No persiguen la no violencia, sino que observan y afrontan el hecho de la violencia, y en esa observación no interviene el tiempo en absoluto, porque en esa observación no existen ni el observador ni toda la acumulación del pasado; sólo hay observación pura. Ahí no existe el tiempo. ¿Están haciendo esto, ustedes? Mientras uno habla al respecto, ¿ven realmente la verdad de ello y, por ende, actúan? Supongamos que tengo un determinado hábito, físico o psicológico; ¿puede el hábito terminar inmediatamente? ¿O tomará tiempo terminar con un hábito? Digamos que fuman; ¿pueden terminar en seguida con ese hábito? El ansia del cuerpo por la nicotina es diferente de la percepción de que uno es el amo del tiempo. Uno puede acortar el tiempo; por consiguiente, esa percepción no es una decisión de no fumar. Vean, sólo cuando terminamos con el dolor hay pasión. La pasión no es lujuria. La lujuria es sensual, sexual, está llena de deseo, imágenes, persecuciones del placer, etc. La pasión no contiene nada de eso. Uno debe tener pasión para crear -no bebés-, para dar origen á un mundo diferente con seres humanos diferentes en el mundo, para cambiar la sociedad en que vivimos. Sin esa tremenda pasión, uno se vuelve mediocre, blando, confuso; pierde integridad. Mi hijo ha muerto y yo sufro. Derramo lágrimas. Voy a todos los templos del mundo. He depositado toda mi esperanza en este hijo y él ha muerto. Y yo alimento un anhelo de que vivirá en otra parte y de que lo encontraré en la próxima vida, o en el lugar que fuere. Estamos siempre jugando con eso. El sufrimiento es muy doloroso. Lágrimas, el consuelo de otras personas y mi propia búsqueda de consuelo para alejarme de este dolor, no resuelven el dolor, el sentimiento tremendo de soledad. ¿Puedo, entonces, mirarlo, permanecer con él sin ningún tipo de escape, sin ninguna clase de explicación racional para la muerte de mi hijo? Sin buscar la reencarnación o alguna otra cosa, ¿puedo permanecer completamente, totalmente, con este profundo sentimiento de dolor? ¿Qué ocurre, entonces? Espero que estén haciendo esto con quien les habla. No se limiten a escucharle. No se les está diciendo lo que deben hacer. Esto no es un juego intelectual, es nuestra vida, nuestra existencia cotidiana. La persona que aman puede dejarles, y hay celos, ansiedad, odio. Ésta es nuestra vida y sufrimos. Si mi hijo ha muerto no puedo tolerar la idea de que se ha ido. ¿Puedo, sin ningún sentimiento, sin ninguna emoción, permanecer con ese dolor, el dolor de la soledad? Casi todos conocemos la soledad, esa soledad que existe cuando estamos completamente aislados de toda relación. De pronto nos encontramos en medio de una multitud, pero nos sentimos totalmente solos. Forma parte del dolor encontrar un estado semejante. Cuando mi hijo muere me siento solo. ¿Puedo mirar, observar esa soledad sin que acudan recuerdos del pasado, puedo observarla sin el observador? Hablaremos acerca de eso. Cuando uno está furioso, en ese instante de furia, que es una reacción, no existen ni el observador ni lo observado. ¿Lo han advertido? Sólo existe esa reacción que llamamos furia. Pocos minutos o pocos segundos después, el observador dice: «he estado furioso». Pero el observador es lo observado. La furia no es diferente de mí; yo soy la furia. Soy la codicia, soy el miedo, soy todo eso. Pero el pensamiento dice: «debo controlar, debo escapar del miedo», y así el pensamiento crea al observador como algo diferente de lo observado, y en ese estado hay conflicto, mientras que, de hecho, el observador es lo observado. La furia soy yo, la furia no es diferente de mí mismo. De igual manera, cuando he perdido a mi hijo permanezco en ese estado, observando sin ningún movimiento del pensar, o sea, prestando atención total a esa cosa llamada dolor, a esa cosa llamada soledad, la cual produce semejante desesperación, semejante actividad neurótica. ¿Puedo permanecer con esa sensación de intenso dolor, de pesar, de conmoción profunda, sin un solo movimiento, sin vestigio alguno del pensar? Eso implica concederle atención completa. Y no puedo concederle atención completa si estoy tratando de escapar de ello; eso es un desperdicio de energía, mientras que si le concedo mi atención total, toda la energía se concentra en un punto al que llamo sufrimiento. Cuando uno hace eso, comprendo todo el significado, la profundidad y la belleza de un hecho tan extraordinario. Y entonces el sufrimiento llega a su fin. Cuando termina el sufrimiento hay pasión. Y, con el fin del sufrimiento, hay amor. ¿Qué es el amor? ¿Se lo han preguntado alguna vez? ¿Han preguntado alguna vez a sus esposas, a sus maridos, qué es el amor? ¡No se atreven! ¿Se han preguntado si aman a alguien? ¿Saben lo que eso significa? ¿Es deseo el amor? ¿Es placer, es apego? Por favor, consideren todo esto. ¿Es celos el amor? ¿O el amor ha terminado por convertirse en un acto sexual? Vamos a ver juntos cuál es la calidad de una mente o un cerebro que ama. ¿Aman ustedes a sus hijos o consideran que es su deber sentirse responsables por ellos? ¿Alguna vez se han puesto a pensar si aman a sus hijos? Ustedes dirán: "¡por supuesto!", pero preguntamos esto muy seriamente. Si amaran a sus hijos, ¿querrían que ellos fueran lo que son ustedes? ¿Quieren que ellos sigan el oficio de ustedes, el negocio de ustedes? Si soy un industrial, ¿quiero que mi hijo sea un industrial? ¿O me interesa que crezca en la bondad, que florezca en la belleza? ¿O lo estoy preparando para la guerra, para que mate y le maten? ¿Es amor eso? Sé que ustedes dirán: «No podemos evitar ser lo que somos. No podemos ayudar a nuestros hijos, los enviamos a la escuela y eso es todo cuanto podemos hacer». Lo único que ustedes desean es que ellos se casen, que se establezcan -como ustedes se han establecido- en la mediocridad, con falta de integridad, diciendo una cosa y haciendo otra, yendo al templo y siendo excelentes abogados. Eso es una contradicción. ¿Quieren que sus hijos sean así? Si les amaran, ¿harían esto? ¿Existe el amor en alguna parte del mundo? El amor, ¿es celos, es apego? Si estoy apegado a mi esposa, ¡qué tragedia es todo eso!, ¿verdad? ¿Cuáles son las implicaciones de ese apego? ¿Acaso es amor? Si estoy apegado a ella, dependo de ella, tanto física como psicológicamente; ella me ayuda, yo la ayudo. Temo que ella pueda abandonarme. Estoy ansioso de que no me abandone. Ella no debe mirar a otro hombre, debe permanecerme fiel. Yo debo poseerla, dominarla. Y ella desea ser poseída, dominada. ¿Es amor eso que contiene miedo, celos, odio, antagonismo? ¿Es amor todo eso? Rechazar, negar todo lo que es amor, es amor. De modo que negamos completamente los celos, el apego, negamos toda forma de afán posesivo. De esa negación total surge el amor. A través de la negación, uno llega a lo positivo. Y lo más positivo es el amor. Una de las cosas extrañas relacionadas con el amor es que cualquier cosa que podamos hacer, será correcta si amamos. Cuando hay amor, la acción es siempre correcta, en todas las circunstancias. Y cuando existe esa calidad del amor, hay compasión. La compasión implica pasión por todo. Ni la compasión ni el amor pueden existir si pertenecemos a alguna secta, a algún grupo o a alguna religión organizada. La compasión sólo adviene cuando nos liberamos de todo eso. Y esa compasión tiene su propia inteligencia extraordinaria, ilimitada. Cuando hay amor, hay belleza. El amor y la compasión con su inteligencia son la verdad infinita y eterna. No hay sendero alguno que conduzca hacia esa verdad, ni el karma yoga ni el bhakti yoga ni ninguna de esas cosas. Sólo cuando existe ese inmenso sentido de compasión que adviene con la terminación del dolor, sólo entonces, "lo que es", es la verdad.
J Krishnamurti

 


SOBRE EL AMOR Y LA SOLEDAD.
MADRAS, 16 DE DICIEMBRE DE 1972

Al conversar ustedes y yo sobre estas cuestiones, que son los problemas de nuestra vida cotidiana, creo que debemos tener presente que estamos investigando juntos; juntos emprendemos un viaje hacia temas más bien complejos y, para investigar de este modo, tiene que haber una condición de intensidad, una mente no atada a ninguna creencia o conclusión particular, sino deseosa de llegar muy lejos, no en distancia de tiempo, sino en profundidad. Vamos a averiguar juntos si es posible generar orden en nuestra vida diaria de relación. Porque la relación es la sociedad. La relación entre ustedes y yo, entre yo y otra persona, es la estructura de la sociedad. Lo estoy planteando muy, muy sencillamente. Y cuando no hay orden en esa relación, como no lo hay en la actualidad, entonces cualquier clase de acción ha de ser, por fuerza, no sólo contradictoria, sino que ha de producir muchísimo dolor, daño, confusión y conflicto. Por favor, no se limiten a dejarme hablar, sino compartan esto conmigo, porque estamos haciendo un viaje juntos, tal vez asidos de la mano, con afecto, con consideración. Si meramente se sientan para que alguien les hable, o les ofrezca una conferencia, entonces me temo que ustedes y yo no podremos viajar juntos, asidos de la mano. Les ruego, pues, que observen sus propias mentes, su propia relación -no importa con quién, con la esposa, con los hijos, el vecino o el gobierno- y vean si en esa relación hay orden; porque el orden es necesario, la precisión es necesaria. El orden es virtud, es realmente matemático, puro, completo, y vamos a descubrir si existe un orden semejante. Nadie puede vivir sin relación. Uno podrá retirarse a las montañas, convertirse en monje, en sanyasi, marcharse completamente solo al desierto, pero está relacionado. No puede escapar de ese hecho absoluto. No puede existir en aislamiento. Su mente podrá pensar que existe en el aislamiento o podrá producir un estado interno de aislamiento pero, aun en ese aislamiento, uno está relacionado. La vida es relación, el vivir es relación. No podemos vivir si ustedes y yo hemos construido un muro alrededor de nosotros y sólo ocasionalmente atisbamos por encima de ese muro. De manera inconsciente, profunda, por debajo del muro, estamos relacionados. No creo que hayamos prestado una gran atención a este problema. Nuestros libros no hablan acerca de la relación; hablan acerca de Dios, de prácticas y métodos, de cómo respirar, de no hacer esto o aquello, pero, según me han dicho, jamás mencionan la relación. La relación implica responsabilidad, tal como la implica la libertad. Estar relacionado es vivir; eso es la vida, eso es la existencia. Y si en esa relación hay desorden, toda nuestra sociedad, toda nuestra cultura se desmoronan, como está sucediendo hoy en día. Entonces, ¿qué es el orden, qué es la libertad y qué es la relación? ¿Qué es el desorden? Porque cuando la mente comprenda de verdad, profundamente, internamente, qué es lo que genera desorden, entonces, desde ese discernimiento, desde esa percepción alerta, desde esa observación surgirá naturalmente el orden. Esto no es un anteproyecto de lo que el orden debería ser; así es como hemos sido educados: a base de una norma establecida por las religiones, por las culturas, acerca de lo que debe ser el orden, o de lo que es el orden. La mente ha tratado de amoldarse a ese orden, ya sea un orden cultural, un orden social, legal o religioso; ha tratado de amoldarse al patrón establecido por la actividad social, por ciertos líderes, instructores. Para mí, eso no es orden, porque implica amoldamiento; y donde existe el amoldamiento hay desorden. Donde existe la aceptación de la autoridad hay desorden. Donde la vida es comparativa, o sea, donde uno se mide en relación con alguien, donde se compara con alguien, hay desorden. Les mostraré por qué. ¿Por qué se amolda nuestra mente? ¿Se lo han preguntado alguna vez? ¿Se dan cuenta ustedes de que se amoldan a un patrón? No importa de qué patrón se trate, si es uno que han establecido por sí mismos o si es un patrón establecido para ustedes. ¿Por qué siempre nos estamos amoldando? Donde hay amoldamiento no puede haber libertad, es obvio. Sin embargo, la mente está buscando siempre libertad; cuanto más inteligente es, cuanto más alerta y perceptiva, mayor es su exigencia de libertad. La mente se amolda, imita, porque en el amoldamiento, en el seguimiento de un patrón, hay más seguridad. Este es un hecho evidente. Hacemos socialmente toda clase de cosas porque es mejor amoldarse. Uno puede haber sido educado en el extranjero, puede ser un gran científico, un gran político, pero siempre existe un temor oculto de que si no va a los templos o no hace las cosas comunes que le han dicho que debe hacer, algo malo podría ocurrirle; por consiguiente, se amolda. ¿Qué le ocurre a la mente que se amolda? Investíguenlo, por favor. ¿Qué le ocurre a la mente de ustedes cuando se amolda? Ante todo, hay una negación total de la libertad, una negación total de la percepción, una negación total de la investigación independiente. Cuando uno se amolda hay temor, ¿verdad? Desde la infancia, la mente ha sido adiestrada para imitar, para ajustarse al patrón establecido por la sociedad: aprobar exámenes, lograr un título, si somos afortunados, conseguir un empleo, casamos y se terminó. Aceptamos ese patrón y tenemos miedo de no seguirlo. Así, pues, internamente negamos la libertad, internamente estamos atemorizados, sentimos de algún modo que no estamos libres para descubrir, investigar, explorar. Y eso produce desorden en nuestras relaciones. Ustedes y yo estamos tratando de investigar esto realmente a fondo, de tener un verdadero discernimiento al respecto, de ver la verdad de ello; y es esta percepción de la verdad la que libera a la mente, no alguna práctica, no la actividad de la investigación, sino la real percepción de "lo que es". Nosotros generamos desorden en la relación, tanto interna como externamente, a causa del temor, del amoldamiento, de la medida, la cual es comparación. Nuestra relación se halla en desorden, no sólo la que tenemos el uno con el otro, por íntima que sea, sino también externamente. Si vemos con claridad ese desorden, no allí fuera sino aquí dentro, profundamente en nosotros mismos, si vemos todas las implicaciones de ello, entonces, desde esa percepción adviene el orden. Entonces no tenemos que vivir conforme a un orden impuesto. El orden no se basa en un patrón, en un anteproyecto; surge de la comprensión acerca de lo que es el desorden. Cuanto más comprendemos el desorden en la relación, mayor es el orden. Tenemos que descubrir, pues, qué es nuestra relación mutua. ¿Qué es nuestra relación con otro? ¿Tenemos relación alguna? ¿O nuestra relación es con el pasado? El pasado, con sus imágenes, su experiencia, su conocimiento, da origen a lo que llamamos relación. Pero el conocimiento en la relación causa desorden. Digamos que yo estoy relacionado con usted. Soy su hijo, su padre, su esposa, su marido. Hemos vivido juntos; usted me ha lastimado y yo le he lastimado. Usted me ha regañado, me ha intimidado, me ha golpeado, ha dicho cosas duras a mis espaldas y me las ha dicho cara a cara. Así, pues, he vivido con ustedes durante diez años o durante dos días, y estos recuerdos permanecen: las ofensas, las irritaciones, los placeres sexuales, los enojos, las palabras brutales y demás. Esas cosas están registradas en las células del cerebro que contienen la memoria. De modo que mi relación con usted se basa en el pasado. El pasado es mi vida. Si usted lo ha observado, habrá visto cómo la mente, la vida que usted lleva, las actividades que desarrolla, están arraigadas en el pasado. La relación arraigada en el pasado tiene que crear desorden. O sea, el conocimiento en la relación genera desorden. Si usted me ha ofendido, yo recuerdo eso; usted me ofendió ayer, o hace una semana, y eso permanece en mi mente, es el conocimiento que yo tengo de usted. Este conocimiento impide la relación; este conocimiento engendra desorden en la relación. De manera que la pregunta es: Cuando usted me ofende, cuando me halaga, cuando me difama, ¿puede la mente borrar eso en el instante mismo, sin registrarlo? ¿Han intentado hacer esto? ¡Qué bella está la luna contemplándonos a través de las hojas, ¿verdad?, y el grito de aquellos cuervos, y la luz del atardecer! Esa luna extraordinaria entre las hojas es algo prodigioso. Mírenla, disfrútenla. Nota del Editor-. Las pláticas públicas en Madrás se ofrecían al aire libre por las tardes, cuando hacía más fresco. Supongamos que ayer alguien me dijo cosas bastante crueles, que no son ciertas. Lo que esa persona dijo se registra, y la mente identifica a la persona con ese registro y actúa conforme a ese registro. Donde la mente actúa en la relación, con el conocimiento de ese insulto, de las palabras crueles, de esa cosa falsa, entonces ese conocimiento en la relación genera desorden. ¿Correcto? Ahora bien, ¿cómo hará la mente para no registrar en el instante del insulto, o en el instante del halago? Porque para mí la cosa más importante en la vida es la relación. Sin relación tiene que haber desorden. Una mente que vive en orden, en orden total -que es la forma más elevada del orden matemático-, no puede ni por un solo momento permitir que la cubra la sombra del desorden. Y ese desorden surge a la existencia cuando la mente actúa en la relación a base del conocimiento pasado. ¿Cómo ha de hacer, entonces, para no registrar el insulto, sabiendo, no obstante, que el insulto ha sido proferido? Y lo mismo para el halago. ¿Puede saber que ha existido el insulto, o el halago y, sin embargo, no registrarlos, de modo que la mente sea siempre limpia, sana, íntegra en la relación? ¿Les interesa esto? Si les interesa de verdad, éste es el mayor problema que tienen en la vida: cómo vivir una vida en relación, una vida en la cual la mente jamás haya sido lastimada, jamás haya sido deformada. Y bien, ¿es esto posible? Hemos planteado una pregunta imposible. Es una pregunta imposible y debemos encontrar la respuesta imposible. Porque lo que es posible es mediocre, ya está acabado, agotado; pero si uno formula la pregunta imposible, la mente tiene que encontrar la respuesta. ¿Puede hacerlo? Esto es amor. La mente que no registra ni el insulto ni el halago, sabe lo que es el amor. ¿Puede la mente no registrar nunca, nunca, absolutamente nunca, el insulto o el halago? ¿Es eso posible? Si la mente puede encontrar la respuesta a eso, uno ha resuelto el problema de la relación. Vivimos en relación. La relación no es una abstracción, es un hecho cotidiano, un hecho de todos los días. Sea que uno vaya a la oficina, que regrese y duerma con su mujer, o que riña con ella, está siempre en relación. Y si no hay orden en esa relación entre uno y otro, o entre uno y muchos, crearemos una cultura que finalmente producirá desorden, tal como está ocurriendo ahora. Por lo tanto, el orden es absolutamente esencial. Para descubrir ese orden, ¿puede la mente, aunque haya sido insultada, ofendida, maltratada, aunque se le -hayan dicho cosas brutales, puede no retener todo eso jamás, ni por un segundo? En el momento en que uno lo retiene, eso ya se ha registrado, ha dejado una huella en las células del cerebro. Vean la dificultad de esta pregunta. ¿Puede la mente hacer esto, de modo tal que permanezca por completo inocente? Una mente en estado de inocencia implica una mente incapaz de ser lastimada. Debido a que es incapaz de ser lastimada, no lastimará a otro. Entonces, ¿es esto posible? Se lanzan sobre la mente toda clase de influencias, todo tipo de agravios, de suspicacias. ¿Puede la mente no registrar jamás y, por lo tanto, permanecer siendo muy inocente, muy clara? Vamos a averiguarlo juntos. Llegaremos a ello preguntándonos qué es el amor. El amor, ¿es el producto del pensamiento? ¿Se encuentra el amor en el campo del tiempo? ¿Es placer el amor? ¿Es algo que puede ser cultivado, practicado? Al investigar esto, uno tiene que examinar la pregunta: ¿Es placer el amor, placer sexual o cualquier otra clase de placer? Nuestra mente está persiguiendo el placer todo el tiempo: ayer tuve una buena comida, el placer de esa comida está registrado y deseo más mañana, una comida mejor o la misma clase de comida. He experimentado un gran deleite con la puesta del sol, o contemplando la luna entre las hojas, o viendo una ola a lo lejos en el mar. Esa belleza provoca un gran deleite, y eso es un gran placer. La mente lo registra y desea que se repita. El pensamiento piensa en el sexo, piensa, rumia al respecto, quiere que eso se repita; y a eso ustedes lo llaman amor. ¿De acuerdo? No sientan vergüenza cuando hablamos del sexo, forma parte de la vida de ustedes. Lo han convertido en algo horrible porque han negado toda clase de libertad excepto esa única libertad: la del sexo. Entonces, ¿es placer el amor? ¿Es producto del pensamiento, tal como el placer es producto del pensamiento? ¿Es envidia el amor? ¿Puede amar alguien que es envidioso, codicioso, ambicioso, violento, alguien que se amolda, que obedece, que vive en total desorden? Entonces, ¿qué es el amor? No es ninguna de estas cosas, obviamente. No es placer. Les ruego que comprendan la importancia del placer. El placer es alimentado por el pensamiento; en consecuencia, el pensamiento no es amor. El pensamiento no puede cultivar el amor. Puede cultivar y de hecho cultiva la persecución del placer, tal como lo hace con el temor, pero el pensamiento no puede crear amor, no puede producirlo. Vean la verdad de ellos. Véanla y desecharán por completo su ambición, su codicia. Así, pues, mediante la negación llegan ustedes a eso que es lo más extraordinario y positivo, llegan a esa cosa llamada amor. El desorden en la relación significa que no hay amor, y ese desorden existe cuando hay amoldamiento. Por lo tanto, una mente que se amolda a un patrón de placer, o a lo que ella piensa que es amor, jamás puede saber qué es el amor. Una mente que ha comprendido hasta su completa sazón el desorden, da con un orden que es virtud y que, en consecuencia, es amor. Ésta es la vida de ustedes, no es mi vida. Si no viven de este modo, serán sumamente desdichados, estarán atrapados en él desorden social y serán arrastrados para siempre en esa corriente. Sólo el hombre que sale de la corriente sabe lo que es el amor, lo que es el orden.

Jiddu Krishnamurti

 


 

 

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