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Jorge, estudiante
universitario de la VII Región, era un muchacho retraído, serio,
responsable y estudioso.
Ningún
hecho destacado había roto su tranquilo vivir. Jamás sufrió
problemas de tipo sicológico, tensionales o económicos. Su salud
era envidiable, ya que congeniaba muy bien estudio, deporte y vida
sana. En resumen, un muchacho sano holísticamente.
Si
hago este preámbulo es porque lo primero que podríamos aducir en
la historia que comienza sería inestabilidad emocional o
mitomanía por parte de Jorge. Ambas alternativas están
descartadas.
Un
fin de semana, luego de un período más o menos pesado de
actividad académica, el estudiante es invitado a una fiesta. No
era aficionado a ellas por su alto grado de responsabilidad
estudiantil, pero esta vez era final de semestre y salían prácticamente
a vacaciones. Agradeció la invitación, anotó la dirección y se
aprontó a pasar un rato agradable. Jamás pudo imaginar el tipo
de fiesta que le esperaba.
Llegó
la hora convenida y se integró de inmediato a su grupo de amigos,
compartiendo cantos, bailes y alegría general.
De
pronto su vista se encontró de frente con la de una hermosa
muchacha que habíala fijado en él. Sus claros ojos, su pelo
rubio y su tez extremadamente pálida, le daban un aire de
misterio y diáfana espiritualidad. Se sintió inmediatamente
atraído hacia la joven, acercándose a ella y presentándose
formalmente. Una débil y tímida voz le hizo saber que se llamaba
Clara. La atracción fue mutua e inmediata, ya que a partir de ese
instante Jorge dedicó todo su tiempo a ella. Era una verdadera
pluma para bailar, extremadamente silenciosa, en sus ojos
brillaba, una luz de agrado y felicidad. Jorge se sentía embelesado
y si bien el diálogo era casi monosilábico, la piel de su
mejilla pegada a la de ella en un suave y tierno "cheek to
cheek", colmaba su felicidad.
Desgraciadamente
el encanto fue fugaz, a la media hora Clara le indicaba al
muchacho que debía marcharse. Jorge siempre respetuoso de la
voluntad de los demás y más aún con una niña que identificaba
sus sueños, se ofreció gentilmente a llevarla a casa.
Salieron
de la fiesta, indicándole la muchacha la dirección a la cual
debía acompañarla. No quedaba lejos, de tal manera que se
decidieron a ir caminado.
La
noche estaba fría y la muchacha tuvo un leve estremecimiento pues
iba livianamente vestida, Jorge portaba un abrigo que puso sobre
sus hombros , caminando en silencio y tomados de la mano rumbo a
la casa de Clara. De pronto, la chica se detuvo. Mirando
profundamente a Jorge le pidió por favor que la dejara hasta
ahí:- ""esa que ves , allí es mi casa, déjame hasta
aquí" - insistió la chica. Hizo un ademán para devolverle
el abrigo, pero, Jorge insistió en que lo llevase puesto.
"Puedes
enfriarte en estos metros".
En
su fuero interno la idea del muchacho era tener un motivo para
volver a ver a la joven al venir a buscar su abrigo al día
siguiente.
-"Adiós
Jorge, que estés bien"-
"Hasta
otro momento, Clarita", respondió el universitario, tratando
de atraerla hacia él para besarla.. Clara rehuyo el beso,
escabulléndose intangiblemente rumbo a su casa.
Abrió
la puerta y se introdujo en su hogar.
Al
día siguiente, luego del desayuno, Jorge dirigió rápidamente
sus pasos hacia la casa de su amada.
Tocó
el timbre, se abrió la puerta e hizo su aparición una mujer
madura con rasgos familiares que recordaban las facciones de la
joven. Inmediatamente Jorge se presentó y pidió permiso
para hablar con Clara. El rostro amable de la mujer cambió de
expresión hacia la extrañeza, mirando incrédulo a Jorge.
-"Perdón,
¿con quién desea hablar Ud.?", preguntó amablemente.
El
joven contó a la mujer su vivencia de la noche anterior y
solicitó la devolución de su abrigo, pensando que Clara todavía
dormía.
La
dueña de casa, mirando a Jorge con profunda extrañeza y viendo
que era una persona de bien, le hizo pasar, le ofreció asiento y
una taza de café.
-"Ud
busca a Clara, ¿verdad? Veamos primero si nos equivocamos de
persona. ¿Se trata de esta chica?, preguntó presentándole una
foto al joven. Este asintió inmediatamente, pues se trataba efectivamente
de la niña con que había estado bailando la noche anterior.
-"Va
a ser muy fuerte lo que voy a decirle- reforzó la mujer- yo soy
la madre de Clara y tuve que lamentar su muerte hace seis
meses".
Jorge
sintió que se desmayaba, que la tierra se abría a sus pies.
Era
totalmente imposible lo que decía la mujer, él había conversado
y bailando con la muchacha, había caminado con ella rumbo a su
casa,.....
Una
cosa quedaba en claro, luego de mutuas explicaciones, ninguno de
los dos mentía. La madre insistía en su verdad y Jorge en la suya.
Se
despidieron amablemente, ambos con lágrimas en sus ojos,
desconcertados. Esa tarde el muchacho movido por la
incredulidad y tratando de buscar respuesta a lo imposible,
dirigió sus pasos camino al cementerio. La madre le comunicó que
Clara había sido enterrada en la ciudad. En la administración
averiguó la evacuación exacta y trató de ubicarse en
terreno. Avanzaba por una calle sabiendo que en la esquina debería doblar a la derecha ya que
la tumba de la muchacha quedaba sólo a unos metros del cruce. Al
llegar a el sintió que la sangre se le helaba en las venas. Sobre
una cruz de piedra que marcaba el lugar preciso donde su amada
descansaba el sueño de la muerte, yacía colgado su abrigo.
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