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Estreno: 05 de septiembre de 2002

Cerca del melodrama

"Construyendo la vida" ("Life as a House", EE.UU./2001). Dirección: Irwin Winkler. Con Kevin Kline, Kristin Scott Thomas, Hayden Cristensen y otros. Guión: Mark Andruss. Fotografía: Vilmos Zsigmond. Música: Mark Isham. Presentada por Distribution Company. Duración: 122 minutos. Calificación: sólo apta para mayores de 16 años.
Nuestra opinión: regular 

Autor: Adolfo C. Martínez

George, que habita en una destartalada finca de un barrio residencial, siempre vivió con la ilusión de construir una casa confortable enclavada en un acantilado a orillas del mar. Pero su profesión de arquitecto aferrado a perimidas ideas acerca de su trabajo y su hijo adolescente, que cada vez se distancia más de él y su esposa, restan cotidianamente la fe y lo separan de su familia y de sus amigos. 

George, sin embargo, no se rinde del todo pese a sus penurias, y con la ayuda de un dispar grupo de personas, que van desde la sexy hija de su vecina hasta los hijos del nuevo matrimonio de su ex mujer, comienza la esforzada tarea de levantar esa casa tan deseada, aunque ello le signifique restaurar su vida entera. 

Son muchos los escollos que este hombre deberá sortear para hacer realidad su acariciado sueño, para él uno de sus más caros sueños americanos. Una enfermedad terminal parece agotar sus reservas de esperanza, pero su fuerza anímica puede más que sus crisis de angustia y de desesperanza. 

Con un material que habla del coraje para perseguir con valentía el sueño de una vida, la historia apuesta a la sinceridad y al valor de las ilusiones. Como idea, el film no deja de tener el valor de la paciencia, pero el guión, por momentos moroso y reiterativo, se deja atrapar por un melodramatismo que deja de lado la oportunidad de capturar el comportamiento humano en su nivel más interesante. 

Emoción repetida

El realizador Irwin Winlker, con una trayectoria artística de indudable valía —vale recordar el Oscar que recibió por "Rocky"—, intenta desgranar en "Construyendo la vida" una anécdota cálida inmersa en un clima que refleja los esfuerzos de un hombre que apuesta sus últimas fichas a ese empeño de transformar su ilusión en realidad. 

Pero poco puede aportar el director frente a un guión que se apoya en tantos elementos lacrimógenos y en situaciones y diálogos que, por momentos, hacen poco creíble la angustia de su problematizado antihéroe. Así, de un planteamiento inicial que apunta al interés de la trama, la historia se vuelve repetitiva y va perdiendo la emoción que su guionista anunciaba en sus prolegómenos. 

A medio camino entre una rebuscada ternura y cierto aire melancólico, el film no logra alcanzar el signo poético que debería ser su apoyatura más atrapante.

Hay, sin embargo, en esta producción algunos aciertos que merecen destacarse. Y ellos se dan en el elenco, en el que tanto Kevin Kline, que se esfuerza por apoyar un personaje dispuesto a cumplir con la ilusión de su vida, como Kristin Scott Thomas, como la ex esposa comprensiva y Hayden Christensen, que aporta sinceridad a ese hijo que, por fin, comprende la esperanza de su padre agonizante. Los rubros técnicos —atractiva banda musical, impecable fotografía— son otros elementos que ayudan para que este film no caiga en demasía en ese eterno terreno del melodrama familiar a que es tan afecto el cine de Hollywood.