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El
Milagro Eucarístico de Lanciano (Italia )

Aproximadamente
en los años Setecientos de el
Señor, en esta iglesia en aquel entonces bajo el título de San
Legonziano de los monjes de San Basilio, dudó un monje sacerdote si en
la Hostia consagrada estuviese verdaderamente el Cuerpo de Nuestro Señor
y en el vino la Sangre. Celebró la misa y dichas las palabras de la
Consagración, vió la Hostia hacerse Carne y el Vino Sangre. Fueron
mostradas ambas cosas a los circunstantes y así a todo el pueblo”.Así
tomando un tradición antiquísima, recita la lápida datada 1636 y
murada al interno de la iglesia de El Milagro Eucaristico de Lanciano,
meta espiritual de miles de peregrinos.

La noticia del
Milagro, que según la tradición es más
antiguo de aquel análogo de Bolsena en seguida al cual , en el 1264 la
Iglesia instituyó la solemnidad religiosa del Corpus Domini, tuvo
rapidamente una vasta difusión, tanto que la pequeña iglesia del
altomedieval, de la cual recientes restauros han portado a la luz
algunos trazos de una cisterna en cemento, volviendose rapidamente una
poseción preciosa que de los Basilianos paso a las manos de los
Benedictinos de San Juan en Venere. De estos el complejo, en el 1252, fué
cedido a los Frailes Menores Conventuales, los cuales en el 1258
enalzaron en estilo románico-borgoñón, sobre la preexistente iglesita
un nuevo templo dedicado a San Francisco de Asís, seráfico Patriarca.
Las Reliquias, guardadas en un teca de marfil y plata, fueron colocadas
en un tabernáculo, a el lado derecho del altar mayor. En el siglo décimo
sesto, con el temor de atravesamientos turcos, las reliquias fueron
muradas en una pequeña capilla obscura de la cual resta un alto y
estrecho monolocal gótico. En el 1636 fueron custodiadas en un enrejado
cúbico de hierro forjado, obra de los artesanos locales, cerrada a su
vez por dos puertecitas de madera fijadas con cuatro llaves diferentes,
en la capilla Valseca, donde los religiosos celebraban cuotidianamente
la Santa Misa.
En consecuencia, el Sangre milagroso viene custodiado en un
gracioso cáliz de cristal y en el 1713 la Hostia milagrosa fué
encerrada dentro el radial de un artístico ostensorio de plata, obra de
artistas napolitanos. En el 1902, construido el monumento de mármol al
centro del presbiterio, las reliquias fueron colocadas dentro el tabernáculo
sobre el altar especialmente construido en mármoles preciosos. El
interior de la iglesia, hacia la mitad de el Setecientos, ha sido
transformado en barroco. La decoración con estucos y frescos en el ábside,
ha sido revisitada en los años 1956/58 por parte de el conocido pintor
franciscano padre Giovanni Lerario.
Las
Reliquias, hoy, consisten en cinco
gotas de sangre coagulado y una sutil membrana de carne circular. Las
primeras eran vino convertido en Sangre, la otra era la Hostia magna,
transformada en carne. El material milagroso, con el pasar de los siglos
ha sido sometido a continuas veríficaciones eclesiásticas y en el 1971
y 1981 ha sido sometido a un riguroso examen clínico en el laboratorio
del hospital de Arezzo por parte del dr. Odoardi Linolo. El examen istológico,
documentado por una serie de fotografías al microscopio, ha permitido
acertar que el Sangre y la Carne de el Milagro de Lanciano pertenecen a
la especie humana, tienen el grupo sanguíneo AB y no han sido nunca
tratados para la conservación, el tejido de la carne pertenece al corazón,
del cual son presentes los elementos constitutivos cuales el miocardio,
el endocardio, el nerviovago y parte del ventrículo izquierdo.

Una parte importante de los testimonios históricos es constituida por
las relaciones de los arzobispos a la Santa Sede. La iglesia oficial ha
siempre demostrado una actitud de respetuosa atención hacia la
Transmutación eucarística de Lanciano, sea disponiendo una serie de
solemnes Controles de las reliquias, sea concediendo al altar del
Milagro privilegios y particulares Indulgencias, resumidas en aquella
plenaria en perpetuo (dada por Leon XIII en el 1887) de lucrar en los
Siete dias que preceden el ultimo Domingo de Octubre, fecha de la anual
solemne fiesta liturgica.
El peregrinaje a las Santas Reliquias de Lanciano constituye para los
devotos que van un momento de intensa emoción religiosa y de profunda
reflexión sobre el misterio de la Fe y de la Eucaristía, compartido en
el 1974 por Juan Pablo II, entonces cardenal de Cracovia, que quizo
visitar la iglesia y orar de frente a el altar de el Milagro. El evento
es recordado en el registro de las presencias por esta frase, que el
ilustre visitante colocó con su pugno y letra, “Fac nos Tibi semper
magis credere, in Te spem abere, Te deligere” en la cual es expresa la
exhortación a creer, a amar y a esperar en la Eucaristía.
La atención que los padres Franciscanos ponen constantemente al ámbito
litúrgico y devocional, sin descuidar aquello documentario, ha
permitido montar en los locales anexos al Santuario un museo histórico
sobre el Milagro Eucarístico con la exposición de epístolas,
investigaciones, ex voto y atestiguamientos de fieles que en los siglos
han expresado la devoción al las Sacras Reliquias.
Para una exacta información sobre la dimensión que Lanciano atribuye
al Milagro Eucarístico ocurre sumar que la historia de la ciudad
ostenta un segundo prodigio en este ambito. Las crónicas, de hecho,
narran que en el 1273 padre Agostino de Merulis fué testigo, en la
iglesia de San Agostino, de un evento milagroso análogo a aquel
ocurrido en el siglo VIII. Estas reliquias son conservadas en Offida,
patria del religioso.
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