Segundo Premio

 Narrativa

Lazos de Sangre

 

Desde hacía casi un  año,  este pueblo era realmente un infierno. El terror inundaba los hogares y las calles. El olor a muerte, estaba en el aire. Todos podían percibir esa danza tan macabra que viciaba nuestras noches, en otros tiempos seguras e inocentes-  como en todo pueblo chico.

Cuatro mujeres habían sido encontradas asesinadas, de la forma más perversa,  en los baldíos de la Terminal- lugar donde yo trabajo desde hace más de quince  años. Nada se sabía. No había rastros, huellas ni testigos. Sólo se hablaba de un desconocido cuyo posible rostro mostraban los noticieros, pero nadie reconocía,  puesto que muy bien había disfrazado su verdadera identidad, bajo esa barba, bigotes y anteojos que me resultaban tan falsos....De todas formas, había algo en ese identikit.....esos ojos...

 Mi empleo en la Terminal, ya no era placentero:  mi turno, era el de la media noche, justo en esas horas, donde dicen que la noche, se adueña de nuestros miedos y el mal,... muestra sus garras.

Esa noche en particular, el  frío invernal demoraba mi salida más de lo habitual. Dudé en salir pero mis pies casi entumecidos desoyeron mi deseo. Me abrigué exageradamente: gorro, guantes, botas y el primer abrigo que encontré en el perchero. Tomé las llaves y me fui. La calle era una tumba. El silencio total intimidaba- Empecé a caminar hacia la Terminal con un paso normal que fui poco a poco aligerando por el efecto del frío. Sólo mi sombra me acompañaba. Sólo ella y mis pasos. Mis pasos rápidos, rítmicos, haciéndose notar sobre la escarcha de la vereda. Pasé por zaguanes y baldíos. Crucé calles y esquinas. De repente, una sombra ajena tomó vida de entre los árboles que bordean la antigua Escuela Normal y surgió como un gigante, un encapuchado. Pasé por su lado. Ni lo miré. Me apuré lo más que pude. El miedo comenzó a agolparse en mi pecho y la tensión me hizo temblar. Me costaba respirar. Me di vuelta y noté que el individuo me perseguía. Decidí correr, no esconderme. Ningún lugar parecía seguro.. Mi meta era escapar, desaparecer. En ese momento un millar de pensamientos violentos, macabros, aumentaron mi terror.¿sería el asesino? ¿estaría armado? Gritar hubiera sido en vano. Nadie acudiría.

Mientras corría pensando en todo esto, mis dedos nerviosos y casi congelados-ya no de frío si no de terror, - tocaron algo en el bolsillo del abrigo: la tijera–esa bendita tijera que usaba para marcar lo pasajes. Supe en ese momento que esa sería mi única posible salvación y agradecí a Dios el estar siempre ahí en las situaciones límites más desesperadas.

Dejé de correr y volví a caminar normalmente. Decidí enfrentar a mi perseguidor. Bloqueé mis miedos y confié en mi inesperada seguridad. Me volví lentamente y lo esperé concientemente,.....sonreí. Supe que era el miedo, disfrazado de coraje.

Cuando lo tuve frente a mì, reconocí ese rostro-ése cuyo identikit tantas veces había visto en televisión.:...y me vi a mi. En el apuro, el individuo había dejado caer la capucha y ahí también supe su verdad.....mi verdad.¡había visto ese rostro todos los días de mi vida. Nací con él, crecí con él. Era mi hermano mellizo, el tonto del pueblo-como lo llamaban- El retardado, sólo por un capricho de la naturaleza que quiso mezclar nuestros cromosomas y así nació,...   diferente. Mis padres –prisioneros de ese inexplicable prejuicio pueblerino, nunca lo asumieron y nunca lo presentaron en sociedad. Para los demás, él  era sólo el  cuidador de nuestra chacra, a unos diez kilómetros del pueblo.

Pero ahora, al verlo, él  no era mi hermano, sino un asesino . Sus ojos no mostraron el más mínimo dejo de piedad. Estaba fuera de sì,  como en un trance. No me reconoció y yo,......sentí lo mismo. Nuestros lazos de sangre, desaparecieron..

En el momento en que èl  bruscamente tomó mis brazos para hacer de mí su presa fácil, no dudé,.....actué. Tomé la tijera-esa bendita tijera y se la clavé, justo en frente de mis ojos,.....pero en los suyos. Cayó inmediatamente, gritando de dolor,  tratando de cubrir en vano el chorro de sangre que salía a borbotones. Tomé la tijera-empapada en esa –mi  misma sangre , pero tan perversa y me tranquilicé. Su ceguera le impedía levantarse. Aminoré mis pasos hacia el primer teléfono que encontré. Marqué el  911. En minutos, el despliegue policial convirtió a esa medianoche, en una de películas. Policías, periodistas y curiosos, se agruparon alrededor de mi hermano-mi victima,... el asesino.. Toqué la tijera, bien guardada en el bolsillo y decidí guardarla como el tesoro de mi hazaña, y seguí mi camino , en medio de la noche sintiendo  un extraño alivio, sin querer mirar atrás, para reconstruir la realidad  y ahí supe....que ahora YO , era el diferente.-

María S. Barbieri

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